mujer sol tormenta
Enfermedades autoinflingidas

La mentira más frecuente es la mentira que uno se dice a sí mismo. Nietzsche

Contenido

El engaño y las conductas antisociales

Las conductas antisociales en la edad adulta son características de gran variedad de personas, desde las que no denotan ningún tipo de psicopatología, a las que padecen una psicopatología grave, como trastornos psicóticos, y alteraciones cognitivas, entre otras. Este tipo de   conductas es frecuente en la vida cotidiana y se pueden observar en sujetos normales.

Por ejemplo, ¿podríamos asegurar que jamás hayamos mentido o hayamos dicho una verdad a medias?

Lo mismo podríamos decir de otras conductas como pequeños hurtos, beber antes de conducir, defraudar a hacienda o saltarse un semáforo en rojo. Por tanto hay características antisociales que aparecen en sujetos normales, y lo anormal es que no existan.

El engaño es hacer creer una cosa que no es verdad a otra persona. Por lo general se aprende a engañar a edades muy tempranas, y es una conducta que aparece en todos los estatus  socioeconómicos, y grupos educacionales.

La mentira patológica se refiere a aquella mentira que es compulsiva o impulsiva, y aparece con cierta regularidad (Hall, 1996). Este tipo de conductas ocupa un lugar privilegiado en la psiquiatría legal, y a ellas nos vamos a referir brevemente en este capítulo. Para su exposición vamos a establecer los siguientes apartados: trastornos facticios, pseudología fantástica, neurosis de compensación y simulación.

Trastornos facticios

Los trastornos facticios se caracterizan por la producción intencionada de signos o síntomas de una patología médica o mental de forma intencionada, tergiversando los sujetos sus historias y sus síntomas. La única finalidad aparente de esta conducta es la adquisición del rol de enfermo.

La evaluación psiquiátrica de estos pacientes es necesaria en un 50% de los casos, normalmente cuando se sospecha la presencia de una enfermedad falsa. El psiquiatra es solicitado para que confirme el diagnóstico de un trastorno facticio.

En estas circunstancias es necesario evitar las preguntas acusatorias que pueden provocar la huida del paciente del centro asistencial. Estos sujetos suelen mostrar labilidad emocional, soledad, búsqueda de atención, y suelen establecer un buen rapport. Muchos casos suelen cumplir los criterios de pseudología fantástica. El examen psiquiátrico debe poner especial énfasis en la obtención de información fiable a través de un amigo, pariente, u otro informante, ya que las entrevistas con estas fuentes suelen revelar la falsa naturaleza de la enfermedad del paciente.

Las personas afectadas por el trastorno facticio con predominio de signos y síntomas físicos, típicamente son admitidas en el hospital con una historia aguda, pero no del todo convincente. Por lo general su actitud es evasiva y truculenta y puede revelarse que han sido atendidos en otros hospitales, a menudo causando el alta voluntaria.

El síndrome de Münchausen, definido por Richard Asher en 1951, es una forma grave y poco frecuente de trastorno facticio. Asher usó este término por la similitud existente entre las increíbles historias que se narran en las aventuras del Barón alemán en la obra de Rudolf Erich Raspe (1784) y la pseudología fantástica que caracteriza a muchos de estos pacientes. Se ha clasificado como un trastorno facticio con signos y síntomas predominantemente somáticos.

Denominado por Kraepelin como «timadores de hospitales», este trastorno también se ha  llamado con otras expresiones, entre otras: «adicción a los hospitales», «adicción poliquirúrgica», y «síndrome del paciente profesional » (Leamon y cols. 2000).

En 1977, el pediatra Roy Meadow, describe el síndrome de Münchausen por Poderes. Se parece mucho al síndrome de Münchausen, pero es una forma de abuso en la que la simulación, fabricación o exageración de la enfermedad se hace a través de víctimas inocentes, generalmente los hijos, que pagan en términos de enfermedad la patológica hipocondría de sus padres (o a veces otro adulto). El único propósito aparente de esta conducta del cuidador es asumir de forma indirecta el rol de enfermo.

El engaño puede incluir una historia médica falsa, la contaminación de muestras de laboratorio, la alteración de los resultados, o la inducción de heridas o enfermedades en el niño.

Pseudología fantástica

La mentira, como ya hemos comentado, es una actividad humana, frecuente y posiblemente universal. La forma más extrema del engaño patológico lo constituye la pseudología fantástica, en la que algunos hechos reales se entremezclan con fantasías muy elaboradas (Ford, 1996).

