Frases célebres de Cicerón

Marco Tulio Cicerón fue un jurista, político, filósofo y escritor romano que vivió entre los años 106 y 43 a. C. Se le reconoce por ser uno de los más importantes abogados, intelectuales y oradores de la antigua Roma.

Cicerón sentó las bases prácticas del derecho y, sin duda, fue uno de los personajes más importantes en la historia del Imperio Romano. Su influencia aún puede observarse hoy en día en varias disciplinas como la filosofía, historia, derecho, poesía, retórica

Frases célebres de Cicerón

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma.

El cultivo de la memoria es tan necesario como el alimento para el cuerpo.

La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.

Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros. (Si esto lo decía hace 2000 años, imaginad ahora).

¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?


Aparta un amor viejo con un amor nuevo, como un clavo saca otro clavo.

El hombre no tiene enemigo peor que él mismo.

El testimonio de mi conciencia es para mí de mayor precio que todos los discursos de los hombres.

El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.

La fuerza es el derecho de las bestias.

Dondequiera que se esté bien, allí está la patria.

Una cosa es saber y otra es saber enseñar.

Todo aquello que siente, conoce, quiere y tiene la facultad de desarrollarse, es celestial y divino y por esa razón tiene que ser inmortal.

Seamos esclavos de las leyes para poder vivir en libertad.

No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.

Los hombres se asemejan al vino: el tiempo agria a los malos y mejora a los buenos.

La justicia no espera ningún premio. Se la acepta por ella misma. Y de igual manera son todas las virtudes.

Cuando mejor es uno, tanto más difícilmente llega a sospechar de la maldad de los otros.

Este es el primer precepto de la amistad: Pedir a los amigos sólo lo honesto, y sólo lo honesto hacer por ellos.

No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla.

Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada.

Un amigo es un segundo y yo.

Nunca ofendas a un amigo, ni siquiera en broma.

La amistad no existe cuando uno no quiere escuchar la verdad y el otro está dispuesto a mentir.

La primera ley de la amistad consiste en pedir a los amigos cosas honestas y hacer por los amigos cosas honestas.

El verdadero amigo se conoce en los peligros.

Con la virtud por día, con la fortuna por compañera.

El hábito es una especie de segunda naturaleza.

El hombre que cultiva un campo no piensa en hacer mal a nadie.

La virtud encuentra su recompensa en sí misma.

La virtud es la razón perfeccionada.

No quiero morir, aunque en realidad el estar muerto me parece indiferente.

Los ojos, como centinelas, se sitúan en la parte más alta del cuerpo.

Si el amor fuera natural, todos amarían y amarían siempre y amarían lo mismo y no apartaría del amor a unos el poder, a otros el interés, a otros el hastío.

Si quieres aprender, enseña.

Entre el ruido de las armas, las leyes no se pueden escuchar.

Hemos nacido para unirnos con nuestros semejantes y vivir en comunidad con la raza humana.

Todas las artes que miran los humanos están ligadas entre sí por ciertos lados de parentesco.

La observación de la naturaleza y la meditación han genera do el arte.

Será elocuente quien pueda hablar de las materias humildes con delicadeza; de las cosas grandes e importantes con solemnidad; y de las cuestiones comunes y ordinarias con sencillez.

Cuando se discute no es tan necesario citar a los autores notables cómo argumentar razonablemente.

No se puede escribir ninguna estupidez que no la haya dicho antes algún filósofo.

La base de la sociedad es el matrimonio.

La libertad solo puede fijar su residencia en aquellos estados en que el pueblo tiene el poder supremo.

La religión no se suprime suprimiendo la superstición.

Más frases de Marco Tulio Cicerón

Humano es errar; pero sólo los estúpidos perseveran en el error.

Nada hay tan veloz como la calumnia; ninguna cosa más fácil de lanzar, más fácil de aceptar, ni más rápida en extenderse.

El rostro es el espejo del alma, y los ojos, sus delatores.

Todas las almas son inmortales, pero las de los justos y héroes son divinas.

Instruirse; instruirse siempre. Este es el verdadero alimento del alma.

Si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas; si deponemos las armas no tendremos jamás paz.

Son siempre más sinceras las cosas que decimos cuando el ánimo se siente airado que cuando está tranquilo.

Pensar es como vivir dos veces.

No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños.

Las leyes callan cuando las armas hablan.

Los dioses han existido siempre y nunca han nacido.

La naturaleza misma ha impreso en la mente de todos la idea de un Dios.

No hay nada que Dios no pueda realizar.

Si un hombre pudiera subir al cielo y contemplar todo el universo, la admiración que le causarían sus bellezas quedaría grandemente mermada si no tuviera alguien con quien compartir su placer.

El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su propia patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.

La naturaleza ha puesto en nuestras mentes un insaciable deseo de ver la verdad.

Una muerte honrosa puede glorificar aun una vida innoble.

Dejad que cada cual se entregue a la práctica de aquella profesión que conozca bien.

La ley no ha sido establecida por el ingenio de los hombres, ni por el mandamiento de los pueblos, sino que es algo eterno que rige el Universo con la sabiduría del imperar y del prohibir.

La libertad excesiva conduce pronto a la esclavitud.

La honradez es siempre digna de elogio, aún cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho.

La filosofía es el cultivo de las facultades mentales. Desarraiga nuestros vicios y prepara el espíritu para recibir la semilla adecuada.

La historia misma, testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajera de la antigüedad, ¿con qué voz habla a la inmortalidad sino con la voz del orador?


Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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