voyeurismo

El voyeurismo es una práctica en la que se siente excitación sexual observando a otras personas sin que éstas tengan conocimiento (no siempre es necesario que esas personas estén haciendo algo sexual).

¿Qué es exactamente el voyeurismo y cuál es su origen?

La palabra voyeur viene del francés, del verbo voir (ver) y el sufijo (-eur). De modo que, la palabra voyeur significa, literalmente “el que ve”, así que no deja mucho lugar a equívocos. El voyeurismo está totalmente relacionado con el acto de mirar,

Desde el ámbito clínico, se considera que el voyeur es una persona que obtiene excitación sexual observando a personas sin ropa o que están realizando alguna actividad sexual.

Es importante mencionar que el voyeur no tiene por qué realizar ninguna actividad sexual posteriormente. En algunos casos, el voyeur puede masturbarse viendo la escena en cuestión, pero no es eso lo que le define como voyeur, sino la excitación viendo dicha escena.

El voyeurismo se puede considerar una parafilia, y, en algunos casos extremos, se le puede considerar un trastorno. El trastorno de voyeurismo es, básicamente, la parafilia del voyeurismo mal llevada.

Es decir, mientras que un voyeur que tiene esta parafilia de forma sana puede obtener esa excitación sin mayores problemas, aquel que sufre el trastorno de voyeurismo experimenta un malestar significativo por tener esos deseos e impulsos, pero, a la vez, no los puede refrenar.

Entonces… ¿Es peligroso?

No. El voyeurismo en sí mismo no es peligroso, y, de hecho, el deseo de observar a otras personas desnudad o teniendo relaciones sexuales es muy frecuente, por lo que ni siquiera se puede considerar algo anómalo en sí mismo.

Lo que sí es peligroso es el trastorno de voyeurismo, porque implica una serie de problemas psicológicos que afectan negativamente al nivel de vida de quien lo padece. Es decir, lo peligroso es que esta práctica se convierta en un algo patológico.

La relación entre el voyeur y el exhibicionista

Como hemos dicho antes, el voyeurismo no requiere de ninguna acción adicional por parte del voyeur. Sin embargo, sí es cierto que, en no pocas ocasiones, la práctica del voyeurismo va unida a la práctica exhibicionista.

Es frecuente, por ejemplo, el voyeur que se esconde entre arbustos y se masturba mientras ve a una pareja teniendo sexo o a mujeres haciendo topless en la playa. En este caso, se da tanto el voyeurismo como el exhibicionismo. El riesgo de ser descubierto, en este caso, aumenta la excitación.

La falta de consentimiento

Llegados a este punto, alguien podría pensar: “Bueno, pero es que yo también me excito viendo a una persona desnuda”. Y aquí hay que mencionar un aspecto fundamental y que marca la diferencia entre el que es voyeur y el que no lo es: La ausencia de consentimiento.

Lo que excita al voyeur no es solo la visión de un cuerpo desnudo, sino el hecho de que esa persona no ha dado su consentimiento para verla en esas condiciones. Es por ello que no toda persona es voyeur por el simple hecho de disfrutar y excitarse viendo un cuerpo desnudo.

El tratamiento del voyeurismo

De lo que hemos ido diciendo anteriormente, se deduce que no todos los voyeurs necesitan tratamiento. Las personas para las que su voyeurismo se convierte en un trastorno son las menos, por lo que, en la mayoría de casos, no es necesario ningún tratamiento.

Sin embargo, en el caso de que exista ese trastorno, sí es necesario un tratamiento, que consistirá en psicoterapia con asistencia a grupos de apoyo y el uso de algunos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina.

Estos últimos medicamentos permiten paliar los actos compulsivos de mirar. En casos extremos puede que sea necesario utilizar medicamentos antiandrógenos, que son medicamentos que reducen los niveles de testosterona e inhiben la libido.

Como puedes suponer por lo que implica tomar este tipo de medicamentos, son pocas las personas que quieran someterse a este tipo de tratamientos (incluso cuando sean conscientes de que padecen el trastorno voyeurista, y no solo sean voyeurs funcionales).

En la mayoría de casos, el voyeur acaba aceptando estos tratamientos porque ha sido detenido por exhibicionismo o acoso sexual y derivado a un centro psiquiátrico.

En cualquier caso, este último tratamiento basado en la reducción de la testosterona es tan agresivo que requiere el consentimiento informado del paciente y un seguimiento de la función hepática y de las concentraciones séricas de testosterona.

El voyeurismo es una práctica que, aunque no es de las más frecuentes que existen, sí se da con bastante frecuencia (aunque solo una pequeña minoría llega a desarrollar comportamientos patológicos relacionados con ella).

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