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Un corazón alegre es una buena medicina, el espíritu abatido seca los huesos. Proverbio de Salomón

El mejor método de luchar contra el estrés es conocerlo bien. Sonia Lupien



El estrés en sí no es un problema, lo es la reacción que tenemos frente a él. La reacción al estrés no es necesariamente mala. Pero los efectos de un estrés crónico, sino hacemos nada, nos puede llevar incluso a la muerte.

Relación entre estrés y enfermedad

La relación entre el estrés y las enfermedades ha sido intuida desde hace muchos años. Ya en el antiguo testamento se suponía una estrecha relación entre el cuerpo y la psique. Sin embargo, la comprobación entre esta díada es cada día más clara. Ha ido desde la propia interocepción o percepción interna de nuestro propio cuerpo, hasta el uso de tecnología de vanguardia para comprobar la forma como nuestro cerebro registra cada estímulo recibido desde el exterior o interpretado por él mismo.

De ahí que también se han creado nuevas disciplinas como:

  • la psicodermatología: la cual se centra en el estudio de la interacción entre mente y piel, y
  • la psiconeuroendócrinoinmunologia: representa la ciencia transdisciplinaria que investiga las interacciones entre el cerebro (mente conducta) y el sistema inmune y sus consecuencias clínicas (psiquiatria.com, 2001).

Christian Schubert de la Universidad Médica de Innsbruck, trabaja en investiga en este campo de la salud. Señala qué bajo un estrés de corta duración, el sistema inmunitario se activa para proteger al organismo. Pero si las turbulencias se prolongan en el tiempo (estrés crónico), las personas son más propensas a enfermar. Y, el cuerpo nos indica que nos hemos excedido (Von Hopffgarten, 2013).

En el gran diccionario de las dolencias y enfermedades, Jacques Martel señala: Cualquier situación que crea una demanda más grande a mi organismo me lleva a vivir estrés. El estrés en sí es de hecho menos importante que mi reacción frente a este. Según mi reacción frente a las situaciones, sucesos, sentimientos y dificultades, el efecto estresante será benéfico o nocivo para mí. Si mi estrés psicológico es suficientemente grande, estará traducido en un estrés biológico bajo la forma de una enfermedad. Hoy no se trata de videncia sino de conocimiento. Cuando se sabe descifrar las dolencias y las enfermedades y cuando se sabe a cuáles emociones o a cuáles pensamientos están vinculadas, entonces es fácil decir a la persona lo que está viviendo (Martel, s/a).

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Cuando una persona experimenta un estado de tensión y ansiedad durante un período de tiempo continuo está viviendo lo que se conoce como estrés.

  • La persona experimenta cambios:
    • físicos,
    • fisiológicos,
    • psicológicos y
    • sociales.

Es cualquier estímulo externo que cause un cambio en el equilibrio del organismo (RTE, 2012)

¿Qué es el estrés?

Sonia Lupien, con 30 años de investigación en el Centro de estudios de estrés en humanos en Canadá, han llegado a la conclusión que… el estrés es una respuesta de nuestro organismo ante un estímulo estresante. Un estímulo estresante que cumple al menos una de las siguientes condiciones:

  1. Ser novedoso.
  2. Ser Impredecible.
  3. Dejarnos una sensación de descontrol.
  4. Ser una amenaza para nuestra personalidad o nuestro ego (La receta para el estrés, 2009).

Mientras más características se cumplan, más estresado estarás

Tus abuelos pueden ser los responsables de saber manejar o no tu estrés

Los duros acontecimientos de la vida generan estrés, sobre todo cuando se viven desde la niñez: desprecios, malos tratos, desamor, falta de contacto. Y, acarrean efectos indeseables en la edad adulta. Esto puede afectar a las personas que los reciben.

Y, estos efectos pueden persistir en los hijos de los afectados, incluso en los nietos, particularmente, en relación a problemas de angustia y ansiedad (Carrie, 2013). La buena noticia en que aun cuando potencialmente podríamos tener esta condición genética transmitida a nivel molecular, herencia de nuestros abuelos, también puede neutralizarse aprendiendo estilos de afrontamiento ante el estrés y brincarnos esta condición como lo afirma la epigenética.

Los niños intrauterinos son seres vulnerables ante el estrés

Desde antes de nacer y sin ser consciente de ello, los bebés pueden estar sometidos ya a los químicos del estrés que produce la madre. Genera preocupaciones: tener una pareja disfuncional para la crianza, las condiciones que le esperan en el nacimiento, ser primeriza o haber tenido otros embarazos complicados, la misma condición de salud del bebé y las pruebas antes del nacimiento.

Tener un estrés crónico antes del nacimiento del bebé, está relacionado con fuertes dosis de mensajeros químicos que viajan en el torrente sanguíneo y pasan a través del cordón umbilical tales como: adrenalina, noradrenalina y cortisol, conocidas como las hormonas del estrés.

