niña sola triste

Una explicación para una vida de carencia y sin sabor…

La jerarquía familiar

La familia es la unidad básica de la sociedad, es donde los seres humanos nos preparamos para la vida. El fundamento de la familia está apoyado en los lazos sanguíneos, unido a un conjunto de sentimientos como el amor, comprensión, cariño, ternura, dedicación, respeto. La familia se jerarquiza para cumplir con las funciones que lleven a conseguir su propósito. El padre y la madre se sitúan en la cúspide de las jerarquías y, por lo tanto, son los máximos responsables del cumplimiento de los mencionados fines. El anterior concepto, el cual es ampliamente difundido, sirve para plantear que, aunque quisiéramos que el objetivo de conformar una familia se cumpliera, en ciertos (o bastantes) casos, la realidad es bien diferente. Dicha realidad nos aboca a contemplar que existen familias disfuncionales.

Las familias disfuncionales

En las familias disfuncionales, como su nombre lo establece, existe un desorden o inversión de roles que impide el funcionamiento adecuado para generar seres adaptados al medio, que saben sobrevivir y aprenden a desarrollarse y crecer, tanto en su aspecto personal como social. Los padres o madres pueden adquirir un rol de hijo y el hijo, de padre. En el desorden surgido, existe un hijo que se queda olvidado, un vástago que no asume “ningún rol”; debido a su incapacidad, un miedo paralizante o tal vez, a un modo inconsciente de rechazar la disfuncionalidad.

¿Qué es un hijo olvidado?

El hijo olvidado es una persona que, desde su remota infancia, al pertenecer a una familia disfuncional, adquiere un papel secundario, terciario o casi inexistente.

La marginación familiar del hijo olvidado es propiciada de modo inconsciente por sí mismo, por el clan o sus padres. Se trata de niño que se aísla, de escaso hablar, carente de opinión, no discute, no pelea. Es el caso contrario a aquel niño mal llamado “hiperactivo” que llama la atención, eufórico, escandaloso, que busca pleito, y/o grita. Un infante que con su “mal comportamiento” pretende ser tenido en cuenta. Ambos hijos ostentan gran carencia afectiva, simplemente optan por formas opuestas para solucionar sus carencias emocionales.

Nos acercamos a un prototipo de niño alejado de la interacción familiar. Cuando se le pregunta algo, su respuesta típica es: no sé. Un hijo del que se conoce poco, no abarca miradas, suele ser el hijo que dejan en casa porque no se queja, no exige, no es caprichoso, es muy obediente, un estudiante regular y en general, cumple con sus obligaciones sin establecer reparos. En resumen, “no da problemas”, pero tampoco es destacado. Algunos padres lo consideran “un modelo de hijo”.

Cuando el rol de los progenitores no está asumido

Los progenitores que no asumen el rol correspondiente, lo que menos desean es que los hijos los conminen a realizar su función, su responsabilidad, su deber de ser padres. Inconscientemente el hijo olvidado puede entender que ellos no quieren “problemas” y se aísla para satisfacerlos y buscar su reconocimiento, su afecto, su atención. También, cabe la posibilidad de que alguno de sus progenitores sea un maltratador o esté enfermo física o psíquicamente y entonces el niño se margina para evitar la situación. Asimismo, que uno de sus hermanos acapare de alguna manera la atención del resto de la familia o que exista una gran pérdida o un duelo no superado. En conclusión, un motivo que ocasione el déficit de afecto, compromiso o atención sobre dicho niño.

Características del hijo olvidado en la edad adulta

Esta clase de niño cuando se convierte en adulto, presenta enormes inconvenientes para adaptarse a la sociedad. El hijo olvidado adquiere el hábito emocional de marginarse, razón por la cual, le es difícil encontrar amigos, trabajo o pareja. Sus relaciones son escasas, cuando halla un amigo o relación suele obsesionarse con la misma. Es frecuente que este individuo se aferre de forma desmedida a lo que consigue. Son la típica persona que nadie recuerda, si un conocido se lo encuentra en la calle, pasa por delante sin reconocerla o aquel alumno que el profesor no sabe que opinar de él. En el aspecto laboral les cuesta emplearse y cuando lo consiguen se aferran, no porque lo disfruten sino debido a su dificultad para buscarse uno nuevo.  Como empleado es obediente, pero para su empleador es poco implicado, en ocasiones lo perciben apático e indiferente.

En las relaciones sociales el hijo olvidado se caracteriza por ser una persona inaccesible, que no íntima, pasa desapercibida, no se trata del primer invitado a las fiestas. Ellos suelen pasar por tímidos, apáticos o apartados. En el contexto de pareja, son aquellos que “dejan pasar”, no quieren salir de casa, permisivos y ausentes. En las mujeres, además, son las atípicas esposas calladas, que no opinan, ni discuten. Como padres carecen de autoridad, incapaces de exigir y poner límites a sus hijos, ausentes, poco cariñosos y no comprometidos con su función paterna. Sus hijos inconscientemente intentaran despertar a esta clase de padres; suelen tener hijos que reclaman su atención con comportamientos desmedidos. En caso de separación o divorcio, difícilmente encontraran una nueva pareja.

El hijo perdido u olvidado requiere altas dosis de consciencia para lograr ubicarse en este mundo. Identificar que su marginación viene desde su etapa infantil para evitar una situación dolorosa o un problema acaecido y que los grados de olvido son proporcionales al nivel del conflicto sufrido. Necesita reconocer que ha sido una persona que respira pero que no vive, no existe. Ellos necesitan liberar las emociones que han provocado su ausencia y le han impedido vivir. Cambiar los hábitos emocionales de un hijo olvidado les exige un esfuerzo constante en cada una de las actividades que realicen, en la detección de sus pensamientos y las sensaciones que les producen. Estos hijos requieren vivir cada instante como si fuera el ultimo de su vida; de esta manera se autoproclaman, se llaman a vivir el presente y aprenden a disfrutar. Asimismo, necesita llamar la atención, lo contrario al hijo “problema” -por decirlo de este modo-, mediante el empoderamiento y desarrollo de sus talentos para que se sienta útil y contributivo a su medio social.

Qué pueden hacer los padres

Cuando los padres descubren que tienen un hijo olvidado, lo primero es identificar el para qué dicho hijo se ausenta o para qué el padre o madre lo olvida. Lo segundo es que los progenitores detecten el conflicto que los ha llevado a “olvidar” a dicho hijo. Los padres requieren darle, antes que nada, atención y afecto sin que este vástago lo exija; ya que se ha acostumbrado a no pedirlo. Por último, los progenitores necesitan sanar su desorden o disfuncionalidad en el hogar y tomar las riendas de la familia, el liderazgo y responsabilidad que han eludido. Cuando uno de ellos es también un hijo olvidado, es proclive a trasladar su actitud hacia el extremo opuesto, es decir, a sobreproteger. Por esta razón, es necesario que el progenitor sane el fenómeno o por lo menos esté en camino de conseguirlo, para poder ofrecer a su hijo lo que requiere y transformar las implicaciones sociales y personales que entraña el mencionado conflicto emocional para este tipo de persona.

El hijo olvidado
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Luz Quiceno Romero
Ing. Técnica en Topografía. Trabajo en su área profesional durante 10 años, en los cuales a su vez, ejerció como catedrática universitaria. Escritora y Diplomada en Bioneuroemoción, un método que perfecciona su habilidad para conectarse y acompañar a las personas en la toma de consciencia y cambio de percepción de sus conflictos. Luz Quiceno se ha especializado por su experiencia personal y profesional en temas de la mujer.