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La asertividad es un estilo de comunicación que permite expresar pensamientos, sentimientos y opiniones en el momento oportuno, de manera desenvuelta, sin experimentar nerviosismo, considerando los derechos de uno y de los demás.

Se trata de expresar deseos y sentimientos, tanto placenteros, de una forma directa, sin negar o menospreciar los derechos de los otros y sin crear o sentir inhibición o ansiedad desadaptativa (que impida relacionarse con los demás).

Diferenciar entre la aserción, la agresión y la sumisión, tres diferentes formas de reaccionar que analizaremos más adelante.

Defenderse, sin agredir ni ser pasivo, frente a conductas de otros que consideramos poco cooperadoras, inapropiadas o poco razonables.

Estar conscientes de que tenemos derechos y debemos respetarlos, para no dejarnos avasallar como personas.

La sumisión y la agresividad

Una persona sumisa, sin darse cuenta, va guardando sensaciones de frustración por no haber podido expresar lo que quería. Así es como se va llenando de malestares e incomodidades consigo mismo, hasta que la presión interna puede alcanzar tal nivel, que un estímulo, que en otras ocasiones no le habría afectado en lo mas mínimo, como una simple mala cara o una momentánea falta de atención, puede desembocar en una reacción impulsiva violenta, y el que la recibe puede sentirse profundamente herido en su autoestima.

Cuando afirmamos que la asertividad implica decir lo que se siente o se piensa en el momento y de la forma adecuada, precisamente sostiene que esta conducta trata de evitar desenlaces como el descrito anteriormente.

La importancia de nuestros pensamientos

Los pensamientos o cogniciones y la importancia que tienen en nuestras conductas  o estados de ánimo afectan a las personas que tenemos a nuestro alrededor. Es como si las cogniciones las fuéramos almacenando en una especie de caja negra, que existe en nuestra mente. Son el procesamiento interno de la información que tenemos todos y que pueden adoptar al menos una de estas modalidades: autoverbalizaciones, imágenes y olores.

Estas cogniciones o tipos de pensamientos se van conjugando y finalmente, por economía mental, se van conformando en esquemas mentales, instaurados firmemente y la mayoría de las veces sin ser cuestionados por quien los posee. Ellos pueden ayudarnos a ver y a actuar en la vida de manera asertiva o por el contrario perjudicarnos y debilitar nuestra autoestima, haciendo que nos comportemos de manera sumisa e insegura.

Así es como nos topamos con las profecías autocumplidas, las que están dadas por pensamientos o ideas irracionales que acompañan a todas las personas y pueden identificarse fácilmente por su gran cantidad de absolutivos semánticos (frases que suenan como verdades absolutas). Por ejemplo, Nunca puedo hacer nada bien, o las personas siempre se aburren conmigo. En general son ideas tremendamente castigadoras y dañinas para con uno mismo, ya que se filtran silenciosamente en el pensamiento y no las cuestionamos; esto conduce a un desenlace previsto, en el sentido negativo o inhibidor de la conducta.

Si cada vez que cometemos un error o nos equivocamos, nos decimos internamente, soy un/a tonto/a, poco a poco nos vamos creyendo personas menos aptas en relación con otras y sobre todo, generamos una vivencia interior de menoscabo o desvalorización personal.

Este tipo de ideas puede combatirse con éxito. Para ello es necesario reestructurarse cognitivamente o dicho de otra manera, cambiar los chips psicológicos.

Referencia bibliográfica

La inteligencia asertiva. Javiera de la Plaza

¿En qué consiste ser asertivo?
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