hombre-perro-mascota

El concepto de duelo (del latín “dolus”), en psicología, hace referencia a un proceso de adaptación cognitiva y emocional que sucede tras la pérdida de algo o alguien importante para la persona.

Tradicionalmente, el proceso de duelo se ha asociado a la pérdida en cuanto a fallecimiento de una persona. Así pues, cuando alguien con quien tenemos un vínculo emocional muere, comienza un proceso de adaptación a la pérdida que es lo que entendemos como duelo.

Los tipos de duelo

Sin embargo, la psicología actual también engloba en el concepto de duelo otro tipo de pérdidas, como por ejemplo la ruptura de una relación conyugal (puede ser experimentado por uno o ambos miembros de la relación), el distanciamiento o cierre de una relación social o de amistad, la pérdida de un puesto de trabajo o, en el caso de niños, la ausencia de uno de los progenitores tras una separación o divorcio.

Por tanto, el concepto de duelo ya no se asocia únicamente con la pérdida física e irreversible de una persona o vínculo por defunción, sino que hablamos de duelo cuando una persona con la que existe un vínculo pasa a ser una figura ausente en la vida de otra, habiendo fallecido o no.

De hecho, algo similar a un proceso de duelo se puede experimentar con objetos materiales (prendas de ropa, accesorios, etc.) que asociamos con experiencias positivas, eventos de “buena fortuna” o, incluso, como ocurre en el caso de niños pequeños con los “doodoos” (palabra de origen francés de difícil traducción que viene a significar algo como “juguete de seguridad emocional”).

Cuando un objeto tiene un significado para alguien, la asociación cerebral entre el objeto y el bienestar emocional se produce a nivel cerebral en el núcleo accumbens, el epicentro de nuestro sistema de refuerzo o recompensa.

Por tanto, cada vez que el objeto y la sensación de satisfacción aparecen en conjunto, se refuerza la asociación cerebral. Del mismo modo, cuando el objeto desaparece, la asociación de “refuerzo” o recompensa cerebral lo hace también, experimentando entonces una sensación de malestar.

Las mascotas y el vínculo emocional que establecemos

En esta línea, sucede algo similar cuando adoptamos una mascota. La adopción de una mascota, del tipo que sea (canina, felina, reptil, roedor…), implica necesariamente la generación de un vínculo emocional con ella de intensidad variable, en función de las características tanto de la persona como de la propia mascota.

gato-mascota

Ya sea desde el nacimiento o desde la edad adulta, la adopción de una mascota supone asumir una responsabilidad con el cuidado de la misma. Independientemente del tipo de animal, procuramos que tenga disponible alimento; un entorno agradable en cuanto a higiene, espacio, temperatura, etc.; realizamos las revisiones veterinarias que corresponden, nos preocupamos y vigilamos su salud cuando nos percatamos de que algo no está funcionando bien, etc.

Es decir, generamos un vínculo con nuestra mascota al que esa mascota también suele responder (como es lógico, tanto más cuanto mayor sea su capacidad cognitiva). De hecho, numerosos estudios demuestran que los animales pueden reconocer las emociones de los humanos y que reaccionan a ellas.

En concreto, los perros liberan oxitocina (una hormona del bienestar) cuando miran a sus humanos (no hablaremos de dueños o propietarios) a los ojos, de forma muy similar a cómo lo hacemos las personas cuando nos enamoramos.

¿Qué ocurre cuando una mascota fallece?

La muerte de una mascota puede llevar esencialmente a dos tipos de duelo, exactamente como experimentaríamos con la pérdida de una persona: el duelo “anticipado” y el duelo “tradicional”.

Puede suceder que nuestra mascota fallezca llegando a una edad anciana, por un envejecimiento normal, por lo que acompañamos ese proceso de deterioro progresivo tanto a nivel físico como mental, hasta llegado el momento en que la vida de nuestro compañero llega a su fin.

De alguna forma, cuando nosotros seguimos ese envejecimiento y declive, también vamos anticipando el proceso de duelo, haciéndonos progresivamente conscientes de que nos queda poco tiempo con nuestra mascota, lo que mitiga ligeramente el impacto emocional de su defunción.

No obstante, podría ocurrir que, contra todo pronóstico, nuestra mascota pereciera de forma repentina por algún tipo de accidente o suceso totalmente imprevisto. En estos casos, comienza la elaboración del duelo al uso, pero con una intensidad emocional mayor asociada a la sensación de impotencia y de frustración de la situación (de manera similar a cómo sucedería cuando una persona “joven” fallece de forma prematura).

En estos casos, la elaboración del duelo resulta más intensa y difícil, y requiere que nos preparemos para superar las diferentes fases de adaptación a la pérdida.

