Montesquieu

Charles-Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu (1689 – 1755) fue un ilustre escritor, novelista, filósofo, sociólogo, historiador, abogado y juez francés durante la Era de la Ilustración.

En 1721, Montesquieu ganó fama con la publicación de Persian Letters, una sátira de religiones, monarquías y franceses ricos con el pretexto de ser una novela epistolar, aunque desdeñó que lo llamara así. Se mudó a París, viajó mucho y continuó publicando, cambiando a tratados políticos como la consideración de la caída de Roma.


Su obra maestra, El espíritu de las leyes, publicada en 1748, tuvo una enorme influencia en cómo deberían funcionar los gobiernos, evitando las definiciones clásicas del mismo. También estableció la idea de una separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) para propagar más efectivamente la libertad. Aunque la Iglesia católica incluyó este libro en su lista de “libros prohibidos”, el trabajo influyó definitivamente en la Declaración de los Derechos del Hombre de Francia (Declaración de los derechos del hombre y las ciudades) y en la Constitución de los Estados Unidos. Montesquieu publicó más tarde su Défense de L’Esprit des Lois en 1750.

No te pierdas estas hermosas citas célebres del Barón de Montesquieu.

Citas célebres de Montesquiu

La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.

La cobardía es la madre de la crueldad.

Es necesario haber estudiado mucho para saber poco.

El que teme padecer padece ya lo que teme.

La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie.

La virtud debe tener límites.

Para obtener éxito en el mundo, hay que parecer loco y ser sabio.

La verdad en un tiempo es un error en otro y viceversa.

Pronto cansa la altanería de una mujer hermosa; nunca aburre la de una mujer buena.

El divorcio es indispensable en las modernas civilizaciones.

Ante un hombre envidioso, alabo siempre a los que le hacen palidecer.

El talento es un don que Dios hace en secreto, y que nosotros revelamos sin saberlo.

Hay dos clases de hombres: los que piensan y los que se divierten.

Montesquieu

Cuanto menos piensa el hombre, más habla.

Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento.

Gobernar una familia es casi tan difícil como gobernar todo un reino.

¿Hay nada tan seguro, decidido, desdeñoso, contemplativo, grave, serio, como el asno?

La amistad es un contrato por el cual nos obligamos a hacer pequeños favores a los demás para que los demás nos los hagan grandes.

La confianza en la bondad ajena es testimonio no pequeño de la propia bondad.

Cuando los hombres están reunidos, pierden el sentido de su debilidad.

La libertad es el derecho a hacer lo que las leyes permiten.

No conviene que, en una obra, la ironía sea contínua; deja de sorprender.

El gobierno debería establecerse de modo que ningún hombre pueda temer a otro.

Hombres modestos, vosotros ofrecéis dulzura y encanto a la vida.

La principal ocupación de mi vida consiste en pasarla lo mejor posible.

¡Gran Dios! ¡Cuántas cosas hacen falta para hacer feliz a un solo hombre!

La prueba más clara de sabiduría es una alegría continua.

La razón es una olla de dos asas: lo mismo puede cogerse por la derecha que por la izquierda.

Montesquieu

¡Qué tranquilidad para todos nosotros saber que hay en el corazón de todos los hombres un principio interior que combate en nuestro favor y nos pone a cubierto de todas las violencias de los poderosos!

La injusticia hecha a uno sólo es una amenaza dirigida a todos.

Cuando un gobierno dura mucho tiempo, se descompone poco a poco sin notarlo.

Las leyes inútiles debilitan a las necesarias.

El amor a la república en una democracia es el amor a la igualdad.

Los hombres somos más capaces de grandes acciones que de buenas acciones.

Los que tienen poco negocio que atender son buenos charlatanes, los intelectuales y los ocupados hablan menos.

Nada graba tan fijamente en nuestra memoria alguna cosa como el deseo de olvidarla.

Dichosos los pueblos cuyos anales son aburridos.

No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.

A la mayoría de las gentes prefiero darles la razón en seguida que escucharlas.

Cuando hemos alcanzado una categoría, no debemos hacer nada que nos haga parecer inferiores a ella.