Así se ha visto que altas concentraciones de cortisol durante mucho tiempo pueden provocar alteraciones en el sistema inmune, la memoria, la presión arterial, la glucosa circulante o la pérdida de masa ósea entre otras. Si el estrés se acumula en la madre, percibe o alcanza un alto grado puede tener efectos nocivos en el futuro bebé. Destacan entre ellas; parto prematuro o bajo peso al nacer, aborto espontáneo, problemas en el desarrollo intelectual y cognitivo (Zazo, s/f).

Los niños siguen siendo vulnerables ante el estrés que les rodea

Una vez que los bebés han nacido e incluso los niños, siguen siendo muy vulnerables ante los ambientes estresantes.

A través de estudios de Resonancia Magnética, investigadores de la Universidad de Oregón, comprobaron que las discusiones de los padres afectan a sus hijos aun cuando los pequeños duermen. Se activan las áreas de las emociones y el estrés. El hipotálamo y la corteza cingulada responden durante el sueño a las voces airadas. Su estudio comprueba como el ambiente influye y configura el cerebro, y el cerebro puede también influir en el ambiente, esto es el fundamento de la neurociencia social. Alice Graham, responsable del proyecto señala que: “los pequeños absorben información y aprenden sin cesar, no solo cuando creemos que les estamos enseñando” (Chant, 2013).

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Las fuentes de estrés en los niños, vienen de la falta de contacto con sus padres y las peleas familiares. Estas no dejan huellas externas en los pequeños, pero sí huellas internas.

El caso de los adolescentes frente al estrés

Como ejemplo, un estudio con adolescentes llevado a cabo por la Universidad de Yale, encontró mediante resonancia magnética funcional, que el desamor y el abuso emotivo en la infancia reducen la densidad celular posterior de las regiones cerebrales que regulan las emociones (Chant, 2013).

Relación entre las enfermedades y el estrés: Sabías qué…?

  • La vida en edad adulta sin hacer actividades es estresante. Estar activo en la vejez es sinónimo de tener menor deterioro cognitivo y seguir produciendo el antioxidante cerebral PRX6. Afirma Gro Amdam, de la Universidad Estatal de Arizona, y dice que este antioxidante protege de enfermedades neurodegenerativas y retrasa el reloj del envejecimiento (Peck, 2013).
  • El estrés y el desamor en el hogar provocan un daño neural en los niños durante su crianza. Además de generarles consecuencias físicas y psicológicas en la edad adulta, tales como: depresión y dificultad para mantener relaciones afectivas. A esto se le llama: Impronta familiar. (Chant, 2013).
  • El estrés causado por el ruido a que estás expuesto (móvil, conversaciones, música de fondo, el ruido en las calles) tiene múltiples efectos. Aparte de interferir la comunicación, puede afectar a nivel emocional y físico: aumenta la tensión y causa problemas cardiovasculares a largo plazo. Algunos experimentos psicológicos revelan, además, que ciertos ruidos influyen de forma negativa en el rendimiento intelectual y afecta la memoria a corto plazo (Hellbruck, Schlittmeier y Klatte, 2013).
  • En las fases de estrés sostenido nuestra resistencia inmunitaria pierde el equilibrio. De esta manera somos más vulnerables a infecciones y alergias. El sistema inmunitario de los niños se muestra especialmente sensible a la sobrecarga psíquica. Las consecuencias pueden ser enfermedades inflamatorias graves en la adultez. También las heridas sanan más lento ante situaciones de estrés (Von Hopffgarten, 2013).
  • En el gran diccionario de las dolencias y enfermedades, Jacques Martel apunte que: todas las enfermedades terminadas en “itis”, implican estrés y un conflicto interno, y suelen estar relacionadas con la ira o la frustración ya que se vinculan con inflamaciones. A continuación, algunos ejemplos: amigdalitis, apendicitis, artritis, bronquitis, bursitis, colitis, conjuntivitis, cistitis, diverticulitis, epicondilitis, epidermitis, gastro – enteritis, gingivitis, hepatitis, laringitis, mastitis, nefritis, osteomielitis, otitis, ovaritis, prostatitis, tendinitis, uretritis y vaginitis (Martel, s/f).
  • Los telómeros se acortan a medida que envejecemos, pero también se acortan cuando estamos sometidos a estrés crónico y agudo, es decir, mediante la influencia de las hormonas del estrés. Y, esto hace que el ciclo de reproducción celular se vea alterado produciendo cada vez el nacimiento de células más deficientes y mermando nuestra salud integral. Los telómeros van acortándose de manera natural con el paso del tiempo, ya que cada vez que una célula se divide, una porción de telómero no se replica. No obstante, la longitud del telómero puede sufrir reducciones a causa de factores estresantes: depresiones, traumatismos físicos o psíquicos e incluso la obesidad. Un trabajo reciente de la Universidad Harvard ha incluido en esa lista a la ansiedad y la agorafobia. En investigaciones anteriores ya se había observado el acortamiento de los telómeros en diferentes patologías, entre ellas, distintos tipos de cáncer, cardiopatías coronarias, hipertensión, diabetes y artritis. Los telómeros, pues, revelan la exposición al estrés acumulada por un individuo y su capacidad para superar ese estado (Rodríguez, 2013).
  • Los problemas psicológicos pueden empeorar las enfermedades dermatológicas. Ello repercute de manera negativa en el bienestar general. El estrés crónico favorece la aparición de inflamaciones cutáneas a partir de la interacción compleja entre los nervios y el sistema inmune (Bauer-Delto, 2013).

