Primeros tratamientos a los enfermos mentales

En 1656, por medio de un Decreto Real, se crearon en Francia los “Hospitales Generales”. A diferencia de lo que nos indica su nombre, no se trataba de establecimientos médicos, sino estructuras administrativas con estatuto semijurídico que le otorgaba autonomía legal por fuera de los tribunales ordinarios para decidir la detención de personas consideradas antisociales. El artículo XII establecía que tenían poder de autoridad, detención, administración, policía, jurisdicción, corrección y castigo. Como resultado de esto, cientos de personas con sufrimiento mental fueron secuestradas por la policía por orden de los directores de los Hospitales Generales y recluidas sin juicio previo. En este sentido estaban en peores condiciones que los presos, ya que no tenían derecho a defensa y no era necesaria una sentencia para que fueran encerradas. Pocos años después de la sanción de este decreto ya había 6000 personas encerradas, el 1% de la población total de Francia.

Hasta finales del Renacimiento el “loco” no estaba privado de derechos, aunque esto no impedía los maltratos que podían sufrir. Se los consideraba pacíficos, aislados del mundo cultural y vagando por la ciudad. A partir de los siglos XVII y XVIII pasaron a ser considerados furiosos, maníacos, violentos o suicidas. Tras el decreto francés de 1656 se aprobaron leyes similares en toda Europa que combinaban el encierro con el despojo de sus derechos (Galende, 2008).

En Londres el Bethlem Royal Hospital, conocido como “el Asilo de Bedlam”, comenzó a ofrecer espectáculos en el siglo XVIII en donde por un penique (o gratis el primer martes de cada mes) se podían presenciar los brutales métodos que se aplicaba a las personas con sufrimiento mental que se hallaban internadas. Los espectadores podían llevar palos para golpear a los internos y a menudo se les daba alcohol para ver los efectos que le producían. En 1814 llegó a tener 96 mil visitas, pasando a ser el mayor espectáculo de la ciudad (Sanz, 2012).

En 1789, en el marco de la Revolución Francesa y ante la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, un grupo de funcionarios alertaron sobre la situación de encierro de miles de personas que había dejado la recién depuesta Monarquía y aconsejaron la reclusión solo para los “manifiestamente locos”. Ese mismo año la Asamblea Legislativa, a través de su Comité de Mendicidad, designó una comisión para visitar los establecimientos de encierro.

De la reclusión a la liberación

En 1790 la Asamblea aprobó un Decreto que ordenaba la liberación en un plazo de seis semanas de todas las personas recluidas en castillos, casas de religión, casas de fuerza o prisiones por orden del antiguo régimen, a menos que estuvieran legalmente condenadas por crímenes importantes o a causa de la locura. El mismo decreto establecía más adelante que en los próximos tres meses las personas “dementes” debían ser trasladadas a hospitales.

Si bien se suele decir que durante la Revolución se produjo la “liberación de los locos”, como vemos aquí, de lo que en realidad se trató fue de la creación de un nuevo ordenamiento jurídico y legal para tratar la locura. Se suelen aceptar que fue el médico y político revolucionario Phillipe Pinel (1745- 1826) el que inició una política social para el tratamiento de la salud mental. No obstante, no fue Pinel sino un jefe policial y un juez los que visitaron los asilos para ver cómo se iba a aplicar el decreto de la asamblea. La policía se opuso a estas libertades, y en 1791 una nueva ley hacía responsables a las familias de los daños que los individuos liberados pudieran causar y daba poder a los municipios y a la Policía para el control social de los mismos (Galende, 2008).

El 25 de agosto de 1793 Pinel fue nombrado Director de Bicêtre, una combinación de cárcel y asilo para alienados. El 4 de diciembre de 1794 fue nombrado Profesor de Medicina Interna y en 1795 administrador de la Salpetriere, antiguo arsenal del Ejército Imperial convertido en Hospital de Indigentes y -desde 1660- destinado como Asilo de Alienados (Vigliola, 2004). Durante su desempeño en ambas instituciones Pinel liberó solo a 49 personas cuyo comportamiento era considerado aceptable o cuya alienación o criminalidad era simplemente dudosa.