Según Elisabeth Kübler-Ross, son habitualmente 5 las fases a atravesar en un periodo de duelo, aunque no siempre se dan todas ellas ni necesariamente en el orden establecido:

  • Negación: negamos que la pérdida haya ocurrido.
  • Ira: frustración y enfado porque la pérdida haya sucedido.
  • Negociación: se trata de negociar con el entorno o con uno mismo, buscando una solución para la pérdida pese a conocerse la imposibilidad de repararla.
  • Resignación: se experimenta una tristeza por la pérdida, que empieza a percibirse como “real”.
  • Aceptación: se asume que la pérdida es inevitable llegando a la aceptación (que no al olvido).

¿Qué ocurre cuando experimentamos un duelo por una mascota?

Si bien a nivel social (en la cultura occidental) se espera una manifestación de tristeza, dolor y malestar cuando fallece una persona allegada, no ocurre del mismo modo para la pérdida de una mascota.

Ocurre con frecuencia que, personas que no viven con mascotas o a las que no les gustan los animales, tienen un nivel mayor de dificultad para comprender a nivel emocional el tipo de vínculo entre una mascota y el humano, y la intensidad de la pérdida cuando esa mascota ya no está.

Por eso, en muchas ocasiones, el duelo por una mascota supone un proceso de adaptación más complicado que el duelo por un vínculo con otra persona, debido a que no es un duelo que suele experimentar el mismo tipo de apoyo emocional que cuando fallece una persona querida.

perro-mira-paisaje

A menudo este déficit de apoyo se observa en aportaciones como: “era un animal”, “tu reacción es exagerada” o “puedes adoptar otro”, que pretenden restar importancia al impacto de la situación, pero no suelen suponer un alivio ya que para la persona que ha perdido su mascota no hay otra que pueda sustituir o reemplazar el vínculo establecido, de la misma forma que nadie puede reemplazar a otra persona ni los vínculos establecidos entre personas.

Ante un duelo, la persona necesita contar con alguien con quien pueda hablar de su sufrimiento y de la importancia que ese vínculo tenía para ella.

El duelo en los niños tras la muerte de una mascota

De igual modo ocurre con los niños, a los que a menudo los padres facilitan el cuidado de una mascota como un entrenamiento tanto en el desarrollo de vínculos como de responsabilidades. Es decir, los niños se hacen cargo de cuestiones básicas como mantener limpio el entorno de la mascota, proporcionarles comida, etc.

Aparte de estos cuidados básicos, los niños desarrollan fácilmente vínculos con sus mascotas, motivo por el cual notan rápidamente la ausencia cuando dicho animal fallece.

Por esta razón, para los niños la muerte de un animal puede ser incluso más frustrante que para un adulto por dos cuestiones: la primera, en función de la edad (cuanto más baja, más complicado), los niños aún no comprenden bien el concepto de la muerte y su irreversibilidad. La segunda, las dificultades que pueden experimentar a la hora de gestionar sus emociones, ya que no pueden hacerlo de la misma forma que un adulto.

Por tanto, los niños experimentan una gran confusión y frustración ante la muerte, por lo que necesitan contar con un apoyo sólido y cálido por parte de sus padres.

Es muy importante que los padres no traten de restar valor a la situación, ya que los niños no pueden controlar sus emociones y que sufran por la pérdida de un vínculo sólo les hace más humanos. Sería conveniente cambiar frases del tipo: “Esto es una tontería, buscaremos otra mascota” por: “Cuánto siento tu pérdida, ¿hay algo que pueda hacer por ti?”

El niño necesita notar que puede contar con sus padres en un momento difícil, algo que contribuirá futuramente a la construcción de relaciones de apego seguro y a una mayor autoestima infantil y adulta.

En definitiva, para la elaboración del duelo el primer paso es reconocer nuestras emociones y poder contar con suficiente apoyo como para poder volcar todo el sufrimiento que podemos estar experimentando.

Se trata de adaptarnos a la ausencia de un compañero que no expresaba exactamente con palabras, pero contaba con otras muchas formas de compartir y de comunicar.

Nota: En diversas ocasiones se ha encontrado en algunos animales la reacción inversa, es decir, mascotas que “lloran” la pérdida de sus humanos, siendo capaces de sentir su ausencia y el dolor inherente a la misma. No se conoce muy bien cómo experimentan los animales el duelo, pero se sabe que se vinculan y que viven emociones como la alegría y la tristeza en relación a los vínculos con sus cuidadores.

El duelo por una mascota
4.6 (91.67%) 12 votos.

Irene Micó
Graduada en Psicología por la Universidad de Valencia en 2014. Trabajando como psicóloga en Dopsi desde 2017. Máster en Psicología Clínica y Salud: Estrategias Actuales de Intervención. ADEIT/Universidad de Valencia. Formación en Terapia Gestalt por el Instituto Francés de Terapia Gestalt (IFGT). Formadora para la reeducación y sensibilización vial en infractores de tráfico. Diplomas acreditativos de conocimiento en las siguientes áreas: Marco conceptual de la psicología clínica y de la salud, Counselling y su aplicación sanitaria, Técnicas terapéuticas básicas, Dinámica pericial, Reestructuración cognitiva, Mindfulness, Tratamiento de la depresión y la ansiedad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.