Frases célebres de Nicolás Maquiavelo

Verificado Redactado por Bernardo Peña. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 19 enero 2021.

Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527) fue un diplomático y filósofo político florentino, una de las mayores figuras del Renacimiento italiano. Es considerado el padre de la Ciencia Política moderna. ​En 1513 escribió su obra más conocida: El príncipe.

Niccilò Machiavelli a lo largo de una vida agitada, como profesional de las cancillerías y de la Corte, Maquiavelo va configurando su teoría política, fruto de su experiencia y de sus conocimientos históricos. Maquiavelo enseña a Laurencio de Médicis cómo se ha de gobernar: La cuestión principal ha de ser mantener el poder. Un príncipe debe ocuparse de la Guerra. Respecto a todo, el príncipe debe obrar con virtud la virtud consiste en salir beneficiado de cualquier asunto y a toda costa. La razón de Estado, su conservación y firme asentamiento, es el pilar de su doctrina política. Sus propuestas, carentes de toda caballerosidad y de dignidad moral le acarrearon toda suerte de desgracias y una fama de miserable que ha perdurado en el lenguaje común: Se dice que una persona que tiene intenciones maquiavélicas cuándo tiene tendencia a la falsedad, traición y la perfidia.

Frases célebres de Nicolás Maquiavelo

Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.

Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse.

El príncipe debe hacer uso del hombre y de la bestia: astuto como un zorro para evadir las trampas y fuerte como león para espantar a los lobos.

Cuando se hace daño a otro es menester hacérselo de tal manera que le sea imposible vengarse.

Aunque el engaño sea detestable en otras actividades, su empleo en la guerra es laudable y glorioso, y el que vence a un enemigo por medio del engaño merece tantas alabanzas como el que lo logra por la fuerza.

Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí, el segundo entiende lo que los otros disciernen y el tercero no entiende ni discierne lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil.

En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.

El odio produce temor, del temor se pasa a la ofensa.

Los hombres son tan simples y se sujetan a la necesidad en tanto grado, que el que engaña con arte halla siempre gente que se deja engañar.

Nunca intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado por la mentira.

La política no tiene relación con la moral.

No pasa de ser natural que los príncipes deseen extender sus dominios, y cuando no intentan nada más que lo que pueden lograr, son aplaudidos. Sin embargo, si son incapaces de lograrlo, se les condena, y a decir verdad, no sin razón.

Todos los estados bien gobernados y todos los príncipes inteligentes han tenido cuidado de no reducir a la nobleza a la desesperación, ni al pueblo al descontento.

El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un estado libre y no mata a los hijos de Bruto, solo por breve tiempo conservará su obra.

Los hombres trabajan o por necesidad o por elección, y se sabe que la virtud tiene mayor imperio donde se trabaja más por necesidad que voluntariamente.

Los cimientos principales de todos los estados son las buenas leyes y las buenas armas, y no puede haber buenas leyes donde no hay buenas armas.

El mejor procedimiento para sostener un estado consiste en poseer armas propias, halagar a los súbditos y mantener amistad con los vecinos.

Todos los profetas armados han triunfado; todos los desarmados han perecido.

El hombre olvida más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.

Un buen ciudadano, por amor al bien público, olvida las injurias personales

Dios no quiere hacerlo todo, para no quitarnos el libre albedrío y aquella parte de gloria que os corresponde.

Más frases célebres de Nicolás Maquiavelo

No son los títulos los que honran a los hombres, sino que los hombres honran a los títulos.

La promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente.

Es doblemente placentero mentir al impostor.

El primer método para estimar la inteligencia de un gobernador es mirar los hombres que tiene a su alrededor.

El único medio seguro de dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla.

Donde hay buena disciplina, hay orden y rara vez falta la buena fortuna.

En un gobierno bien constituido, la guerra, la paz y las alianzas son discutidas en tanto cuanto sirvan no para la satisfacción de unos pocos, sino para el bien común.

Se es odiado tanto por las buenas obras como por las infames.

De la misma manera que se necesitan las leyes para conservar las buenas costumbres, éstas son necesarias para el mantenimiento de las leyes.

Los pueblos, aunque ignorantes, son capaces de comprender la verdad, y fácilmente ceden cuando la demuestra un hombre digno de fe.

Es de gran importancia disfrazar las propias inclinaciones y desempeñar bien el papel de hipócrita.

Creo que el verdadero modo de conocer el camino al paraíso es conocer el que lleva al infierno, para poder evitarlo.

Cuando la voluntad es grande, las dificultades no lo son.

La paz con la esclavitud es más pesada carga que la guerra con libertad.

La experiencia siempre ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos.

En tiempos de paz hay que pensar en la guerra.

Más sobre Nicolás Maquiavelo

El que quiere ser obedecido debe saber mandar.

Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.

No estoy interesado en preservar el status quo; quiero derrocarlo.

No hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de administrar que la elaboración de un nuevo orden.

Los hombres deberían ser tratados generosamente o destruidos, porque pueden vengarse de las lesiones leves, de las fuertes no pueden.

La tardanza nos roba a menuda la oportunidad y roba nuestras fuerzas.

De la humanidad podemos decir en general que son volubles, hipócritas y codiciosos de ganancia.

La guerra debe ser el único estudio de un príncipe. Debe considerar la paz sólo como un tiempo de respiración, que le da tiempo para inventar, y proporciona la capacidad de ejecutar planes militares.

Es mucho más seguro ser temido que amado porque el amor es preservado por el vínculo de obligación que, debido a la bajeza de los hombres, se rompe en cada oportunidad para su ventaja; pero el miedo te preserva por un temor de castigo que nunca falla.

La patria se debe defender siempre con ignominia o con gloria, y de cualquier manera estará defendida.

Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego».

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