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Según el psicoanálisis, cuando los instintos y las pulsiones personales producen angustia al ejercer presión sobre el yo, éste puede tratar de contrarrestar dicho impulso agraviante concentrándose en su opuesto.

En qué consiste la Formación Reactiva

La formación reactiva es la expresión de ideas y emociones exageradas opuestas a las creencias y a los sentimientos que se están reprimiendo. Representa un mecanismo de defensa mediante el cual un instinto o pulsión es ocultado a la conciencia por su opuesto; la filantropía y generosidad, pudieran enmascarar al egoísmo, por ejemplo.

Son adaptaciones un tanto irracionales ante la angustia, el peligro, las amenazas  o las emociones que pudieran terminar en displacer, pues desestabilizarían la realidad de la persona, de esa manera mantiene su “equilibrio” psíquico, cuando no se deriva en psicopatologías. Dicho concepto tiene su génesis en el psicoanálisis.

“Cada vez que existe un conformismo exagerado y rígido a un grupo de reglas, cabe afirmar con bastante seguridad que esa actitud es una formación reactiva, y que detrás de la máscara de conformismo de la persona está realmente impulsada por la rebelión y el antagonismo”. Calvin S. Hall

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El “no amor” y sus formaciones reactivas

Cuando el resentimiento hacia alguien genera mucha angustia, el yo puede facilitar la salida del amor a fin de enmascarar la hostilidad, reemplazando el odio por amor. Sin embargo, los sentimientos de hostilidad siguen existiendo bajo la forma de afecto. Es cuando las relaciones se vuelven tóxicas, pues este proceso es inconsciente.

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“En el aire, entre las luciérnagas, las hembras hacen señales a los machitos de su misma especie, que las sobrevuelan, los cuales contestan al guiño y bajan para copular. Pero algunas aprenden las señales de machos de otra especie, que no dudan de la contraseña, bajan para el romance y encuentran la muerte”. Hugo Finkelstein

¿Cómo diferenciar el amor “verdadero” de una fuerza impulsora que sólo es una formación reactiva? ¿Cómo puede distinguir entre una simple catexia hacia un objeto y una catexia producto de una formación reactiva? Se puede identificar por medio de la exageración en las manifestaciones, el amor reactivo exige, reclama, condena, es desmesurado, parece forzado y resulta fastuoso. Es una simulación y su falsedad se puede revelar fácilmente.

Una característica distintiva de esta defensa yoica es la compulsividad, no puede dejar de expresar lo opuesto de lo que realmente siente, esa clase de amor carece de flexibilidad y es altamente demandante, incapaz de adaptarse a situaciones de cambio, naturales en la vida, como se hace cuando se tienen emociones genuinas; tiene que estar en marcha, como si al detenerse, o tener alguna falla en demostrar ese “amor” fuera a colapsar, porque de otra manera pudiera salir a la luz el desamor y todo lo que este implica.

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Formaciones reactivas en la personalidad compulsiva

Cuando se utiliza de manera excesiva esta defensa del yo, se puede derivar en un trastorno de ansiedad generalizado o el trastorno obsesivo-compulsivo, entre otros. Los síntomas característicos del uso exagerado de las formaciones reactivas, suelen consumir mucha energía y tiempo con ocupaciones que sirven a objetivos engañosos, haciendo una personalidad inflexible y compulsiva.

Anna Freud, afirmaba que: “La persona que elabora formaciones reactivas, modifica la estructura de su yo como si el peligro estuviera siempre presente, de este modo origina rasgos caracterológicos que no son completamente efectivos para el sujeto, en un intento por sustituir comportamientos, pensamientos o los sentimientos que le resultan inaceptables, por otros diametralmente opuestos”.

Contra arcaicas catexias objetales, pueden manifestarse, por ejemplo: altos ideales de generosidad, mansedumbre y virtud; pero a menudo, no son valores reales lo que motivan ese tipo de aspiraciones. La castidad y la pureza pueden ocultar fuertes deseos sexuales. La compasión y misericordia pueden tratar de ocultar faltas o culpas.

