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Concepción Arenal (1820 – 1893) fue una de las más importantes escritoras feministas  del siglo XIX, férrea defensora nata de los derechos de las mujeres, aunque también de los hombres que se hallaban prisioneros en cárceles. Ejerció como funcionaria de prisiones y periodista. Con sus escritos y sus actos denunció las precarias condiciones en las que se hallaban las casas de salud, así como la mendicidad y los derechos de la mujer en el siglo XIX.

Se vestía con ropa de hombre para poder asistir a las clases de la universidad y participar en tertulias políticas y literarias, aportando sus ideas liberales y progresistas en los coloquios.

Fue una mujer muy avanzada para su época, erigiéndose como protectora de los más débiles y de las mujeres sin derechos. Publicó su primera obra sobre los derechos de la mujer, La mujer del porvenir, en 1869, donde criticaba duramente la teoría de la inferioridad de las mujeres por razones biológicas extendida en aquella España del siglo XIX. Según sus propias palabras, su misión era conseguir que la mujer fuera educada y respetada, para tener oportunidades de ejercer tareas más allá que simplemente ser madre y cuidar de los hijos.

Fue una gran luchadora, sencilla y una mujer sin prejuicios, humana, sensible y con un gran corazón. No te pierdas sus mejores citas que hemos recopilado aquí pata ti.

Citas célebres de Concepción Arenal

Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen.

El llanto es, a veces, el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras.

Un hombre aislado se siente débil, y lo es.

Abrid escuelas y se cerrarán cárceles.

Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer.

El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.

No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.

A veces, un hombre perverso es esposo y padre amante, y en la atmósfera contaminada de la maldad, el amor paternal se conserva puro, como una flor que crece en un muladar.

Las virtudes son hermanas que se abrazan estrechamente; cuando una cae, todas vacilan; cuando una se levanta, todas cobran ánimo.

El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído.

frases-concepcion-arenal Hay gran diferencia entre impresionarse con los males de nuestros hermanos y afligirse. Para lo primero basta imaginación, y se necesita corazón para lo segundo.

La ley es la conciencia de la humanidad.

Hacer bien a los que nos inspiran simpatía es un goce: La virtud consiste en favorecer a los que no nos la inspiran.

¿Los pobres serían lo que son, sí nosotros fuéramos lo que deberíamos ser?

Proteger el trabajo es proteger la virtud, es apartar escollos contra los cuales se estrella tantas veces; proteger el trabajo es enjuagar lágrimas, consolar dolores, arrancar víctimas al vicio, al crimen y a la muerte.

La virtud purifica los lugares que visita, lejos de mancharse en ellos.

Absurdo sería pedir al cálculo lo que puede dar la abnegación.

Todo lo que endurece, desmoraliza.

La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.

Hay como una amarga complacencia en sufrir una injusticia, que parece legitimar el odio.

Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.

El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.

Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.

El pobre se arruina en el momento en que deja de ser sobrio.

La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.

En muchos casos hacemos por vanidad o por miedo, lo que haríamos por deber.

El mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas es imitarlas.

A veces damos el nombre de favor a la justicia, y creemos de muy buena fe que fuimos buenos y generosos cuando no hemos sido más que justos.

La democracia, como la aristocracia, como todas las instituciones sociales, llama calumnias a las verdades que le dicen sus enemigos y justicia a las lisonjas de sus parciales.

La felicidad es ciega, sobrado arrogante para ver precipicios bajo las flores que cubren su camino.

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Absurdo sería pedir al cálculo lo que sólo puede dar la abnegación

El tedio es una enfermedad del entendimiento que no acontece sino a los ociosos.

Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente.

Hay un camino seguro para llegar a todo corazón: es el amor.

Sustituir el amor propio con el amor de los demás, es cambiar un insufrible tirano por un buen amigo.

El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda.

No puede ser bueno el que no sabe luchar y resistir.

La caridad es un deber; la elección de la forma, un derecho.

La sociedad paga bien caro el abandono en que deja a sus hijos, como todos los padres que no educan a los suyos.

Toda gran falta es un acto de egoísmo.

El amor es para el niño lo que el sol para las flores; no le basta el pan: necesita caricias para ser bueno y fuerte.

No hay animal tan manso que atado no se irrite.

Odia el delito y compadece al delincuente.

Hay tanta justicia en la caridad y tanta caridad en la justicia que no parece loca la esperanza de que llegue el día en que se confundan.

Mal medio es de atraer a un hombre a la razón el tratarle como si no la tuviera.

No se pierde el tiempo que se emplea en procurar hacer el bien.

El error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea.

Para el espíritu, como para el cuerpo, lo que limita la acción menoscaba la alegría.

Cuando no comprendemos una cosa, es preciso declararla absurda o superior a nuestra inteligencia, y generalmente, se adopta la primera determinación.

Todo poder cae a impulsos del mal que ha hecho. Cada falta que ha cometido se convierte, tarde o temprano, en un ariete que contribuye a derribarlo.

50 frases de Concepción Arenal sobre el amor y la vida
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