postureo

Las redes sociales se han hecho un hueco indiscutible en nuestras vidas con alrededor de 3.000 millones de personas, el 40% de la población mundial, haciendo uso de ellas. Las estadísticas estiman que pasamos una media de dos horas al día inmersos en las actividades que las redes nos brindan y que solemos chequear nuestros teléfonos móviles alrededor de 28 veces al día.

Todos estos cambios han creado nuevas formas de relacionarnos y de interactuar los unos con los otros, así como de mostrarnos ante los demás y echar abajo las puertas de nuestra intimidad en cualquier momento. Y esto ha dado alas a un fenómeno popularmente conocido como el postureo, un tipo de comportamiento muy extendido en las redes y que puede acarrear ciertas consecuencias psicológicas si no se lleva a cabo con ciertas dosis de realismo.

¿Qué es el postureo?

La palabra “postureo” hace alusión a un término que se utiliza coloquialmente desde hace pocos años, para referirnos a un tipo de comportamiento concreto que está totalmente motivado por las apariencias y por la necesidad de aprobación. Es una actitud en la que solo mostramos aquello que queremos aparentar y que puede recaer en la falta de sinceridad y en la superficialidad.

La razón de ser del postureo no es nada más que la necesidad de proyectar aquello que creemos que nos va a beneficiar con algún tipo de reconocimiento, aunque a veces lo que proyectamos pueda llegar a ser deshonesto al no corresponderse con nuestra realidad o estado de ánimo. Todos tratamos de dar una buena imagen ante los demás y en alguna que otra medida podemos caer en cierto tipo de postureo; no hay nada malo en mostrar nuestra mejor cara, siempre que esto no se convierta en una obsesión y no nos perjudique.

¿Qué consecuencias psicológicas puede traer el postureo?

Mientras se haga uso de este como algo divertido y casual, el postureo no tiene por qué traer consecuencias negativas. Es cuando nos obsesionamos por obtener ese feedback constante de reconocimiento, cuando el postureo se convierte en algo peligroso y adictivo. Mostrar nuestra mejor cara cuando tenemos un mal día, postear fotos de un viaje en el que ni siquiera lo hemos pasado bien, o más allá, desarrollar problemas alimenticios para exhibir un físico perfecto en redes sociales, como moneda de cambio para recibir aprobación y admiración es algo que podemos comprobar diariamente en cualquier red social y que puede generar ansiedad, obsesión y problemas de autoestima, entre muchos otros trastornos.

También afecta a quienes lo consumen

El postureo no sólo puede perjudicar a aquellos que lo llevan a cabo, sino al público del que se nutre y que lo consume a diario. Es común, en redes sociales como Instagram, percibir imágenes de vidas perfectas, llenas de felicidad, con físicos que se alejan de lo común, viajes, comidas de ensueño y esa perfección que el postureo persigue. Esto hace muy probable que muchos de los que se ven influenciados por ello, cuestionen su propia vida e imagen, comparándose y sintiendo que su autoestima se ve cada vez más perjudicada. Además pueden caer en la misma trampa en forma de espiral y tratar de mostrar una realidad ficticia, para compensar esta falta de autoestima: el postureo llama al postureo.

Así lo explica con un claro ejemplo este vídeo que muestra exactamente la otra cara del postureo, la de la soledad, la insatisfacción y el aislamiento; la de la necesidad de conseguir ese refuerzo en forma de likes. Un refuerzo que dura poco y engancha demasiado.

Las investigaciones comienzan a estudiar el impacto de las redes sociales

Dado que las redes sociales son relativamente nuevas, aún existen pocos estudios académicos sobre redes sociales y salud mental, sin embargo, algunos trabajos ya concluidos reflejan esta realidad con la que convivimos. Es el ejemplo de la investigación llevada a cabo por la Universidad de Copenhague en la que se encontró que, de entre 1095 participantes, aquellos que más conectados estaban a redes como Facebook, se sentían más infelices y afectados por la envidia que los que estaban alejados de ellas.

También fueron claros los resultados del estudio llevado a cabo por la Real Sociedad para la Salud Pública de Reino Unido, del que hablábamos recientemente, en el que se mostraba como Instagram, la red social reina del postureo por excelencia, se percibía como la peor plataforma social para nuestra salud mental, ya que es más propensa a generar baja autoestima, si no se usa con conciencia y autocontrol.

Si deja de ser divertido, se convierte en problemático

Estamos saturados de información, las redes sociales nos invaden con noticias de personas que a veces no conocemos, pero a la vez pueden llegar a aislarnos de los demás. En este contexto, es normal que tratemos de destacar y de encajar. Pero sin cierta moderación y grandes dosis de realismo y seguridad en nosotros mismos, las redes sociales pueden volverse ciertamente dañinas. Tratando de ser reconocidos por los demás, caemos en una espiral de exhibicionismo que puede llegar a convertirse en una auténtica obsesión, la obsesión por ser admirados por otros y mostrar una apariencia ficticia, sea nuestra vida real tan satisfactoria o no.

En caso de que el divertido postureo, comience a mostrar su otra cara, tanto para el creador de este contenido como para el que lo consume, es importante preguntarnos a nosotros mismos por qué necesitamos la atención superficial de los demás y si es eso lo que verdaderamente nos hará felices o lo es más aceptarnos a nosotros mismos, con nuestros defectos, nuestros malos días y nuestra imperfección, sin esa necesidad impuesta de aprobación constante.

El postureo y sus implicaciones psicológicas
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