Frases célebres de Herbert Spencer

Verificado Redactado por Bernardo Peña. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 30 abril 2021.

Herbert Spencer (1820-1903) fue un filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés. Sin duda, un polímata como los grandes genios de la Antigüedad Clásica, y una de las mayores autoridades intelectuales de la Europa del siglo XIX. Fue uno de las mayores defensores del evolucionismo, acuñando su famosa frase de «supervivencia del más apto», erróneamente atribuida a Darwin.

Frases célebres de Herbert Spencer

Educar es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas por otros.

Tiempo: lo que los hombres siempre tratan de matar, pero acaba por matarlos.

Fórmate tú en vez de esperar a que te formen y modelen.

Todo socialismo implica esclavitud.

Si es un deber el respetar los derechos de los demás, también lo es el defender los propios.

El progreso no es un accidente, es una necesidad, una parte de la naturaleza.

Todo hombre es libre de hacer lo que quiere, siempre que no infrinja la libertad de cualquier otro hombre.

La arquitectura, la escultura, la pintura, la música y la poesía pueden ser llamadas «las eflorescencias» de la vida civilizada.

El culto a los héroes es más fuerte allí donde es menor el respeto por la libertad humana.

Si es un deber respetar los derechos de los demás, es también un deber mantener los propios.

Si los hombres emplean su libertad de tal manera que renuncian a ésta, ¿puede considerárseles por ello menos esclavos? Si el pueblo elige por un plebiscito a un déspota para gobernarlo, ¿sigue siendo libre por el hecho de que el despotismo ha sido su propia obra?

A la cabeza clara, de rápida imaginación y oído sensible, deja pasar todos los preceptos retóricos innecesarios.

La función del liberalismo en el pasado era poner un límite a los poderes de los reyes. La función del verdadero liberalismo en el futuro será la de poner un límite al poder de los parlamentos.

La educación tiene por objeto la formación del carácter.

No se mide el amor por el número de caricias, sino por la frecuencia con que uno y otro se comprenden.

Más sobre Herbert Spencer

La propia existencia de mayorías y minorías es indicativa de un estado inmoral. Ya concluimos que el hombre cuyo carácter armoniza con la ley moral es aquel que puede obtener la total felicidad sin disminuir la felicidad de sus semejantes. Pero la promulgación de acuerdos por votación implica una sociedad compuesta por hombres con un carácter diferente; implica que los deseos de algunos no pueden satisfacerse sin sacrificar los deseos de otros; implica que, en la búsqueda de su felicidad, la mayoría inflige una cierta dosis de infelicidad a la minoría; implica, por tanto, inmoralidad orgánica. Así, desde otro punto de vista, volvemos a percibir que incluso en su forma más equitativa, para el gobierno es imposible disociarse del mal; y aún más, que aunque se reconozca el derecho a ignorar al Estado, sus actos deben ser criminales en esencia.

Cada placer crea raíces en la vida, cada dolor disminuye esas raíces.

La civilización es el progreso desde una homogeneidad indefinida e incoherente hacia una definida y coherente heterogeneidad.

Conserva la calma en las discusiones, porque el apasionamiento puede convertir el error en falta, y la verdad en descortesía.

La gran meta de la educación no es el conocimiento, sino la acción.

Limitar la libertad de cada uno a la libertad del otro, excluye de realizar acciones impropias, pero no excluye a otras más inadecuadas.

Nuestras vidas son generalmente acortadas por nuestra propia ignorancia.

En fin de cuentas, la opinión es determinada por el sentimiento y no por el entendimiento.

Cuando el Estado impone nuevas cargas a los ciudadanos, o cercena su libertad con nuevas restricciones, únicamente nos fijamos en los efectos directos y próximos, olvidando los indirectos y remotos que origina ese desconocimiento continuo de los derechos individuales. No vemos que por la acumulación de estas ligeras infracciones la existencia individual y social, menos completa cada vez, decaen inevitablemente.

Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego».

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