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“Perdona, ¿me podrías dar el número de teléfono de Sonia? Me gustaría llamarla para felicitarle por su cumpleaños”, preguntó Alberto. “Claro, apunta”, respondió Marta. “Ups, no tengo nada para apuntar, pero tú dímelo que yo me acuerdo”, aseguró Alberto. “De acuerdo, seis, ocho, ocho, nueve, nueve, ocho, dos, nueve, ocho, uno, tres, cinco, ¿te acordarás?”. “Sí, sí, tranquila”, respondió Alberto. Al cabo de unos minutos, cuando Alberto quiso llamar a Sonia solo recordaba el uno, el tres y el cinco, es decir, los últimos números. ¡Bienvenidos al conocido efecto de recencia!

¿A quién no le ha pasado más de una vez que pensando que recordaría una lista de números o nombres solo ha recordado la última parte de la información? Algo tan común como este fenómeno recibe en psicología el nombre de efecto de recencia. Así pues, no se trata de un fallo preocupante de memoria, todo lo contrario, es algo común que nos pasa a la gran mayoría. Por lo que no hay motivo para la alarma.



Efecto de recencia, ¿en qué consiste?

Como se ha podido deducir en la introducción, el efecto de recencia consiste en recordar con más precisión los últimos datos de una lista de información. Alan Baddeley (2003), define el efecto de recencia como un “término empleado para describir el recuerdo potenciado de los últimos ítems presentados”. Como define el autor en otras palabras “la tendencia a que las últimas palabras de una lista se recuerden particularmente bien”.

“Gracias a la memoria somos lo que somos y sabemos quienes somos y nuestra vida adquiere el sentido de la continuidad. Sin memoria, cada día, cada hora, cada instante, significaría el fin de una cosa y el comienzo de otra”.

-José María Ruíz Vargas-

¿A qué se debe el efecto de recencia?

Una de las teorías que cobra más fuerza es el papel de la memoria a corto plazo, también conocida como memoria de trabajo. ¿En qué consiste este tipo de memoria? Como describe Ignacio Morgado (2005), en su artículo “Psicobiología del aprendizaje y la memoria”: la memoria a corto plazo es un sistema para almacenar una cantidad limitada de información (generalmente menos de una docena de dígitos) durante un corto periodo de tiempo. Es una memoria inmediata para los estímulos que acaban de ser percibidos. Un ejemplo típico es el número de teléfono que retenemos en la mente durante el corto tiempo que necesitamos para marcarlo”.

Morgado añade que se trata de una memoria frágil y efímera que se desvanece con rapidez. Además, resulta muy vulnerable a cualquier tipo de interferencia. Por ejemplo, si después de que nos digan una lista de palabras, nuestra atención se distrae en otra tarea, lo más seguro es que olvidemos la mayoría de palabras. Por eso, cuando nos dicen un número de teléfono, si no lo marcamos al momentos, solemos olvidarlo. Morgado señala que este tipo de memoria “se basa en actividad o cambios efímeros, eléctricos o moleculares, en las redes de neuronas que procesan la información”.

De esta forma, el efecto de recencia estaría relacionado con la capacidad temporal y delicada de la memoria de trabajo que tendería a recordar los últimos números, palabras o ítems que hemos memorizado. Quizá en este punto algunos lectores se estén cuestionando este planteamiento, porque precisamente les ocurre al revés: “pues yo recuerdo mejor los primeros números”. En este caso estamos hablando del efecto de primacía.

Diferencias: efecto de primacía y efecto de recencia

Diversos estudios afirman que el efecto de primacía, que consiste en recordar las primeras palabras, por ejemplo, de una lista, estaría relacionado con la memoria a largo plazo (MLP). Mientras que el efecto de recencia, está relacionado con la memoria a corto plazo (MCP). Pero, ¿cómo se explica si se trata de una lista de números o nombres que acabo de escuchar? Al parecer, cuando prestamos atención a aquello a memorizar, algunas personas, en su empeño por recordar todo el conjunto de ítems empiezan a repetir las primeras palabras o números.