Phillipe Pinel y la enfermedad mental

En su Tratado Médico-Filosófico de la Alienación Mental (1801), Pinel consideraba que existía una única enfermedad mental –la Alienación- que presentaba cuatro entidades mórbidas: la manía, la melancolía, la demencia y el idiotismo. Sostenía tres posibles causas de la Alienación Mental:

  • Físicas: directamente cerebrales o simpáticas;
  • Herencia, a la que le atribuía un lugar destacado; y
  • Morales: pasiones desenfrenadas y excesos de todo tipo.

Dado que esta última era la principal, proponía un “tratamiento moral” consistente en la institucionalización del paciente para alejarlo de las conductas que llevaron a la alienación, y someterlo a una disciplina severa y paternalista por parte del profesional. Para ello el médico debía ser una persona de cualidades morales y éticas que pudiera generar la confianza adecuada de una buena relación Médico- Paciente (Bercherie, 1985).

No obstante, el psiquiatra y psicoanalista Emiliano Galende (2008) sostiene que debería incluirse a Pinel como uno de los reformadores de su tiempo, ya que rechazó el uso de cadenas y la inmersión en agua que se realizaba en algunos asilos, tratamiento del cual decía que era “un delirio de los médicos, peor que la enfermedad”. Sin embargo, no era optimista sobre el destino final de las personas internadas que consideraba incurables. Era, en cambio, partidario de que los pacientes considerados “curados” fueran contratados en los asilos como mucamos o enfermeros, en un intento de mantenerlos dentro de la institución.

Para el historiador Umberto Galimberti (2013), Pinel “liberó” a los locos de las prisiones partiendo del principio de que el loco no puede ser equiparado con el delincuente. Con esto se crea el mito de que la Psiquiatría es una ciencia de la liberación humana, cuando en realidad el loco liberado de la prisión era inmediatamente recluido en el Manicomio. A partir de ahí empieza su calvario dentro de una “Institución Total”, para usar la expresión de Goffman (2006) que se refiere a aquellos lugares destinados a la represión de la subjetividad. En este sentido puede ser considerado como el “iniciador de los manicomios”.

La aparición de la Psiquiatría

Otro médico francés, Antonio Atanasio Royer- Collard (1768- 1825) imitó a Pinel en la Maison Nationale de Charenton, de la que llegó a ser médico Jefe en 1805. En 1816 Royer- Collard fue nombrado Profesor de Medicina Legal en Parí­s y en 1821 fue el primer titular de la Cátedra de Medicina Mental (Bercherie, 1985).

Jean Ettiene Esquirol (1772- 1840), discípulo de Pinel y su sucesor en la administración de la Salpetriere desde 1820, es considerado el creador de la Psiquiatría como rama de la medicina especializada en los trastornos mentales. Las propuestas de Esquirol giraban en torno a encierro compulsivo, legislación para transferir al médico el poder jurídico y legitimación en la medicina de una rama especializada en la alienación mental (por eso también se la llamaba Medicina Alienista).

El 30 de junio de 1838 fue aprobada en Francia la “Ley de Alienados” o “Ley Esquirol”, que planteaba la creación de Asilos para Alienados o Manicomios -especializados en tratar el “furor maníaco”-, fijaba las condiciones de internación y las garantías concernientes a las libertades individuales, suspendía los derechos ciudadanos de los alienados, organizaba la protección de sus bienes, y daba al psiquiatra poder de médico, juez y policía para disponer de las personas. Consideraba al “alienado” como “enfermo peligroso para sí mismo y para terceros” que debía ser internado con y sin su consentimiento. En los quince años posteriores a la aprobación de la ley ya se habían creado 50 manicomios en todo el país -que estaban bajo la autoridad del Ministerio y de la Prefectura de Policía-, y otros cientos en el resto de Europa (Galende, 2008).

La “Torre de los Locos”

En Viena se creó una Narrenturum o “Torre de los Locos”, que contaba con cinco pisos y 140 celdas, que llegó a alojar a 250 personas que eran vigiladas mediante un mecanismo de panóptico. Un informe de 1843 denunciaba el estado de suciedad del lugar, la falta de iluminación, y las condiciones de los internos que eran atados con cadenas en los brazos, piernas y cuello, mal alimentados (a veces a la fuerza) y cuya atención se realizaba por un hueco protegido por una sólida reja de hierro.