El hombre de talento es naturalmente inclinado a la crítica, porque ve más cosas que los otros hombres y las ve mejor.

No hay tontería mayor y más común que la de amargarse por las tonterías del mundo.

Montesquieu

Amar la lectura es cambiar las horas de aburrimiento que uno tiene en la vida, por las horas más deliciosas.

En la indumentaria debe uno mantenerse siempre por debajo de sus propios recursos.

El que estando enfadado impone un castigo, no corrige, sino que se venga.

Cuando los hombres prometen a una mujer que la amarán para siempre, suponen a su vez que ellas les prometen se siempre amables; si ella falta a su palabra, ellos no se creen obligados a la suya.

El estudio ha sido para mi el remedio completo contra los disgustos de la vida; no he tenido jamás una hora de tristeza que una hora de lectura no haya disipado.

Nunca he tenido una tristeza que una hora de lectura no haya conseguido disipar.

La pasión de la mayoría de los franceses es tener ingenio; y la pasión de los que quieren tener ingenio es escribir libros.

Para juzgar cosas grandes y nobles es necesario poseer un alma otro tanto grande y noble.

Si nos bastase ser felices, la cosa sería facilísima; pero nosotros queremos ser más felices que los demás, y esto es casi siempre imposible, porque creemos que los demás son bastante más felices de lo que son en realidad.

No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia.

Nosotros los hombres alardeamos de ser más malos de lo que realmente somos.

Siempre he observado que para triunfar en la vida hay que ser entendido, pero aparecer como tonto.

Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.

Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.

Montesquieu

Nada pudo imaginarse de peor manera; parecía que la naturaleza había dispuesto que las tonterías de los hombres fueran pasajeras, pero los libros las hacen inmortales.

Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad.

Yo no me encuentro a mí mismo donde me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero.

Lo mismo que hay una infinidad de cosas muy discretas dirigidas de una manera loca, hay también locuras conducidas con la mayor discreción.

Se acude a los banqueros para tomar anticipos, su arte consiste en sacar provecho de sus fondos sin que pueda acusárseles de usura.

En lugar de un gran tesoro se te enfría un gran pueblo.

Los hombres acaban por habituarse a todo, hasta a la servidumbre, con tal que el amo no sea más duro que la servidumbre misma.

Lo que más acerca al hombre a la condición de bestia es no ser libre donde lo son los otros. Y quien vive así, es natural enemigo de la sociedad.

Para saber si son lícitos los deseos de cada uno hay que ver los de todos.

Considero que mientras uno no haya leído todos los libros antiguos, no tiene razón alguna para leer los modernos.

Las malas leyes hicieron a los hombres holgazanes; por ser holgazanes se les hizo esclavos.

Es propio de seres inteligentes sentir sus imperfecciones.

Montesquieu

Prefiero decir que el derecho de esclavitud del desprecio con que mira una nación a otra, sin más fundamento que la diferencia de costumbres,

La naturaleza es justa con los hombres: les recompensa; el trabajo, los hace laboriosos, porque a mayores trabajos concede mayores recompensas.

La fuerza de la ley está a que sea aplicable a todo el mundo.

Si los triángulos hicieran un Dios, lo idearían con tres lados.

Todo pueblo conoce, ama y defiende sus costumbres más que sus leyes.

Es necesario que la religión no fomente costosos funerales. ¿Hay cosa más natural que prescindir de la diferencia de fortunas en una ocasión en que la suerte las iguala a todas?

La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad externa, que la conduce al despotismo.

La descomposición de todo gobierno comienza por la decadencia de los principios sobre los cuales se ha fundado.

La generación naciente no es la que degenera; si se corrompe, es que los hombres maduros estaban ya corrompidos.

Un poder termina por devorar a todo lo demás; dos por enfrentarse; tres mantienen el equilibrio, de modo que, si dos luchan, el tercero igualmente interesado en el orden se afiliará del lado del más débil

La verdadera fuerza de un príncipe no consiste tanto en su capacidad para vencer a sus vecinos como en lo difícil que puede ser para éstos atacarlo.



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