Conoce como repercute el acumular cosas en tu calidad de vida. Persuasum

¿Qué es el Síndrome de Diógenes?

El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento en el que la persona afectada muestra un total abandono de su cuidado e higiene personal y de su entorno inmediato, acumulando grandes cantidades de desperdicios y basura, además de aislarse de forma voluntaria en su hogar. También se le conoce como un trastorno o enfermedad emocional ambivalente que se expresa en la relación disfuncional de apego con los objetos, los animales, los lugares y los recuerdos.


El nombre, inicialmente fue asociado al filósofo griego de la época de Aristóteles, Diógenes de Sinope (412 a.C.- 323 a.C.) quien se dice que vivía como vagabundo en Atenas, de forma austera, en un barril como casa y rodeado de animales.

Desde la propuesta original del Síndrome en 1975, se le conoce también con el nombre de “Síndrome de Acumuladores Compulsivos”.

  • Acumulación: Compulsión característica del trastorno obsesivo-compulsivo que implica la recolección persistente de objetos inútiles o triviales (por ejemplo, periódicos viejos, basura, revistas) y la incapacidad para organizarlos y desecharlos. La acumulación de objetos (por lo general en pilas) da lugar a la obstrucción del espacio habilitado, ocasionando incomodidad o deterioro de la función. Cualquier intento de los demás por animarlos a descartar sus reservas les ocasionan ansiedad extrema (APA, 2010, p.7).

Sin embargo, de manera más precisa este síndrome por su; etiología, signos y síntomas, se le ha denominado más adecuadamente “Trastorno de Déficit Organizativo”. Vale la pena recordar que un trastorno agrupa un conjunto de síntomas que involucra conductas, comportamientos o condiciones fisiológicas “anormales” que causan una molestia; leve, persistente o muy intensa y que altera el funcionamiento biopsicosocial de quien lo padece.

Etiología

Acumular es una conducta de los animales y los seres humanos

Es un síndrome de etiología múltiple como se puede observar.

En el reino animal es común que algunas especies acumulen cosas. Las curiosas ardillas, por ejemplo, son previsoras y en diversos puntos de su entorno esconden: nueces, avellanas o semillas. Mismas que después olvidan y en beneficio de la naturaleza hacen brotar árboles y frutos que posteriormente germinan.

Bajo esta primera denominación del Síndrome de Diógenes, cada uno de nosotros llevamos un acumulador potencial interno: en la cocina almacenamos; diferentes tipos de alimentos, trastes, electrodomésticos y más. También lo hacemos con el dinero, los pensamientos sanos y tóxicos, e incluso hoy con las redes sociales, nos gusta acumular amigos o conocidos virtuales y presenciales. Sin embargo, difícilmente esto nos incapacita para disfrutar nuestra vida.

La predisposición para acaparar, no sólo se encuentra profundamente arraigada en la historia evolutiva humana, sino también en nuestra estructura cerebral. Ya en 1973, los neurólogos John Blundell y Jac Herberg, del Instituto Londinense de Neurología, demostraron que en los animales el instinto de acumulación se originaba aparentemente en las zonas cerebrales subcorticales, es decir, en las áreas situadas por debajo de la corteza cerebral y que son filogenéticamente antiguas. Posteriormente, los neurocientíficos Hanna y Antonio Damasio, de la Universidad del Sur de California en los Ángeles, creen que el impulso de los afectados por el Síndrome de Diógenes a acumular cosas potencialmente útiles surge en las mismas regiones cerebrales que el dirigido al acopio de los alimentos en el caso de los animales de laboratorio. Normalmente este impulso es inhibido por la corteza prefrontal, una parte del cerebro frontal, o al menos ajustado a lo que se considera socialmente aceptable. El trastorno podría deberse, por tanto, a un daño en esa región cerebral (Marschall, 2010, p. 59).

