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El duelo es un proceso normal ante la muerte. El duelo normal es el proceso de adaptación que nos permitirá volver a recuperar el equilibrio personal y familiar.

En los niños, el duelo depende de su concepto de muerte y de vida, el cual evoluciona según la edad y las vivencias. No es lo mismo enfrentarse a un proceso de duelo para un niño de tres años que para otro de diez, pues su entendimiento y madurez son muy diferentes. Pero en todos los casos, el entorno familiar puede ayudar mucho en este proceso.

Antes de los 4 años

Durante la primera infancia el niño no entiende el concepto de muerte. La falta del ser querido se puede vivir como un abandono sin más. Los niños que se enfrentan a la pérdida de un ser querido a tan temprana edad pueden manifestar:

  • Llanto continuado.
  • Trastornos del sueño y / o la alimentación.
  • Conductas más infantiles de lo que les corresponde, como volverse a chupar el dedo.
  • Un tipo de juego o un lenguaje repetitivo.
  • Inhibición, pasividad, conductas de ausencia, como si no estuviera.

De los 4 a los 6 años

Durante esta edad los niños ya empiezan a mostrar interés por la muerte, hacen preguntas y quieren respuestas sencillas. Piensan que la muerte puede ser algo reversible, como el dormir, y que la muerte es algo provisional, que no es para siempre. En estas edades pueden manifestar:

  • Miedo a separarse de sus padres.
  • Rabietas y explosiones de irritabilidad.
  • Trastornos del sueño, con un incremento de los temores usuales.
  • Comportamiento de lucha, llanto y / o aislamiento.
  • Actuar y hablar como si la persona estuviera viva y pudiera volver.
  • Regresión a conductas de etapas anteriores.
  • Pasar del llanto a la risa con cierta rapidez, con aflicciones breves y recurrentes.
  • Dificultades de prestar atención, mostrándose ausente, sin querer hablar de lo ocurrido.

De los 6 a los 11 años

Durante esta etapa los niños ya tienen conocimiento del ciclo vital del ser vivo, saben que termina con la muerte y que es para siempre. Como se puede manifestar:

  • Con incredulidad, conmoción y / o confusión. Puede estallar en cólera y sentirse traicionado por la persona muerta.
  • Con rabia expresada a través de juegos violentos, pesadillas, irritabilidad.
  • Haciendo rabietas.
  • Con miedo a perder otro ser cercano.
  • Con conductas más infantiles de las que le son propias por edad …
  • Pueden sentirse culpables por cosas que han dicho o hecho con la persona que ha muerto.
  • Tristeza expresada en forma de insomnio, pérdida del apetito, miedos, falta de intereses, añoranza por la persona pérdida…
  • Incapacidad para concentrarse en la escuela, bajo rendimiento escolar.
  • Conductas oposicionistas.

Sugerencias para ayudar a los niños a superar la pérdida

Algunas de las cosas que más se recomienda a las familias que hagan con los niños ante un proceso de duelo por una pérdida de un ser querido importante son las siguientes:

Acompañar al niño en el proceso explicándole la realidad de la muerte hasta donde él pueda entender, con palabras sencillas y encontrando los momentos adecuados.

Para los más grandes, puede ser útil explicar los momentos de la vida donde la muerte esté presente (ejemplos de animales, plantas), para mostrar que la muerte es un hecho natural y que sucede a todos los seres vivos.

Es bueno que se les dé la posibilidad de elegir si quieren o no quieren asistir y participar en los actos funerarios, siempre acompañados de un adulto, y con las explicaciones suficientes.

Si no desean participar los podemos ofrecer otras posibilidades como dibujar, escribir una carta que les ayude a despedirse de la persona que ha muerto.

La familia debe aceptar la expresión de sentimientos de tristeza para poder vivir de forma adecuada el duelo.

Es importante que la familia pueda abrazar al niño, escucharlo, llorar con él y explicarle que aunque el adulto también esté triste nos seguiremos ocupando de él.

Es bueno que tan pronto como nos sea posible podamos recuperar el ritmo cotidiano y garantizar la máxima estabilidad con los menos cambios posibles.

A partir de los 12 años

La muerte intensifica la presión que como adolescentes sienten para afrontar el futuro e incrementa su estado emocional agitado. La muerte les hace tomar conciencia de su propia mortalidad. Por este motivo pueden manifestar:

  • Un incremento de su malestar físico, como migrañas, dolores abdominales, etc.
  • Malestar psicológico.

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Sugerencias para ayudar a los adolescentes

En esta difícil etapa de transición que es la adolescencia, debemos aprender a ponernos en su lugar, pero respetando que todavía nos son suficientemente adultos como para llevar a cabo papeles que no les corresponden. Se aconseja:

Darles una información clara y adecuada sobre la situación.

Permitir y respetar la expresión o no de sentimientos.

Potenciar su participación en todos los actos.

Mostrarse cercanos y disponibles para cuando necesiten el adulto, garantizar la atención y el afecto.

Mantener las rutinas y las normas para que no sientan que su mundo se desorganiza y contribuir a su estabilidad.

No pedirles responsabilidades que no les corresponden por edad, ni responsabilidades que tenía la persona que ha muerto. Por ejemplo hacer de madre o padre de hermanos pequeños.

Es importante reafirmar la personalidad del adolescente valorando sus gustos, inquietudes y preferencias y diferenciarlos de la persona que ha muerto.

En general es bueno respetar el proceso de duelo del niño y autorizar sus expresiones, manifestando que lo que le pasa es normal, y relacionándolo le la manera con que se manifiesta con la pérdida del ser querido.

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