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¡Insectos, cientos de insectos recorren mi cuerpo!¡Qué alguien haga algo! ¿Os imagináis cómo os sentiríais si un número incontable de insectos estuvieran por todo vuestro cuerpo? ¿Y qué pasaría si no hubiera forma de quitároslos de encima? Esta extraña, incómoda y desagradable sensación es la que sienten aquellos que padecen el Síndrome de Ekbom.

A lo largo del artículo se abordará en qué consiste, las diferentes clasificaciones, las posibles causas y los tratamientos que resultan más eficaces. Sin duda, se trata de un síndrome que aunque parezca inocuo, aquellos que lo padecen pueden llegar a ser capaces de rascarse tal forma que, literalmente, se arrancan la piel. Así pues, requiere de un estudio serio ya que sus efectos van más allá de una simple sensación de insectos en el cuerpo.



¿En qué consiste el Síndrome de Ekbom?

Como definen Munoz y Bayona (2015) en su artículo “Síndrome de Ekbom: a propósito de un caso” este síndrome, también llamado delirio de parasitosis, “es un subtipo infrecuente de trastorno delirante en el cual la persona mantiene la firme convicción, a pesar de la evidencia de lo contrario, que está infectada por organismos vivientes como parásitos, bacterias, virus, insectos y gusanos”.

Los autores añaden que este síndrome “se acompaña por lo general de alucinaciones táctiles y/o visuales y el deterioro en el funcionamiento de quien las padece puede llegar a ser muy marcado”. De esta forma, el paciente hará todo lo posible para desprenderse de los supuestos insectos y parásitos pudiendo llegar a autolesiones graves.

DSM-V: Trastorno delirante

Según el DSM-V, los trastornos delirantes cumplen cinco requisitos:

  1. Presencia de uno (o más) delirios de un mes o más de duración.
  2. Nunca se han reunido síntomas del criterio anterior para la esquizofrenia.
  3. El funcionamiento del sujeto no está muy dañado y su comportamiento no es muy extraño o extravagante.
  4. Si se han producido episodios maníacos o depresivos mayores, han sido breves en relación con la duración de los períodos delirantes.
  5. El trastorno no se puede atribuir a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia o a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental, como el trastorno dismórfico corporal o el trastorno obsesivo compulsivo.

Se debe especificar si existe algún subtipo. En este caso se trata de tipo somático, que se aplica cuando el tema central del delirio implica funciones o sensaciones corporales.

“Al intentar matar a este supuesto parásito pueden llegar a la aplicación tópica de medicamentos, enemas o ingestión de diversas sustancias (insecticidas, detergentes, solventes, gasolina, remedios caseros).

-Karla Moreno-

Cabe destacar que en este caso, aunque el síndrome se trate de un trastorno delirante, no acaba de cumplir del todo el criterio número tres. Esto es, el paciente sí puede ver su vida alterada de forma notable por la conducta que lleva a cabo. Algunos autores afirman que puede llegar al suicidio.

Diferentes clasificaciones

El equipo de Karla Moreno (2007), en su artículo el “Síndrome de Ekbom”, destacan dos tipos de clasificaciones. Por un lado, una de ellas se basa en la localización del parásito:

  • Ectoparasitaria. El paciente afirma sentir la sensación en la piel.
  • Endoparasitaria. En este caso la sensación se encuentra en órganos internos y orificios.
  • Formas mixtas.

La segunda clasificación se basa en la fisiopatogenia:

Aspecto Primario

En este caso no existe una causa orgánica o psiquiátrica. Presencia de psicosis hipocondriaca monosintomática. Se trata de un delirio monotemático único y fijo, con ausencia de esquizofrenia y de trastorno afectivo primario o trastorno mental orgánico con personalidad conservada y sin datos que respalden el deterioro psicótico.

Aspecto Secundario

En el aspecto secundario encontramos diferentes características: orgánico, tóxicos o medicamentos y psiquiátrico o funcional.