¿Qué hacer para equilibrar tu estrés?

Aunque las situaciones estresantes se presenten desde las primeras etapas de la vida, cuando se hacen conscientes, se pueden atenuar o revertir sus efectos con diferentes estrategias a saber:

  • Tener contacto con la mascota favorita o tan solo pensar en ella, reduce el estrés de quien posee una. Las personas que se hacen cargo de un gato o un perro presentan por término medio una presión sanguínea más baja
  • El optimismo y el buen humor refuerzan la resistencia; protegen de enfermedades a largo plazo (Von Hopffgarten, 2013).
  • Llevar una alimentación más saludable, reducir al mínimo la exposición a la contaminación atmosférica, practicar ejercicio con regularidad, moderar el consumo de alcohol y afrontar las situaciones estresantes como retos, no como amenazas (Rodríguez, 2013).
  • Practicar la relajación profunda, la hipnosis aplicada a la salud o la visualización creativa.
  • Tomar sesiones de campo electromagnético pulsante de baja frecuencia. Terapia completamente natural y sin efectos secundarios que entre otras cosas equilibra nuestro sistema inmunológico.
  • Tener una actitud positiva ante la vida reduce el estrés. Lo mismo que reír, hacer meditación, practicar caminata o hacer ejercicio.
  • Los amigos son terapéuticos. Contar con relaciones interpersonales sanas también baja los niveles de estrés (amigos, familia, compañeros de trabajo o escuela, vecinos o amigos del club o una pareja). En general realizar actividades que generen la hormona contraria a la del estrés: la oxitocina, conocida como la hormona, de la paz, la relación, la salud y el descanso.

Bibliografía

Bauer-Delto A (2013) Nervios a flor de piel (Los trastornos psicológicos pueden empeorar algunas enfermedades cutáneas de manera virulenta), Revista Mente y cerebro (Investigación y Ciencia), Marzo-Abril 2013, Número 59, pág. 57, Barcelona.

Carrie M. (2013) Cognición: La juventud se contagia. Revista Mente y cerebro (Investigación y Ciencia), Marzo-Abril 2013, Número 59, pág. 9, Barcelona.

Chant I. (2013) Impronta familiar en el cerebro. Revista Mente y cerebro (Investigación y Ciencia), Marzo-Abril 2013, Número 59,  pág. 8 , Barcelona.

La receta para el estrés (2009)  Redes para la  ciencia, entrevista de Eduardo Punset a Sonia Lupien, consultado el 7 de enero del 2019, en red: http://www.redesparalaciencia.com/wp-content/uploads/2010/02/entrev042.pdf

Martel J. (s/a) El gran diccionario de las dolencia y enfermedades, Editions Quintessence,

Hellbruck J., Schlittmeier S. y Klatte M. (2013) Ruido, ruido, ruido (En la oficina, en la calle, incluso en clase. Hoy en día, el ruido resulta casi omnipresente. ¿Cómo combatir sus efectos nocivos?). Revista Mente y cerebro (Investigación y Ciencia), Marzo-Abril 2013, Número 59, págs. 32-37, Barcelona.

Peck M. (2013) Cognición: La juventud se contagia. Revista Mente y cerebro (Investigación y Ciencia), Marzo-Abril 2013, Número 59, pág. 4, Barcelona.

Psiquiatría.com (2001) Psiconeuroinmunología: sinopsis de su historia, evidencia y consecuencias, consultado el 7 de enero del 2019, en red: https://psiquiatria.com/psicosomatica/psiconeuroinmunologia-sinopsis-de-su-historia-evidencia-y-consecuencias/

Rodríguez T. (2013) El estrés acorta los telómeros, Investigación y Ciencia (Edición Española de Scientific American), consultado el 7 de enero del 2019, en red: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/evolucin-del-pensamiento-575/el-estrs-acorta-los-telmeros-11080

RTE (2012) La noche temática: “La mente enferma”,  consultado el 21 de Noviembre del 2017, en red: https://www.youtube.com/watch?v=bUZyHhpGVXI

Von Hopffgarten, A. (2013) Inmunología: Protección mental (El estrés y el ajetreo ponen en situación crítica a las defensas del organismo), Revista Mente y cerebro (Investigación y Ciencia), Marzo-Abril 2013, Número 59, pág. 50, Barcelona.

Zazo S. (s/f). Estrés en el embarazo: ¿puede afectar a mi bebé?, consultado el 4 de enero del 2019, en red: https://www.bebesymas.com/embarazo/estres-en-el-embarazo-puede-afectar-a-mi-bebe

El estrés y su relación con las enfermedades
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Juan Antonio Barrera Méndez
Psicólogo terapeuta individual y de pareja. Ha sido, durante más de 16 años, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (México D. F.) en el área de Psicología. Participa como conferenciante en su país y el extranjero, también destaca como especialista en televisión, radio y otros medios. Es escritor de varios libros.

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