Otro ángulo más, es el relacionado con la formación cognitiva de categorías

La elaboración compleja de formar categorías en nuestra vida cotidiana, parte de entidades llamadas conceptos y suben cognitivamente a nivel de categorías conocidas o no conocidas. Un concepto es algo bien definido y con propiedades bien definidas que comparten en el conjunto al que pertenecen. De ahí que un perro es distinto de una silla, y dentro del concepto de documentos podemos distinguir en un orden jerárquico la importancia que tiene un título escolar o una hoja suelta donde apuntamos de emergencia un teléfono.

De la misma manera, bajo una orientación cognitiva podemos identificar los conceptos más representativos de una categoría, dependiendo del contexto. El principal supuesto teórico de esta orientación Psicológica es que: actuamos de acuerdo, a lo que pensamos. Así, en el concepto de comida navideña, muchos de nosotros podemos pensar en el delicioso “pavo horneado”. Vamos formando también categorías con los conceptos y las variaciones que presentan de acuerdo a sus características.

En la categoría de sillas o de perros, los podemos diferenciar claramente y podemos identificar una cantidad enorme de sillas y de nuestros amigos peludos, justo por las características de cada uno dentro de su categoría.

Las categorías tienen diferentes grados de abstracción e inclusividad, y se relacionan entre sí constituyendo sistemas jerárquicos que se denominan taxonomías. Al margen de las clasificaciones científicas, que son muy articuladas, las taxonomías populares suelen tener tres niveles de abstracción:

  • Las categorías básicas: corresponden a los objetos de nuestro mundo perceptivo. Por ejemplo; mesa, perro y lápiz.
  • Las supraordinadas: en este nivel que incluye a las categorías anteriores tenemos; muebles (mesa), mamíferos (perro) o utensilios (lápiz).
  • Las subordinadas: este nivel descriptivo considera elementos de inclusividad y abstracción: mesa de cocina, perro danés y lápiz del número uno (De Vega, 1992, p. 327).

En la precisión del también llamado: “Trastorno de Déficit Organizativo” encontramos una serie de características que les imposibilita llevar a cabo esta identificación de conceptos y por ende de categorías a quién lo padece. Evidentemente también se contempla una grave dificultad para almacenarlos de manera práctica todos los objetos acumulados.

El papel de las relaciones de apego con los objetos, las personas los lugares y las ideas

Marschall (2013) señala que los pacientes padecen un severo desorden, un caos de almacenamiento en la casa, con una dependencia hipersentimental a los bienes que ahí se encuentran, se presenta un aislamiento a nivel social. Con alteraciones a nivel de la corteza prefrontal cerebral, que si bien es la encargada; de planear, almacenar y tomar decisiones, entre otras cosas. Produce conductas de acumulación pero que no permite a los sujetos separase de objetos útiles o inútiles (Marschall, 2010, p. 56).

El impacto de los acontecimientos de la vida cotidiana

En los psicotraumas producto de la interacción social, son personas que han pasado por pérdidas importantes en su vida (pareja, trabajo, amigos o relaciones significativas relacionadas con personas, lugares, ideas u objetos) y una manera de protegerse del medio es acumulando. Si los padres tienen esta condición es muy probable que los hijos terminen teniéndola, debido al aprendizaje vicario o de imitación.

Los rasgos de personalidad

Con respecto a los rasgos de personalidad suelen ser personas paradójicamente perfeccionistas (que tratan de ordenar el caos en la casa y nunca terminan de empezar a ordenar) y obsesivas (acumulando más y más). Y, con apegos disfuncionales que no les permite desprenderse de objetos inútiles acumulados.

La presencia de otras condiciones mentales del paciente

La comorbilidad o presencia de otras condiciones mentales de salud, facilita también su presencia como en el caso de antecedentes de: depresión, esquizofrenia, demencia senil, angustia, trastorno de ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo y déficit de atención entre otras.

El punto de vista de la genética

Existe la presencia de un gen acumulador, unos psiquiatras de la Universidad John Hopkins analizaron en 2007 el genoma de acumuladores compulsivos y de sus familiares. En ambos grupos los investigadores encontraron una anomalía del cromosoma 14 que posiblemente sea un factor de riesgo para la aparición de este (Marschall, 2010, p. 61).

