Mientras por un lado se van erradicando enfermedades venéreas o infecciosas, por otro aumentan los problemas de salud mental. Cada año, las cifras de las personas que padecen ansiedad, nerviosismo o depresión aumentan sin parar. Hoy nos gustaría tratar un problema que afecta ya a uno de cada 3 españoles: el insomnio.

Los trastornos del sueño son muy habituales. Seguramente tú mismo/a lo has padecido, ni que sea de forma ocasional, o bien conoces a alguien con problemas para dormir. Mal de muchos puede ser consuelo de tontos, pero no cuando nos afecta a nuestro rendimiento diario.

Encontrar el origen del problema es clave

Los problemas de insomnio son causados por una infinidad de motivos. Para poder arreglar nuestro ciclo del sueño y volver a dormir como antes, debemos encontrar la raíz del problema y actuar sobre ella. Como podrás deducir, no es lo mismo un jet lag tras un largo viaje que el hecho de no poder dormir por estrés laboral.

Algunas de las causas más comunes del insomnio son las siguientes:

  • Enfermedades físicas, especialmente las que provocan dolencias musculares.
  • Estrés en el trabajo: si te llevas las preocupaciones al dormitorio no vas a descansar nunca.
  • Ansiedad o depresión por situaciones que nos afectan, como es la muerte de un familiar, un divorcio o una mudanza complicada.
  • Una mala ambientación de la habitación, como puede ser el exceso de ruido de la calle por las noches o la luz.
  • Disminución de la melatonina por el paso del tiempo. Los años nos afectan a todos y a todas.
  • Consumo excesivo de sustancias con cafeína o teína, especialmente en horarios de tarde.
  • Efectos secundarios de medicamentos.

Existen otras, pero estas son las que más comúnmente afectan a la población. Cuando sabemos lo que causa nuestro desvelo se conoce como insomnio secundario, mientras que si es de causa desconocida, es el primario.

Ponle una solución antes de empeore

Nunca es tarde para solucionar un problema de este calibre. Aunque sientas que ya lo has probado todo, es posible que tu enfoque de cara al problema no sea el correcto o que hayas mezclado tantas cosas que no sabes ni por donde vas.

Algunas webs como www.mevoyadormir.com apuestan por soluciones para todo tipo de personas. En ella se encuentran remedios naturales, pastillas para dormir efectivas, técnicas como la hipnosis o la meditación o música para dormir hasta los más peques de la casa. No solo eso, sino que contiene información al día y muy fácil de entender a la hora de tratar los problemas de sueño.

Has de entender que cada persona es distinta, y lo que le fue bien a tu madre o a tu novio, puede que a ti no te haga efecto alguno. Analizar tu situación personal y todo aquello que te condiciona a dormir mal es el primer paso. De ahí llegará tu solución perfecta.

Primeros pasos antes del remedio definitivo

  • Intenta no leer dispositivos electrónicos (móvil, tablet u ordenador) al menos una hora antes de meterte en la cama. La luz de estos aparatos nos afecta y fomenta la aparición del temido “insomnio tecnológico”.
  • Una vez en la cama, no pienses en cuántas horas quedan para que suene el despertador, ni tampoco intentes repasar todos los puntos de la reunión con tu jefe. Concéntrate en tu respiración, medita, deja los problemas de puerta afuera.
  • Leer un libro antes de acostarse ayuda a coger el sueño más rápidamente.
  • No se te ocurra beber alcohol a modo de somnífero, pues los efectos puede ser devastadores. En lugar de eso, apuesta por un vaso de leche caliente antes de acostarte.
  • Mejora tu dieta y el abuso de sustancias excitantes. No cenes copiosamente.
  • Establece en medida de lo posible un horario regular al que te puedas acostumbrar. No te vayas a dormir más tarde de la hora establecida ni te levantes más tarde de la que te hayas puesto como reto.

Eso sí, nuestro consejo principal es que si sufres de problemas de sueño o de cualquier dolencia en general, recurras a tu médico de cabecera y a profesionales del sueño. Son estas personas las que van a poder guiarte desde la experiencia y el conocimiento.

Dormir (no siempre) es un placer
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