padre hijo apego


El apego se ha convertido en los últimos años en un concepto clave para todos aquellos profesionales que nos dedicamos a trabajar con las familias. Las numerosas investigaciones que se están llevando a cabo ofrecen información muy valiosa sobre la importancia de los vínculos familiares. Como se ha demostrado recientemente, relaciones de apego seguras dentro del contexto familiar están estrechamente relacionadas con un mejor desarrollo psicológico y social de los individuos.

Qué entendemos por apego

Y entonces: ¿Qué es exactamente el apego? Para Bowlby (1969), padre de la teoría “El apego es una unión emocional profunda y duradera que conecta a dos personas a lo largo del espacio y del tiempo”.



Más concretamente, se ha definido el apego como una función biológica destinada a vincular al niño con su madre o padre (o adulto de referencia) con el objetivo de garantizar la supervivencia del organismo. En este contexto, el niño cuenta con un repertorio de conductas (como llorar, “hablar”, tocar…) que le sirven para captar la atención del adulto y que de esta manera se pueda empezar a formarse esta relación de apego.

Por su parte, la madre y el padre tienen también unas habilidades y capacidades innatas que les facilitan reconocer estas necesidades en el niño, atender a sus llamadas y responder de manera sensible a ellas. Las madres (y los padres en menor medida) son capaces de intuir si el llanto de su niño es por hambre, sueño o porque necesita que le cambien el pañal. A medida que pasa el tiempo, esta intuición se va perfeccionando, y cada vez se elaboran “diagnósticos” más específicos sobre la situación del pequeño. A través de las atenciones y cuidados de los padres, el bebé y el adulto comienzan a conectar, a desarrollar una relación y un vínculo. Esta conexión corporal y emocional es clave para la formación de una relación de apego segura.

La importancia del apego

La idea que se tenía sobre el fin fundamental del apego ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Si bien los primeros autores consideraban que la función del apego era la supervivencia física del organismo y que el niño fuera capaz de salir adelante gracias a la ayuda de su adulto de referencia, actualmente los autores subrayan la importancia de la vinculación entre el adulto y el niño para el correcto desarrollo de la psique del pequeño y de sus capacidades mentales avanzadas. La empatía, la regulación emocional o las estrategias de resolución conflictos son habilidades que se adquieren en la interacción reguladora con el adulto de referencia, que “enseña” al niño a través de su propio ejemplo. En este caso, hablamos de la idea de “supervivencia psicológica” por parte del niño.

Miriam y Howard Steele, investigadores destacados de la teoría del apego, desarrollaron un estudio, al que llamaron el London Project, en el que investigaban las representaciones mentales de apego en los padres y de que manera éstas eran transmitidas a sus hijos. Uno de los aspectos importantes en esta investigación fue su diseño longitudinal, que les permitió trabajar de manera continua con un grupo de niños a lo largo del tiempo. Gracias a ello fueron capaces de entender como iban evolucionando las habilidades cognitivas asociadas a estilos de apego seguro, como son la metacognición (reflexionar sobre nuestros propios sentimientos y pensamientos) y la regulación emocional, y cómo los estilos de apego seguros e inseguros de los padres se transmitían a sus hijos.

Los resultados de su investigación sugerían que es dentro del contexto de una relación segura donde se dan las condiciones idóneas para que el niño pueda poner las bases y comenzar a desarrollar los mecanismos que le permitirán entender y dominar sus pensamientos y emociones. Para ellos es necesaria una relación donde la madre se muestre sensible y comprensiva hacia las necesidades de sus hijos, y donde estas necesidades, así como los sentimientos que van asociados a ellas, sean tratados de manera abierta y orgánica, dándose una comunicación libre entre la madre y su hijo.

En un contexto de estas características los niños son capaces de, por un lado, construir de manera segura la base de su personalidad y su psicología, y por otro, tener la percepción de que los padres son un lugar seguro al que pueden recurrir cuando las cosas no van bien y se sienten asustados o angustiados.

Es muy importante que entendamos como padres la importancia que tenemos y el papel central que jugamos en la salud emocional de nuestros pequeños. Somos los responsables de que los cimientos de su personalidad sean fuertes y resistentes y somos el referente del que los pequeños van a aprender habilidades tan complejas como son la empatía o la regulación emocional. Hemos de asumir nuestra responsabilidad y actuar de tal manera que les permita convertirse en adultos coherentes y con una salud psicológica de hierro.





IK Family
Doctor en Psicología, especialista en psicología infantil y del adolescente, terapia de familia, apego y TDAH, creador de IK Family. También soy padre, experiencia maravillosa que me ha permitido descubrir en primera persona la importancia de establecer dinámicas llenas de armonía y seguridad con nuestros seres más cercanos. IK Family nace con la intención de ayudar a las familias que buscan soluciones a los conflictos o situaciones difíciles que se surgen en su día a día y que les generan niveles de ansiedad y frustración altos que no les permiten llevar una vida plena.

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