Garcilaso de la Vega

Garcilaso de la Vega fue un poeta y militar español que, ya en vida, llegó a convertirse en uno de los máximos exponentes de las letras españolas. De noble familia, vivió entre los años 1498 y 1536.

Garcilaso de la Vega llegó a participar en varias batallas que libró, victoriosamente, España durante el siglo XVI a lo largo y ancho de Europa. Siempre en contacto íntimo con la muerte, Garcilaso escribió sobre el amor y la muerte.

Los sonetos de Garcilaso de la Vega son de una profundidad y exquisitez nunca antes vista, y más cuando tan nobles y profundos sentimientos venían de un militar que escribía en pleno campo de batalla (quien sabe si como consuelo o buscando un significado espiritual).

Garcilaso de la Vega fue herido de gravedad durante una batalla en Francia. Lo trasladaron a Niza (Actualmente Francia -Antes, Ducado de Saboya, perteneciente a España-), donde finalmente murió debido a sus heridas.

Frases célebres de Garcilaso de la Vega

“La vida es corta: viviendo todo falta, muriendo todo sobra.”

“Estoy muriendo, y aun la vida temo; témola con razón, pues tú me dejas; que no hay, sin ti, el vivir para que sea.”

“Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; por hábito del alma mismo os quiero. Cuanto tengo confieso yo deberos; por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir, y por vos muero.”

“Pensando que el camino iba derecho, vine a parar en tanta desventura, que imaginar no puedo, aún con locura, algo de que esté un rato satisfecho.”


“Salid sin duelo, lágrimas corriendo.”

“No me podrán quitar el dolorido sentir, si ya primero no me quitan el sentido.”

“Del sueño, si hay alguno, aquella parte sola, que es imagen de la muerte, se aviene con el alma fatigada.”

“Contigo, mano a mano busquemos otros prados y otros ríos, otros valles floridos y sombríos, donde descanse, y siempre pueda verte ante los ojos míos, sin miedo y sobresalto de perderte.”

“Ella en mi corazón metió la mano, y de allí me llevó mi dulce prenda: que aquel era su nido y su morada.”

“El corazón dispone a la alegría que vecina tenía, y reserena su rostro, y enajena de sus ojos muerte, daños, enojos, sangre y guerra.”

“En este amor no entré por desvarío, ni lo traté, como otros, con engaños, ni fue por elección de mi albedrío: desde mis tiernos y primeros años a aquella parte m’enclinó mi estrella y aquel fiero destino de mis daños.”

“Si para refrenar este deseo loco, imposible, vano, temeroso, y guarecer de un mal tan peligroso, que es darme a entender yo lo que no creo, no me aprovecha verme cual me veo, o muy aventurado o muy medroso, en tanta confusión que nunca oso fiar el mal de mí que lo poseo.”

“No pierda más quien ha tanto perdido, bástate, amor, lo que ha por mí pasado; válgame agora jamás haber probado a defenderme de lo que has querido.”

“Aquéste es de los hombres el oficio: tentar el mal, y si es malo el suceso, pedir con humildad perdón del vicio.”

“¿Quién me dijera, cuando las pasadas horas que en tanto bien por vos me vía, que me habiáis de ser en algún día con tan grave dolor representadas?”

“¿Por qué no ablandará mi trabajosa vida, en miseria y lágrimas pasada, un corazón conmigo endurecido?”

“Mas infición del aire en sólo un día me quitó el mundo, y me ha en ti sepultado, Parténope, tan lejos de mi tierra.”

“Pensando que el camino iba derecho, vine a parar en tanta desventura, que imaginar no puedo, aún con locura, algo de que esté un rato satisfecho.”

“Estoy continuo en lágrimas bañado, rompiendo el aire siempre con suspiros; y más me duele el no osar deciros que he llegado por vos a tal estado.”

“¡Amor, amor! Un hábito he vestido del paño de tu tienda, bien cortado, pero después estrecho y desabrido, al vestir le hallé ancho u holgado.”

“En tanto que de rosa y azucena se muestra el color de vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto enciende el corazón y lo refrena…”

“¿Dó están agora esos claros ojos que llevaban tras sí, como colgada, mi alma doquier que ellos se volvían?”

“De tus rubios cabellos, ¿dónde, ingrata mía, hizo el Amor la cuerda para el homicida?”


Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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