La existencia de dos tipos de memoria, MCP y MLP, está siendo muy estudiado desde mitad del siglo XX hasta nuestros días. Ya en 1982, Adela Garzón y Julio Seanoe en el libro “Psicologia Cognitiva y Procesamiento de La Información” recogían datos en los que se apreciaba la diferencia entre el efecto de primacía y el de recencia. Según estos autores: “el efecto de recencia (los últimos ítems de una lista se recuerdan antes y mejor) sería un exponente claro de memoria inmediata, a corto plazo, mientras que el efecto de primacía reflejaría la consolidación, la transferencia de la información de la memoria”. 

En este caso, a través de la repetición, lo recordado podría llegar a filtrarse y entrar en la memoria a largo plazo. Como describe Morgado “si como consecuencia de la repetición de la experiencia los cambios neurales de la memoria a corto plazo persisten, pueden activar otros mecanismos de plasticidad cerebral produciendo cambios estructurales en las sinapsis, es decir, en las conexiones entre las neuronas. Estos cambios constituyen el soporte físico del siguiente estadio, denominado memoria a largo plazo.

Efecto de recencia y política

¿Qué tendrá que ver este efecto y la política? ¿Os habéis fijado que los políticos suelen querer ser los últimos en cerrar un debate? La psicología va más allá de la terapia y se integra en aspectos que mucha gente desconoce como es el caso. De esta forma, al saber que lo último que van a escuchar los espectadores es más probable que sea la información que van a recordar, una gran mayoría de políticos prefieren cerrar los debates políticos. ¡Por eso en tantas ocasiones se echa a suerte quién será el último en hablar!

“Cada uno tiene el máximo de memoria para lo que le interesa y el mínimo para lo que no le interesa”. 

-Arthur Schopenhauer-

Incluso van más allá. Cuando llegan las elecciones, ¿cuántas mejoras ocurren en nuestros pueblos, ciudades y países? De repente, los parques que llevaban cuatro años abandonados son restaurados, edificios pintados, carreteras asfaltadas, bajan los impuestos… ¿Cuántos arreglos se producen en los últimos meses de legislatura a nivel político antes de unas elecciones? Efectivamente, de nuevo el efecto de recencia. De esta forma, recordamos lo último que ha hecho el partido y, de esta forma, ganan votos.

Reflexión final

La psicología rodea nuestras vidas, desde estrategias de marketing para vendernos más productos, hasta técnicas a nivel político. Sin duda, es una disciplina de lo más interesante que llega en profundidad a una gran variedad de aspectos. Se trata de una ciencia que cada vez goza de más presencia en la sociedad y a través de ella se puede generar un enorme bien a nivel colectivo y particular.

A pesar de que en ocasiones la psicología pueda servir para conseguir un objetivo comercial o político, no quita valor a la disciplina. ¿Por qué transmito este mensaje? Porque no hay duda de que aquellos que sentimos la psicología como vocación, el interés siempre será en ayudar al bienestar de las personas. Más allá de intereses que engloben estrategias para conseguir fines concretos a niveles políticos o comerciales. Es más, incluso a nivel político, desde la psicología se podría hacer mucho bien. Comprender a la gente, sus necesidades, sus inquietudes y escuchar con empatía al ciudadano, sería un gran avance en cuanto a la empatía del político al ciudadano.

Bibliografía

  • Baddeley, A. (2003). Memoria humana. Teoría y práctica. Madrid: McGrawHill
  • Delclaux, I. y Seoane, J. (1982). Psicología cognitiva y procesamiento de la información. Madrid: Pirámide.
  • Morgado, I. (2005). Psicobiología del aprendizaje y la memoria. Cuadernos de Información y Comunicación, 10, 221-233.
Efecto de recencia, ¿qué es y por qué se produce?
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