El caos en el que se convierte la vivienda

Convierten la casa en un sitio inhabitable, llena de objetos y al mismo tiempo peligrosa e insalubre por el grado excesivo de acumulación. Podemos identificar dos grandes tipos de objetos apilados:

  • Orgánicos: animales vivos y muertos (perros, gatos, canarios, serpientes, roedores, cucarachas y más), comida (almacenada, preparada, echada a perder, alimento para animales),
  • Inorgánicos: trastos, bolsas de todo tipo, basura, periódicos, libros, revistas, envoltorios, botellas (vidrio, plástico), bolígrafos, fotos, útiles de la infancia, electrodomésticos servibles e inservibles (refrigeradores, tostadores, autos, televisores, teléfonos, aspiradoras), juguetes y más, todo ello con la posibilidad de darles un uso futuro y sin la posibilidad de desprenderse de ellos, aun cuando representen un foco de infección o riesgo sanitario para ellos mismos y los vecinos.

Signos y síntomas principales

A continuación, se presentan algunos de los principales síntomas y signos:

Síntomas

  • Incapacidad para planear, organizar (categorizar y archivar) y en su caso desechar los objetos acumulados.
  • Imposibilidad de establecer fronteras categoriales para identificar lo servible o lo inservible o no distinguir entre documentos realmente importantes o las viejas guías telefónicas.
  • Inversión exagerada de tiempo en clasificar los objetos de la casa sin avance alguno.
  • Vivir en condiciones de riesgo sanitario.
  • Pérdida de control en la acumulación.
  • Si tienen animales, presentan una distorsión cognitiva pensando que les pueden cuidar dándoles amor, pero cuyo resultado es tenerlos en condiciones de hacinamiento.
  • Hábitos de higiene y alimentación inadecuados.
  • Por la acumulación de basura y elementos que pueden incendiarse, ser un alto riesgo para sí mismos y para los demás.
  • Experimentar rechazo social por parte de amigos, vecinos o familiares. Viven su vida, en peores circunstancias que los pacientes con otros padecimientos mentales (esquizofrenia o demencia senil, por ejemplo) por el hecho de convertir la casa y todas sus habitaciones en un sitio nauseabundo e inhabitable.

Signos

Sentir vergüenza ante la posibilidad de que personas cercanas se enteren del estado en el que viven. Y, no siendo conscientes de su conducta de acumulación (Marschall, 2010; Cuídate, 2016; De la Serna, 2017).

Aunque los síntomas pueden ser observados desde afuera por los familiares o vecinos de la comunidad. En mi punto de vista el signo más importante viene de la vergüenza que siente el paciente si quienes le conocen se enteran de las condiciones en las que vive. Sin embargo, esto corresponde a tomar consciencia por él mismo que tiene un problema y difícilmente son conscientes de ello.

Tratamiento

Dependiendo de la gravedad del paciente, se requiere:

  • Terapia cognitivo conductual.
  • La intervención interdisciplinaria: médica, neurológica, psiquiátrica y de trabajo social.
  • Así como el apoyo social de la familia y/o amigos.
  • En los casos más graves, es necesario el internamiento de una clínica especializada en el tratamiento de los padecimientos mentales.

Bibliografía

APA (2010) APA Diccionario conciso de Psicología, México, Editorial el Manual Moderno.

Cuídate (2016) Síndrome de Diógenes, consultado el 20 de septiembre del 2019, en red: https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/psiquiatricas/sindrome-diogenes.html

De vega M. (1992) Introducción a la Psicología Cognitiva, México, Editorial Alianza.

Marschall J. (2010) El Síndrome de Diógenes, Revista Mente y Cerebro (Investigación y Ciencia), Mayo-Junio No. 42, Barcelona, Editorial Prensa Científica.

Wikipedia (2019) Síndrome de Diógenes, consultado el 20 de septiembre del 2019, en red: https://es.wikipedia.org/wiki/Síndrome_de_Diógenes

Juan Antonio Barrera Méndez
Psicólogo terapeuta individual y de pareja. Ha sido, durante más de 16 años, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (México D. F.) en el área de Psicología. Participa como conferenciante en su país y el extranjero, también destaca como especialista en televisión, radio y otros medios. Es escritor de varios libros.

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