La pseudología fantástica la padecen aquellos sujetos que son mentirosos patológicos. Este cuadro clínico también es conocido como mitomanía.

El interés de la persona que escucha satisface al paciente y por tanto, refuerza el síntoma. No obstante, la distorsión de la verdad no se limita a la historia o a los síntomas de la enfermedad; los pacientes suelen ofrecer informaciones falsas sobre otras circunstancias de su vida.

Es un cuadro que aparece frecuentemente relacionado con el síndrome de Münchausen, y del mismo modo que sucede en este trastorno, el motivo es inconsciente. Schneider (1943) incluye a estos pacientes en el grupo de psicópatas necesitados de estimación.

Las mentiras en este cuadro pueden generar tal engaño, que dificultan la distinción de estos pacientes con los que padecen un cuadro delirante. De hecho Kraepelin (1896) incluyó a varios pacientes con delirios sistematizados bajo el epígrafe de pseudología fantástica, y Krafft Ebing (1886) empleó el término «paranoia inventada» para definir a los mentirosos patológicos y sujetos delirantes.

Estos sujetos suelen mostrar labilidad emocional, soledad, búsqueda de atención, y suelen establecer un buen rapport.

“El interés de la persona que escucha satisface al paciente y por tanto, refuerza el síntoma. No obstante, la distorsión de la verdad no se limita a la historia o a los síntomas de la enfermedad; los pacientes suelen ofrecer informaciones falsas sobre otras circunstancias de su vida (Kaplan 1998)”.

Neurosis de compensación

La neurosis de compensación es un término peyorativo, y controvertido que ha sido designado con otros epítetos poco halagüeños: neurosis situacional, neurosis de renta, neurosis  accidental, neurosis de billete, rentosis, enfermedad fingida inconsciente, enfermedad americana, enfermedad mediterránea o enfermedad griega (Enoch, 1990, Gunn 1995).

Surge cuando los síntomas se adquieren o prolongan inconscientemente, en asociación con una posible compensación.

Se han descrito tres tipos principales de síndromes postraumáticos que deben distinguirse: la neurosis postraumática (trastorno postconmocional), la neurosis de compensación y la enfermedad simulada.

Para Vallejo (1998) los términos simulación, neurosis de renta e histeria se emplean a menudo   de forma indiscriminada porque se introducen todos en el mismo contexto diagnóstico. En la neurosis de renta el paciente utiliza de forma no consciente su problema orgánico (accidentes, traumatismos, operaciones etc.) para reorganizar su vida obteniendo una ganancia secundaria a partir de su enfermedad, gracias a la cual puede abandonar sus obligaciones.

Se diferencia de la histeria en que en ésta la finalidad última está en el manejo afectivo del ambiente más que en su utilización material.

Tras una lesión orgánica aparece un menor daño psicológico si la lesión es aceptada como parte de un orden natural. Los sentimientos de enfado y resentimiento exacerban los síntomas físicos y psíquicos.

La simulación

La simulación se caracteriza por la producción y presentación voluntaria de síntomas físicos o psicológicos falsos o muy exagerados. En el DSM-V se indica que debe establecerse diagnóstico diferencial con los trastornos facticios basándose en que en la simulación la producción de síntomas busca un incentivo externo, en cuanto que en el trastorno facticio no hay incentivos externos, sino la necesidad de adquirir el rol de enfermo.

Los simuladores presentan síntomas subjetivos y vagos. Pueden quejarse agriamente, describiendo que los síntomas alteran su vida normal, y cómo son de perturbadores.

Suelen acudir a los mejores doctores, que son los más confiados (y quizá los más fáciles de engañar), y pagan de forma inmediata todas las visitas y exploraciones, incluso aunque sean excesivas, para impresionar a los médicos con su integridad.

La simulación puede ser una conducta adaptativa, por ejemplo, fingir una enfermedad estando preso.

El DSM-V señala que debe sospecharse siempre de una simulación cuando se detecta alguna de las siguientes combinaciones: contexto médico-legal de presentación (p. ej., la persona llega a un especialista médico por mediación de un abogado); marcada discrepancia entre las quejas o incapacidades aducidas por la persona, y los hallazgos objetivos; falta de cooperación durante la evaluación diagnóstica con el cumplimiento del régimen terapéutico y la presencia de un trastorno antisocial de la personalidad.

Antes de diagnosticar una simulación debe de realizarse siempre una completa valoración médica.

 

Engaño, enfermedades auto inflingidas y simulación
Vota este artículo!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.