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¿Crees que serías capaz de provocar daño físico a personas desconocidas? Seguramente tu respuesta es negativa, pero si te ordenaran hacerlo, ¿cuál crees que sería tu reacción? Exactamente eso se preguntaba Stanley Milgram, psicólogo americano interesado en estudiar el comportamiento humano en contextos de presión. Para ello, en 1961 el psicólogo publicó un simple anuncio en un periódico buscando candidatos: “Te pagaremos 4$ por una hora de tu tiempo”. Lo que estos no sabían es que iban a involucrarse en uno de los experimentos sociales más populares del siglo XX.

¿Quién fue Stanley Milgram?

Stanley Milgram (1933-1985), fue un psicólogo nacido en Nueva York y especializado en el campo de la Psicología Social, terreno en el que llevó a cabo controvertidos y muy populares experimentos que le proveyeron de gran fama, siendo uno de los psicólogos más citados del siglo XX. El interés del psicólogo se centraba en el comportamiento social, sobre el cual aportó numerosas claves.



La familia de Milgram, de procedencia Europea y religión judía, sufrió las terribles consecuencias del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Estos eventos influenciaron mucho al psicólogo que posteriormente trató de comprender el comportamiento grupal, la ética y los efectos de la influencia social.

Doctorado en Harvard y habiendo sido profesor en diferentes Universidades, Milgram muere en 1984, dejando un trabajo entre los cuales destacan experimentos que siguen siendo muy influyentes hasta nuestros días, como el experimento de la obediencia.

El experimento de la obediencia de Milgram

Ya siendo profesor en la Universidad de Yale y habiendo estado influenciado por los desastres del holocausto, Milgram empieza a investigar aquellas causas o situaciones que llevan a las personas a causar daño a los demás.

Para ello, el investigador desarrolla un estudio que se convertiría en su más famoso experimento. Para llevarlo a cabo, Milgram seleccionó a cuarenta participantes masculinos explicándoles que iban a participar en un estudio sobre el aprendizaje conducido por la Universidad de Yale.

Durante el procedimiento, los seleccionados fueron informados de que estarían emparejados con otros participantes que estarían en otra habitación. Estos últimos serían “aprendices”, mientras que ellos serían los “educadores”. Lo que los participantes seleccionados por Milgram no sabían es que los aprendices eran simples actores mientras que todos ellos tendrían el rol de “educadores”. Además, estarían acompañados por un experimentador que les daría instrucciones, siendo estos actores también.

A los “educadores” se les explicó que debían pulsar un botón que provocaría una descarga eléctrica en los “aprendices”, cada vez que estos fallaran a una pregunta. La descarga iría desde muy suave a cada vez más dolorosa, dependiendo de la cantidad de fallos que los aprendices obtenían.  Los aprendices, actores contratados, fingían que sufrían cada vez más dolor conforme la descarga era mayor.

Cuando la descarga era demasiado dolorosa, algunos “educadores” podían negarse a llevarla a cabo. En ese momento, el experimentador acompañante debía alentarles a hacerlo a través de afirmaciones como “El experimento requiere que continúes” o “No tienes otra opción que continuar”.

¿Qué hicieron los educadores?

Conforme el experimento avanzaba, se instigaba a los participantes a infligir la descarga de mayor voltaje, exactamente la de 450 voltios. Durante una encuesta previa a varios estudiantes, se puso en relieve como casi todos creían que los participantes no llegarían a cometer este daño, sin embargo, los resultados arrojaron unos datos sorprendentes: Un 65% de los participantes obedecieron al experimentador y llegaron a propinar la mayor descarga. Todos ellos en general llegaron a infligir descargas de hasta 300 voltios.

Conclusiones del experimento de Milgram

Aunque algunos de los participantes trataban de negarse en ciertos momentos al escuchar las quejas y gritos ficticios de los “aprendices”, las conclusiones eran claras: cualquier persona normal sin un instinto homicida previo era proclive a hacer daño a otro cuando se trataba de seguir las órdenes de un superior. Esto era más probable cuando la figura de autoridad se constituía como legalmente o moralmente legítima y cuando no existía un contacto físico directo con la víctima.

Los experimentos de Milgram no estuvieron exentos de críticas y controversia. Algunas de estas críticas alegaban la falta de ética del experimento que despertaba un estrés extremo en los participantes, algunos de los cuales llegaron a vivir estados de ansiedad y no supieron que el daño que habían hecho no era cierto hasta meses después. Además, muchas otras voces han criticado la falta de validez de los estudios, poniendo en evidencia la sospecha de algunos de los participantes de saber que ellos eran quienes eran estudiados. Si bien es cierto que los experimentos de Milgram fueron muy controvertidos y comentados, la reflexión y razonamiento que provocaban eran innegables e influyeron en la psicología posterior, siendo este uno de los experimentos más comentados del siglo XX.

Enlaces de interés

Stanley Milgram. https://www.britannica.com/biography/Stanley-Milgram

Rethinking One of Psychology’s Most Infamous Experiments. https://www.theatlantic.com/health/archive/2015/01/rethinking-one-of-psychologys-most-infamous-experiments/384913/

The Milgram Shock Experiment. https://www.simplypsychology.org/milgram.html

El experimento de obediencia de Milgram
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