El Efecto Mariposa y la importancia de los pequeños cambios

El efecto mariposa


El Efecto Mariposa es un término que alude a la conexión que existe entre prácticamente cualquier lugar del mundo. Se trata de una teoría sobre la que se han realizado multitud de estudios de lo más interesantes. Vamos a conocer mejor de qué se trata, en qué consiste y cómo tenerlo en cuenta en nuestras vidas.

Los grandes cambios empiezan con cambios muy pequeños

“Algo tan pequeño como el aleteo de una mariposa, el última instancia, puede causar un tifón al otro lado del mundo”. De esta premisa parte el llamado efecto mariposa, una teoría que explica cómo los grandes cambios pueden ser provocados por actos muy pequeños.



Se trata de algo muy común y que se aplica en psicología y que, aplicado a este aspecto, podemos verlo como la posibilidad de que nuestros mínimos cambios pueden tener una enorme fuerza en el conjunto del mundo.

Al fin y al cabo, todos, absolutamente todos, incidimos en nuestro entorno. Es decir, nadie está a salvo de no afectar en cierta manera al transcurso de la historia, de una forma u otra: a través de nuestro trabajo, de nuestras relaciones…

Esto es muy útil para asumir y entender los procesos de cambio y la relatividad de todo. Es asimismo una forma de desarrollar dos aspectos muy importantes para la vida y el bienestar psicológico. Estos son la adaptación a la incertidumbre y la flexibilidad a nivel mental.

Vivimos en una realidad en la que por más que queramos tener bajo control nuestra vida, estamos supeditados a que ocurran imprevistos que no dependen directamente de nosotros. A esto se une lo que se conoce como el azar y el efecto que, sin duda, tiene en nuestras vidas.

Estas alteraciones pueden ser positivas a veces. Es lo que se conoce como “estar en el lugar adecuado en el momento adecuado”. También pueden ser negativas, pues no podemos controlar este aspecto.

Sin embargo, sí que podemos usarlo en nuestro favor para desarrollar nuestras competencias personales y aspectos tan importantes como la resiliencia, el enfoque positivo, la capacidad de superación y, en definitiva, conocer cómo reaccionamos ante las adversidades.

Más allá de todo esto, es posible también aplicar el efecto mariposa a cómo lo provocamos nosotros mismos. Esto es, cómo nuestros actos inciden en otras personas que nos rodean, de forma similar a cuando empujas una ficha de dominó que tira las siguientes.

Hay que ser conscientes de que todos nuestros actos provocan cambios en las personas de nuestro alrededor. Por lo tanto, es conveniente plantearnos cómo podemos vivir sin que influyamos negativamente en los demás.

Para ello podemos poner en práctica una serie de buenos hábitos o conductas que, asimismo, repercutirán de forma positiva en nosotros mismos. Por ejemplo, una de ellas sería hablar directamente de los problemas que tenemos con los demás.

Este es un mal hábito muy común. Se trata de la tendencia a callarnos cuando algo no nos gusta, de modo que nos envenenamos y acabamos transmitiéndolo de la peor manera, haciendo a su vez que la otra persona se sienta mal.

Puede ser que a la vez esto genere una conducta nociva a su vez con otras personas de su entorno. En lugar de esto, deberíamos decir las cosas, hablar con asertividad, defendiendo nuestra postura sin dañar al otro con nuestras palabras ni nuestros actos.

Ser amable con las personas de nuestro entorno también redundará en bienestar. Esto se extiende no solo a las personas que nos rodean, sino a aquellas con las que nos cruzamos por casualidad: el conductor del autobús, el cajero del supermercado…

A veces nuestro mal humor lo contagiamos provocando situaciones desagradables con otras personas. Esto es importante corregirlo para así ser fuente de bienestar para nosotros, pero también para los demás.

Hacer pequeñas cosas por los demás sin esperar nada a cambio es otra de las formas de repercutir en este efecto mariposa. No tiene que ser solo colaborar con una ONG, que también, sino que puede ser también ayudar a personas más cercanas.

Ejemplo de ello sería ayudar a un amigo, a un vecino, ceder un asiento en el autobús… Todos estos pequeños gestos altruistas pueden ayudar a que otras personas se sientan mejor, y también siempre redundará en un beneficio directo para nosotros.

Gestionar nuestras emociones negativas, tales como el enfado, es importante. De este modo evitaremos contagiarlas a las personas cercanas. Por ello, es conveniente detenerse un minuto para relativizar el problema que nos ha causado el malestar. Así lograremos que esto no desemboque en enfados paralelos con otras personas de nuestro entorno.

En definitiva, el efecto mariposa es una teoría que hace referencia a que cada pequeño acto que hagamos tiene unas enormes consecuencias. Estas afectan al mundo en su conjunto y a las personas que nos rodean. O lo que es lo mismo: el poder del cambio.

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