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La masculinidad y sus formaciones reactivas

La manifestación de aquellos prejuicios que muchos hombres tienen para afirmar su masculinidad, es un ejemplo de formaciones reactivas. Aquellos que tratan de parecer tipos fuertes y duros ante cualquier circunstancia, porque les enseñaron que: “los hombres no lloran”, ni deben mostrarse tiernos, mucho menos sensibles, aunque así lo desearan, que a los hombres no les pueden gustar las flores y tantos estereotipos de esa clase que abundan en el colectivo, muchos creen que esas características son exclusivamente femeninas, cuando es una capacidad humana que no distingue géneros; es más bien una situación sociocultural impuesta a muchos hombres, para que no se dude de su masculinidad.

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Esto genera muchos conflictos en algunos, pues al tener esas tendencias que colectivamente considera “femeninas” puede tratar de reprimir sus emociones, sus sentimientos e impulsos auténticos. Al usar en exceso éste tipo de defensiva y junto con otras más arcaicas, entre ellas la represión pudieran generar mucho conflicto en el varón, pues está tratando de reprimir constantemente lo que siente auténticamente y por naturaleza. Reitero que la capacidad de ser empático, de poder llorar cuando es necesario, de ser sensibles, son cualidades y capacidades que no dependen del género.

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Sobreprotección perniciosa y sus formaciones reactivas

Melanie Klein afirmaba en torno a las formaciones reactivas que “responden a la necesidad de mantener una disociación entre el vínculo de amor y el vínculo agresivo establecidos con el objeto, reforzando el primero y manteniendo bajo control al segundo. Si bien como mecanismo está basado en una relación divalente (disociación) corresponde evolutivamente a logros de la etapa depresiva. Supone preocupación por el daño hecho al objeto y miedo a no poder repararlo”.

A veces, dichas formaciones, satisfacen un deseo original y se emplea como defensa. Una madre que tiene guardado dentro de sí resentimiento hacia sus hijos, puede ser demasiado intrusiva, controladora o sobreprotectora, bajo la justificación de que “se preocupa demasiado por ellos y que lo hace por su seguridad y su bien”, pero esa sobreprotección es en realidad un castigo para el hijo, pues la madre podría ser desmesuradamente permisiva, acceder a los caprichos de los hijos, lo que repercute en la salud biopsicosocial de los mismos.

El permitir el uso excesivo de dispositivos móviles, pantallas brillantes a altas horas de la noche con programas no aptos para ellos, el consumo de comida sin aportes nutricionales y bebidas azucaradas en exceso, acceder a que no se tomen su medicación cuando se requiere porque: “no quiso tomarse el medicamento”, el hacer todo por ellos y no permitirles colaborar en ciertos quehaceres de los que se pueden encargar de acuerdo a su etapa de desarrollo, entre muchos otros ejemplos, hace que  se desarrollen hábitos insalubres, personas demandantes y dependientes,  en vez de formarlos para ser personas sanas y autosuficientes.

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Conclusión

Las formaciones reactivas surgen del superyó, mediante ellas, se busca transformar un sentimiento, idea inaceptable o socialmente mal vista en su opuesto, con el objetivo de hacerlo más aceptable, de modo que tienen una función reguladora implícita, como todas las defensas yoicas. Sin embargo,  el enfrentar los problemas y los peligros o amenazas,  por medio de este mecanismo de manera excesiva la personalidad se puede tornar compulsiva e intransigente, lo cual puede menguar la salud física y emocional de la persona; motivo por el que se sugiere iniciar un proceso psicoterapéutico para que la persona pueda gozar de mayor bienestar.

La personalidad inflexible y demasiado rígida no es  aconsejable para el desarrollo biopsicosocial del individuo. Con la ayuda del psicoterapeuta, la persona puede tener conciencia de estos procesos. Una postura flexible ante la vida, permite abrazar los cambios propios de ella con mayor apertura y quizás auténtico júbilo.

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Referencias bibliográficas

  • Finkelstein, H. (1985). El libro del no amor. España: Ediciones Galerna.
  • Bleichmar, N. M.; Lieberman, C. y Cols. (1989). El Psicoanálisis después de Freud. México: Eleia Editores.
  • Hall, Calvin, S. (1990). Compendio de psicología freudiana. México: Paidós.
  • Morris, Charles, G. (2001). Introducción a la psicología. México: Pearson Educación.
Formación Reactiva: creer en lo antagónico
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