En América también se crearon manicomios siguiendo este modelo. Uno fue inaugurado en Brasil en 1852 y otro en República Dominicana en 1879.

Tratamientos inhumanos para los enfermos mentales

La Psiquiatría se debatía entre “organicistas” y “psíquicos”, pero los primeros dominaban los manicomios y las cátedras universitarias. Estos consideraban que los padecimientos mentales se debían a un cerebro enfermo, por lo que ni el paciente, su familia o la sociedad eran responsables, y se legitimaba el poder del médico sobre el paciente. Siguiendo esta lógica, se aplicaron durante todo el siglo XIX tratamientos que incluían castigos corporales utilizando látigos o varas de abedul, la inmovilización mediante camisas de fuerza -inventada en 1790-, sillas de fuerza -creadas en Filadelfia-, camas en donde se los ataba por días con un orificio para que cayeran las deposiciones o la silla giratoria -creada por Erasmus Darwin- en la que muchos morían, tratamientos “por asco” mediante la utilización de purgantes y vomitivos, baños de agua fría que solían incluir bañeras inmovilizadoras que impedían la movilidad del paciente y chorros de agua en la cabeza, administración de mercurio, uso de sanguijuelas y hormigas, cortes en el cuero cabelludo, y descargas eléctricos. Quienes morían con estos tratamientos brutales eran a menudo anotados como “fugados” o “curados”.

Primeras reformas en el tratamiento de la salud mental

Las terapias utilizadas por los discípulos de Pinel iban en contra los principios sostenidos por la Revolución Francesa. No obstante, como señala Foucault (citado por Stolkiner y Solitario, 2007) esto representó el nacimiento de lo político y de los Estados modernos. En una ciudad pensada para el libre deambular de los ciudadanos en los espacios públicos, y en una sociedad en donde se suponía que los sujetos regidos por la razón realizaban las elecciones necesarias para posicionarse libre e individualmente, fue necesario definir un espacio material y simbólico para alojar la “locura” y tutelar a quienes no podían ejercitar su libertad por hallarse “alienados”.

Estas ideas estaban en consonancia con el nacimiento del capitalismo industrial que necesita “sacar de circulación” a aquellas personas incapaces de producir ganancias para a la burguesía. Recién en la segunda mitad del siglo XX se llevarían a cabo unas reformas en el área de Salud Mental tendiente a defender los derechos humanos de las personas con sufrimiento mental.

El presente artículo es un fragmento del libro: Breve Historia de las Personas con Discapacidad: de la opresión a la lucha por sus derechos, Mauritius, Ediciones Académicas Españolas, OmniScriptum, 2018.

Bibliografía:

  • Bercherie, Paul; (1985) Los fundamentos de la clínica, Editorial Manantial.
  • Galende, Emiliano; (2008) “Breve Historia de la Crueldad Disciplinaria”, en: Galende, Emiliano y Kraut, Alfredo; El Sufrimiento Mental, Buenos Aires, Lugar Editorial.
  • Galimberti, Umberto; (2013) Los Mitos de nuestro tiempo, Madrid, Debate.
  • Goffman, Evering; (2006) Estigma: la identidad deteriorada, Buenos Aires, Amorrortu. g
  • Stolkiner, Alicia y Solitario, Romina; (2007) “Atención primaria de la Salud y salud mental: la articulación entre dos utopías”, en: Maceira, Daniel (comp.); Atención Primaria de la Salud: articulación entre dos utopías, Buenos Aires, Paidos.
  • Vigliolia, Pablo; (2004) “Historia de Pinel y la liberación de los dementes”, en: Actualización Terapéutica Dermatológica, Nº 25:56 (en atdermae.com).
Luciano Andrés Valencia
Nacido en Argentina. Escritor, Licenciado en Historia (Universidad Nacional de La Pampa) y estudiante de Psicología (Universidad Nacional del Comahue). Es autor de los libros: La Transformación Interrumpida (2009), Páginas Socialistas (2013) y Breve Historia de las personas con discapacidad (2018), además de haber participado en decenas de antologías y publicado artículos en medios argentinos y extranjeros.

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