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El pesimismo es un elemento muy presente en trastornos como la depresión o la ansiedad. Percibirlo todo de forma negativa y pensar todo saldrá siempre mal forma parte de una perspectiva muy común de ver el mundo cuando nos encontramos en condiciones depresivas. Este estado de ánimo y conducta pesimista puede llevarnos a encerrarnos en nosotros mismos y a dejar de soñar, ilusionarnos y no tomar decisiones positivas, comportamientos que forman parte de un ciclo de retroalimentación de negatividad y que alimentan una perspectiva de la vida basada en la desesperanza e indefensión, una perspectiva que forma parte de los trastornos depresivos y ansiosos.

El conflicto de aproximación-evitación

Científicos del MIT han detectado un área cerebral que está muy implicada en el desarrollo de este estado de ánimo pesimista. La científica Ann Graybiel, autora principal del estudio, explicaba el pasado mes en la revista Neuron: “Creímos que estábamos viendo un indicador de ansiedad, depresión o alguna combinación de ambos. (…) problemas psiquiátricos que son todavía muy difíciles de tratar para muchas personas que los padecen”.

Graybiel y su equipo habían investigado previamente un circuito neuronal que subyace a un proceso de toma de decisiones llamado el conflicto de aproximación-evitación. Este conflicto se basa en los procesos de valoración que llevamos a cabo sobre los distintos elementos que se presentan en una situación en la que debemos tomar una decisión.

Cuando tenemos que decidir sobre si realizar una acción o no, solemos valorar los aspectos positivos y los negativos de hacerlo. Cuando las recompensas de nuestra decisión son (o parecen ser) mayores que las pérdidas o perjuicios, solemos llevar a cabo la acción.

Por ejemplo, imagina que te proponen vivir una nueva aventura montando en kayak con varios amigos. Si piensas que lo vas a pasar tan bien y vas a reír tanto que cualquier percance sería muy pequeño, seguro que aceptarías el reto y vivirías la aventura. Si por el contrario pesan más en ti los elementos negativos y crees que vas a pasarlo mal, mojarte e incluso a caerte al agua, probablemente la evites.

Tomar este tipo de decisiones provoca un alto estrés que, según los investigadores, cuando se vuelve crónico afecta a la toma de decisiones, llevando a las personas y animales a elegir las opciones de mayor riesgo. Por otro lado, se sospechaba que la toma de decisiones en personas que sufren síntomas depresivos estaría sesgada por los sentimientos pesimistas y resultarían negativas.

Los resultados de la investigación

En el estudio de Graybiel, los científicos trataron de comprobar cómo los patrones de pensamiento negativos que sufrían personas con depresión y ansiedad, afectaban a las tomas de decisiones.

Para ello, presentaron a roedores una situación en la que tenían que elegir entre beber un jugo que les gustaba (estimulo positivo) y a la vez recibir un soplo de aire en la cara (estímulo negativo) o evitar las dos situaciones. Para ello, los animales necesitaban analizar los costos y los beneficios de tomar una decisión u otra, mientras las condiciones iban cambiando en cada prueba: si el jugo les gustaba más de lo que les molestaba el soplo de aire, aceptaban. Pero si la recompensa no era lo suficientemente buena, la rechazaban.

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Durante el experimento, los investigadores estimularon el núcleo caudado de los animales y comprobaron cómo ahora estos rechazaban tomar decisiones que antes habían aceptado. El cálculo costo-beneficio se había sesgado al estimular esta zona del cerebro y ahora los animales se centraban más en las consecuencias negativas de tomar una decisión, que en las recompensas que podrían obtener.

El núcleo caudado, implicado en el pesimismo

Gracias a el estudio llevado a cabo por Graybiel y su equipo se ha hallado que, al estimular una zona concreta del cerebro, concretamente el núcleo estriado, eran inducidos sentimientos de pesimismo. Estos resultados pueden ser muy beneficiosos para comprender algunos de los efectos bloqueantes de la depresión o la ansiedad y así poder desarrollar nuevos tratamientos para paliar los síntomas.

El núcleo caudado es una estructura cerebral que forma parte del cuerpo estriado junto al núcleo accumbens y el putamen. También forma parte de los ganglios basales y tiene grandes implicaciones en procesos cognitivos como la memoria o el aprendizaje, así como la motivación y el movimiento entre otros. El núcleo caudado se conecta al sistema límbico que además de regular el estado de ánimo, envía información a las regiones motoras del cerebro y a las productoras de dopamina, un neurotransmisor muy importante para nuestras sensaciones de bienestar y recompensa entre muchas de sus funciones.

Tras estos resultados, ahora Graybiel comienza a estudiar con su equipo la actividad del núcleo caudado de personas que sufren de depresión, mientras realizan actividades de toma de decisiones. Los científicos tratan de hallar alguna anomalía que pueda hacernos comprender un poco más sobre esta condición. Según las imágenes de resonancia magnética estas anomalías están siendo halladas en dos regiones de la corteza prefrontal medial que están conectadas al núcleo caudado. Esperemos que estos importantes hallazgos y los que les sucedan puedan ayudarnos a comprender y eliminar esta problemática que afecta a tantos miles de personas.

Referencias

https://www.cell.com/neuron/fulltext/S0896-6273(18)30596-8
http://www.frontera.info/EdicionEnLinea/Notas/CienciayTecnologia/14082018/1364466-Encuentran-parte-del-cerebro-que-es-responsable-del-pesimismo.html
https://newatlas.com/neuroscience-pessimism-negative-decision-brain/55840/

Encuentran un área del cerebro encargada del pesimismo
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