50 frases de David Hume

David Hume

David Hume (1711 – 1776) fue un filósofo, historiador, economista y ensayista escocés, conocido principalmente por su empirismo filosófico y su escepticismo. Es considerado como una de las figuras más importantes en la historia de la filosofía occidental y la Ilustración escocesa.

Tras escribir su Tratado de la naturaleza humana, Hume se esforzó por crear una “ciencia del hombre” naturalista que examinara las bases psicológicas de la naturaleza humana. En clara oposición a los racionalistas que lo precedieron, sobre todo a Descartes, llegó a la conclusión de que el deseo, más que la razón, gobernaba el comportamiento humano.



Disfruta de algunas de sus citas más famosas en esta inspiradora recopilación.

Citas célebres de David Hume

El más dulce e inofensivo camino de la vida conduce a través de las avenidas de la ciencia y del saber.

Todo el mundo se queja de su mala memoria; nadie de su poco entendimiento.

Ningún orden, ninguna posición permanece nunca inalterada ni un momento.

Nada es más libre que la imaginación humana.

El hombre es el mayor enemigo del hombre.

Sé filósofo… pero en medio de toda tu filosofía, sé hombre.

El trabajo y la pobreza, tan aborrecidos por todo el mundo, son el destino seguro de la gran mayoría.

Cada solución da pie a una nueva pregunta…

La razón es, y sólo debe ser, esclava de las pasiones.

Toda cualidad del espíritu que es útil o agradable a la propia persona o a otras, proporciona un placer al espectador, suscita su estimación y es admitida bajo la honrosa denominación de virtud o mérito.

Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.

Podemos cambiar el nombre de las cosas, pero su naturaleza y acción sobre la mente nunca cambian.

El hombre es un ser racional y continuamente está en busca de la felicidad que espera alcanzar mediante la gratificación de alguna pasión o sentimiento. Rara vez actúa, habla o piensa sin una finalidad o intención.

David Hume

Barbarie y arbitrariedad: tales son los atributos, aunque se los disimule con otros nombres, que constituyen, según podemos ver en todas partes, el carácter dominante de la Deidad para las religiones populares.

La costumbre es, pues, gran guía de la vida humana.

Nada resulta más sorprendente para el que examina los asuntos humanos con mirada filosófica que la facilidad con que la mayoría es gobernada por la minoría.

La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla.

Aunque no hubiera azar en este mundo, nuestra ignorancia de la causa real de un suceso tendría la misma influencia sobre el entendimiento y engendraría un tipo de creencia u opinión similar.

Nuestra vida es demasiado corta para sondear abismos tan profundos.

La naturaleza mantendrá siempre sus derechos y, finalmente, prevalecerá sobre cualquier razonamiento abstracto.

En general hay un grado de duda, de cautela y modestia que, en toda clase de investigaciones, debe acompañar siempre al razonador cabal.

Cuando das un paso más allá del sistema del mundo, lo único que haces es excitar un humor inquisitivo que no es posible satisfacer jamás.

Es evidente que hay un principio de conexión entre los distintos pensamientos o ideas de la mente y que, al presentarse a la memoria o a la imaginación, unos introducen a otros con un cierto grado de orden y regularidad.

El razonar riguroso y preciso es el único remedio universal válido para todas las personas y disposiciones.

La función propia de la religión es regular el corazón de los hombres, humanizar su conducta, infundir el espíritu de templanza, orden y obediencia.

Debo reconocer que un hombre que concluye que un argumento no tiene realidad, porque se le ha escapado a su investigación, es culpable de imperdonable arrogancia.

Si juzgamos por nuestra experiencia limitada e imperfecta, la generación tiene algunas ventajas sobre la razón; porque todos los días vemos a la última provenir de la primera, pero nunca a la primera de la última.

En pocas palabras, si no partiésemos de un hecho presente en la memoria y en los sentidos, nuestros razonamientos serían meramente hipotéticos…

Las acciones de un hombre no sólo son interdependientes en cualquier período limitado de su vida, sino durante toda su duración, de la cuna a la tumba.

David Hume

Sólo por experiencia conocemos el influjo de nuestra voluntad.

La naturaleza es siempre demasiado fuerte para la teoría.

Todas las ideas, especialmente las abstractas, son naturalmente débiles y oscuras.

La religión primitiva de la humanidad tiene su fuente principal en el inquietante temor del futuro.

En primer lugar, ha de aceptarse que, cuando conocemos un poder, conocemos aquella dimensión de la causa en virtud de la cual está capacitada para producir su efecto.

Hay causas que son absolutamente uniformes y constantes en la producción de determinado efecto, y jamás se ha encontrado fracaso o irregularidad alguna en su operación.

Ignoramos, es cierto, el modo en que estos cuerpos actúan entre sí. Sus fuerzas y energías son totalmente incomprensibles.

La débil comprensión humana no puede quedar satisfecha al concebir a su Dios como un puro espíritu y una inteligencia perfecta.

Es universalmente admitido que hay una gran uniformidad en las acciones de los hombres de todas las naciones y edades, y que la naturaleza humana permanece la misma en lo que respecta a sus principios y operaciones.

Nada existe sin una causa; y a la causa original de este universo cualquiera que sea la llamamos Dios y piadosamente le atribuimos todo tipo de perfección.

Una obra sin finalidad se parecería más a los delirios de un loco que a los sobrios esfuerzos del genio o del sabio.

Desde mi punto de vista, sólo parece haber tres principios de conexión entre ideas, a saber: semejanza, contigüidad en el tiempo o en el espacio y causa o efecto.

Cualquiera que sea la definición de libertad que demos, debemos tener cuidado en observar dos requisitos: primero. que no contradiga los hechos; segundo, que sea coherente consigo misma.

Pero la mente requiere alguna relajación, ya que no puede siempre su inclinación hacia la preocupación y la faena.

La corrupción de lo mejor es lo peor.

La oscuridad es efectivamente penosa para la mente, como lo es para el ojo, pero sacar la luz de la oscuridad, por el esfuerzo que sea, ha de ser deleitable y producir regocijo.

Un artesano, que maneja sólo materia inerte, puede fracasar en su propósito tanto como el político que dirige la conducta de agentes sensibles e inteligentes.

Los sentimientos más elevados de la mente, las operaciones del entendimiento, las diversas agitaciones de las pasiones, aun cuando son diferentes en sí mismos, fácilmente se nos escapan cuando la reflexión los examina.

Es suficiente, por ahora, haber establecido la siguiente conclusión: que los tres principios de conexión de ideas son las relaciones de semejanza, contigüidad y causa y efecto.

Que los estudiantes de filosofía aprendan primero lógica, después ética, a continuación, física y en último lugar la naturaleza de los dioses.

Espero dejar claro, por tanto, que todos los hombres han estado de acuerdo en la doctrina de la libertad y de la necesidad, según cualquier acepción razonable que se asigne a estos términos.

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