María tiene 90 años. Lleva en una residencia de mayores desde que tenía 86. Su familia la visitaba de forma semanal hasta que con 88 su demencia se agravó. Tanto los dos hijos como su hija justificaban sus ausencias por motivos laborables. Las visitas se redujeron a una vez cada tres o cuatro meses. El personal sanitario se convirtió en la familia de María hasta el día de su muerte; día en el que murió rodeada de su enfermero y enfermera que la habían cuidado los últimos años. Los hijos ya sólo pudieron ver su cuerpo sin vida. El final de la vida de las personas mayores en las residencias de la tercera edad, en ocasiones, es muy solitario.

Por otro lado, existen muchas familias que acompañan a sus mayores hasta los últimos momentos. Sin embargo, en este artículo nos vamos a centrar en aquellas personas que fallecen en soledad en las residencias. Para ello, se contará con el testimonio de una auxiliar de enfermería y una enfermera, que trabajan con personas mayores y son testigos diarios de este abandono. Por expresa voluntad de ambas trabajadoras, sus nombres serán cambiados y no se mencionará el centro en el que trabajan. Raquel será nuestra auxiliar y Carmen la enfermera.


Final de la vida

El final de la vida supone un momento importante, tanto a nivel individual como colectivo. Por una parte, la persona se encuentra ante una situación en la que sabe que todo cuanto conoce acabará. Nuestra identidad desaparece. En este punto, cada persona puede tener sus propias creencias: vida eterna, reencarnación, la existencia de la nada, etc. La cuestión es que el proyecto personal que habíamos empezado desde que nacimos, toca su fin. Por todo ello, se trata de uno de los momentos más complejos que podamos vivir.

A nivel individual, si somos conscientes, debemos aceptar que nos estamos apagando. A nivel social o familiar, tenemos que hacernos a la idea que nuestro abuelo, nuestra abuela, nuestro padre o nuestra madre, dejará de estar. De esta forma, la muerte de un familiar puede suponer una etapa de duelo. Un proceso a través del cual debemos aprender a vivir sin esa persona. En los momentos finales de una vida, muchos familiares tienden a ser invadidos por la culpa. El sentimiento de culpa se apodera de ellos y lamentan no haber pasado más tiempo con sus mayores.

Soledad

Muchos profesionales que trabajan en residencias, relatan de forma frecuente la soledad que viven muchos de nuestros mayores a la hora de morir. Sus familias los abandonan y mueren solos. Por lo que enfermeros, enfermeras y auxiliares, se convierten en su nueva familia y apoyo. Sin embargo, esta soledad no solo se produce en la hora de su muerte, sino que lleva arrastrándose desde que los familiares dejaron de visitar a su padre o a su madre.

Raquel, auxiliar de enfermería, asegura que en su residencia «la peor época es la Navidad». Explica que, por ejemplo, los mayores «esperan Nochebuena, pero los familiares te llaman y te dicen que se van a esquiar y no vendrán a ver a sus mayores, y nos lo dicen a nosotros, no a ellos». También comenta que otros familiares «vienen unos minutos y les dicen que van a comer fuera pero que ellos no pueden ir porque sería perjudicial». Raquel relata de forma desoladora que de la misma forma que ocurre todo esto, algunos familiares «simplemente no vienen».

Final de la vida, soledad y consecuencias

Como afirma Marta Rodríguez (2009): «el empobrecimiento progresivo de todos los refuerzos sociales, familiares, culturales, la vulnerabilidad frente a las enfermedades, los órganos de los sentidos, las funciones intelectuales, etc., desencadenan inestabilidad y sentimientos de indefensión en el anciano, y es que la soledad puede tener graves consecuencias negativas sobre la salud en el plano físico, psicológico y social». A continuación, se exponen algunas de las consecuencias físicas, psicológicas y sociales que puede conllevar la soledad.

Consecuencias físicas

  • Debilidad del sistem inmunológico.
  • Dolor de cabeza.
  • Problemas de corazón.
  • Problemas digestivos.
  • Dificultad para dormir.

Consecuencias psicológicas

Consecuencias sociales

  • Abuso de líneas telefónicas «party-line».
  • Prejuicios sociales.

Personal sanitario: la nueva familia al final de la vida

Como también afirma Marta Rodríguez (2009): «uno de los métodos para abordar la problemática de la soledad en las personas mayores son los servicios sanitarios». Del mismo modo, las dos profesionales de la salud entrevistadas, aseguran que tanto ellas como el resto de personal sanitario, se convierten en la nueva familia. Nuestros mayores no sólo buscan cuidados médicos, sino que también necesitan amor, cariño, ser escuchados y comprendidos. Debido a que muchas familias no lo hacen, los sanitarios adoptan este rol.

Raquel, la enfermera entrevistada, asegura que el grado de complicidad con el mayor es tal que «lo pasamos mal cuando fallece un anciano debido a la conexión que se había creado». Nuestra enfermera asegura que «al ser los únicos que estamos cerca del anciano en sus últimos meses de vida, nos llega a considerar de su familia. Es una lástima ver como mueren sin sus seres queridos». De esta forma, observamos la gran importancia del personal sanitario para nuestros mayores.

Conclusión

Cada vez vivimos en una sociedad más individualizada, competitiva y funcional. Con el concepto «funcional» se hace referencia a aquello que nos sirve. Los ancianos han quedado relegados a un segundo y tercer plano porque su funcionalidad no es la que era. Hace años, la población anciana era considerada una fuente de conocimiento, experiencia y sabiduría. Incluso en algunas sociedades se les sigue considerando como tal, por lo que se les brinda un gran respeto y cuidado. Sin embargo, el pensamiento de que sólo es válido aquello que produce algo tangible, hace que los abandonemos en residencias.

Muchos parecen olvidar el amor, el cariño y los cuidados que los padres les brindaron durante muchos años de su vidas. De esta forma, cuando los hijos han de cuidar de los padres, se olvidan, no tienen tiempo que perder. Obviamente, esto no ocurre en todos los casos, ya que muchos ancianos reciben la atención que merecen. Aún así, mientras siga habiendo gente mayor abandonada en residencias, significará que todavía tenemos mucho que aprender.

Escala de depresión de la 3ª edad Yesavage 

Bibliografía

Rodríguez, M. (2009). La soledad en el anciano. Gerokomos, 20 (4).

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