Orgánico

El aspecto orgánico se debe a la consecuencia de diferentes enfermedades entre las que encontramos:

  • Enfermedades neurológicas: Parkinson, corea de Huntington, insuficiencia cerebrovascular, demencia vascular, esclerosis múltiple, accidentes cerebrovasculares, tumores del SNC y traumatismo craneoencefálico.
  • Meningitis, sífilis, encefalitis, lepra, tuberculosis, infección por VIH.
  • Enfermedades endocrinas: Diabetes, hipertiroidismo, hipotiroidismo y panhipopituitarismo.
  • Tumores sólidos, linfomas, leucemias.
  • Lupus eritematoso sistémico, artrisis reumatoide, enfermedad de Behcet.
  • Hiperbilirrubinemia.
  • Trastornos nutricionales: Ácido fólico, nicotinamida, déficit de vitamina B12.
  • Enfermedades cardiovasculares: Insuficiencia cardíaca, arritmias.

Tóxicos o medicamentos

  • Abuso de sustancias: Cocaína, alcohol, anfetaminas.
  • Medicamentos: Amantadina, IMAO, clonidina, corticoesteroides, ciprofloxacina, captoplil, bleomicina, fenelcina.

Psiquiátrico o funcional

  • Ansiedad.
  • Trastornos de personalidad.
  • Esquizofrenia.
  • Trastornos afectivos.
  • Oligofrenia o demencia.

Causas

Las causas fisiológicas de este síndrome todavía están en fase de estudio. Aún así, poco a poco, se está arrojando luz sobre lo que se esconde detrás del síndrome. Munoz y Bayona (2015), relatan que existen evidencias para diferenciar las causas de la forma primaria de la secundaria. Según los autores, alteraciones en el gen HLA 03 y en el circuito-fronto-estriado-tálamo-parietal, podrían estar detrás de este síndrome.

Por otro lado, describen que los pacientes con el síndrome de Ekbom primario “presentaban un patrón anormal del volumen de la sustancia gris en regiones frontal lateral y medial, temporal lateral y medial, poscentral y precentral, parietal inferior, insular, en el tálamo y en algunas regiones del cuerpo estriado”. Los pacientes con el síndrome de Ekbom secundario parecen presentar anomalías en la sustancia blanca.

Tratamiento

Rodríguez-Cerdeira, Telmo y Arenas (2010), en su artículo “El Síndrome de Ekbom: un trastorno entre la dermatología y la psiquiatría” abordan el tratamiento. Afirman los efectos más eficaces se han conseguido a través de los antipsicóticos. El más usado, según los autores, es la pimozida de 1-5 mg/día. Aseguran que en dosis más altas sería más efectivo, pero se correría el riesgo de que sucedan efectos extrapiramidales (problemas de movimiento y control muscular del cuerpo).

El equipo de Karla Moreno (2007) detalla que “recientemente se han administrado antipsicóticos atípicos como risperidona, olanzapina, quetiapina o sertindol, los cuales causan menos efectos adversos y son más tolerados”. Al mismo tiempo, aseguran que “otros medicamentos de utilidad son: haloperidol, doxepina, antidepresivos tricíclicos y los inhibidores de la recaptación de la serotonina”.

Bibliografía

  • American Psychiatric Association. (2013). DSM-V. Manual diagnóstico y estadísticos de los trastornos mentales. Editorial Médica Panamericana.
  • Caballo, V., Salazar, I. y Carrobles, J. (2014). Manual de psicopatología y trastornos psicológicos. Madrid: Ediciones Pirámide.
  • Interiano, J. y Reyes, E. (2016). Síndrome de Ekbom. Revista hondureña del posgrado de psiquiatría, 10, (1), 31-36.
  • Moreno, K., Ponce, R., Narváez, V. y Ubbelohde, T. (2007). Síndrome de Ekbom. Dermatología Revista Mexicana, 51, 51-56.
  • Munoz, H. y Bayona, L. (). Síndrome de Ekbom: a propósito de un caso. Revista Colombiana de Psiquiatría, 44, (1), 1-72.
  • Rodríguez-Cerdeira, C., Telmo, J. y Arenas, R. (2010). El síndrome de Ekbom: un trastorno entre la dermatología y la psiquiatría. Revista Colombiana de Psiquiatría, 39, (2), 440-447.
El síndrome de Ekbom: ¡tengo insectos por todo el cuerpo!
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