La educación que ofrecemos a nuestros hijos es la mejor herencia que les podemos transmitir. El aprendizaje que lleven consigo, será su equipaje para la edad adulta. Por este motivo buscamos la escuela que creemos más adecuada y les enseñamos cómo hacer las cosas lo mejor posible. Y sin darnos cuenta, las enseñanzas que damos diariamente transmiten también valores. Pero, ¿qué son los valores?

Los valores son guías de comportamientos que regulan la conducta de un individuo. Permiten regular la conducta de la persona para lograr el bienestar colectivo, así como una convivencia armoniosa y pacífica en la sociedad.

Educar a nuestros hijos para que aprendan valores como la justicia, la libertad, la responsabilidad, la amistad, el respeto, la comprensión, la tolerancia, entre otros, son esenciales para tener un desarrollo emocional sano, y les ayudará a convivir de mejor manera y a sentirse bien en el ambiente en que se encuentren.

Un niño que conoce el límite del otro, podrá vivir una vida más feliz y saludable, tanto en su entorno familiar como en el escolar. El niño que sabe respetar a los demás, será más fácilmente respetado, y así con todo.

Cómo se educa en valores

De todos es sabido que los niños son el reflejo de lo que ven en los adultos más cercanos. Como reza el dicho: “educar es todo aquello que hacemos cuando no estamos educando“, o lo que es lo mismo, los niños aprenden mucho más de lo que ven que hacemos, que de lo que les decimos que deben hacer.

Durante la convivencia con sus padres, con sus familiares, amigos, vecinos, etc. los niños observan y aprenden formas de comportamiento. Esto ocurre de forma automática, inconsciente,  mientras nos relacionamos con otras personas, cuando solucionamos problemas, si actuamos de una determinada manera, etc., ellos van asimilando cuál es nuestro sentido de la responsabilidad, cuáles son nuestros valores y, algo muy importante, lo consecuentes que somos con lo que decimos y lo que hacemos, o hasta dónde llegamos a la hora de defender nuestras creencias, o lo que es lo  mismo, si somos coherentes.

Otra cosa importante a la hora de educar en valores a un niño, es tener claro que no podemos exigirle que siempre esté de acuerdo en todo lo que le decimos. Nuestra misión no es llenarles de opiniones y contenidos como si fueran un libro en blanco y esperar que los interioricen sin más, nuestro objetivo es ayudarles a pensar, explicarles las cosas de manera sincera y clara, de manera que entiendan nuestras motivaciones y las razones que hacen que actuemos de un modo determinado, para que ellos entiendan qué hay detrás de cada acto.

Para esto es importantísimo dialogar, hablar con ellos sobre nuestra manera de ser y actuar, querer conocer sus opiniones y buscar sus argumentos a favor y en contra de lo que hacemos. Si los niños ven que nuestras acciones son consistentes, si ven que somos consecuentes con nuestras palabras, si ven que somos respetuosos, sinceros y honestos, y si entienden por qué lo hacemos, es muy probable que acaben actuando del mismo modo.

Si en cambio ven que nuestras palabras se las lleva el viento, que pedimos a los demás que hagan lo que les decimos, pero no lo que hacemos, si mentimos, si hacemos lo que más nos convenga según el momento, ellos lo notarán, no aprenderás nos valores de la honestidad y además perderemos autoridad como padres y educadores.

Pero el camino no es siempre fácil, no somos perfectos y nuestros hijos tampoco lo serán. En ocasiones lo haremos mejor y en otras peor. Lo importante y lo que nos ayuda a crecer, es ser capaces darnos cuenta de nuestras carencias, para intentar mejorarlas.

Aun así, la misión de padres, tutores y educadores, es ofrecer la mejor educación y lo más honesta posible, no vale escudarse en que “como a mí me educaron así…” o peor aún “mis padres fueron demasiado autoritarios conmigo, así que yo a mi hijo le doy mucha libertad“, porque una cosa es dar libertad y que el niño la utilice para crecer y explorar nuevos caminos o posibilidades, y otra muy distinta es que el niño actúe sin pensar en los demás, en sus derechos y necesidades, comportándose d forma egocéntrica o egoísta. Se ha visto que, en estos casos en concreto, el comportamiento del niño muchas veces está diciendo de manera enmascarada, que lo que nosotros creemos que es libertad es más bien permisividad (o casi pasotismo) y que es necesario que un padre que ejerza como tal, estando con él si hace falta, para dar ejemplo y decir que NO, cuando sea necesario. Los niños necesitan normas y conocer cuáles son los límites, de la forma más clara posible. O lo que es lo mismo, los niños piden a veces a gritos que les eduquemos y en la sociedad se pide también, pues decir que debemos educar en valores es muy fácil, pero también hay que hacerlo, dando el mejor de los ejemplos.

 

El arte de transmitir valores
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