La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica. Aristóteles

Origen del término de inteligencia

El término inteligencia proviene del latín intelligentia, que a su vez deriva de inteligere. Esta es una palabra compuesta por otros dos términos: intus (entre) y legere (escoger). Por lo tanto, el origen etimológico del concepto de inteligencia hace referencia a quien sabe elegir, puesto que la inteligencia posibilita la selección de las alternativas más convenientes para la resolución de un problema. Así pues, de acuerdo a lo descrito en la etimología, un individuo es inteligente cuando es capaz de escoger la mejor opción entre las posibilidades que se presentan a su alcance para resolver un problema.

Oficialmente el Diccionario de la Lengua española de la Real Academia Española define la inteligencia, entre otras acepciones, como la “capacidad para entender o comprender” y como la “capacidad para resolver problemas”.

¿Qué es la inteligencia?

La inteligencia es la capacidad de asimilar, guardar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas

Aunque siendo sinceros, estas cualidades también son propias de muchos animales e incluso de los ordenadores. Pero el ser humano va un paso más allá, desarrollando una mayor capacidad de iniciar, dirigir y controlar nuestras operaciones mentales y todas las actividades relacionadas con el manejo de la información. Nosotros aprendemos, relacionamos, deducimos, realizamos cálculos, elaboramos probabilidades y muchas otras cosas más casi sin darnos cuenta. Además tenemos la capacidad de integrar estas actividades mentales y de hacerlas voluntarias, en definitiva de controlarlas, como ocurre con nuestra atención o con el aprendizaje, que deja de ser automático como en los animales para focalizarlo hacia determinados objetivos deseados.

De modo que la inteligencia de una persona está formada por un conjunto de variables como la capacidad de observación, la atención, la memoria, el aprendizaje, las habilidades sociales, etc., que le permiten enfrentarse al mundo diariamente. El rendimiento que obtenemos de nuestras actividades diarias depende en gran medida de la atención que les prestemos, así como de la capacidad de concentración que manifestemos en cada momento. Pero hay que tener en cuenta que, para tener un rendimiento adecuado intervienen muchas otras funciones como, por ejemplo, un estado emocional estable, una buena salud psico-física o un nivel de activación normal.

Desde pequeños hemos oído que el CI o Cociente Intelectual (en inglés IQ: Intelligence Quotient) era determinante para saber si una persona tendría éxito en la vida, con lo que un test podría marcar el futuro de su éxito académico y profesional. Sin embargo, hace ya varios años que desde el ámbito empresarial se dieron cuenta de que son otras capacidades las necesarias para el éxito en la vida. Y esas no las medía ningún test de inteligencia.

Una persona puede sacar un CI muy alto pero tener una vida personal muy pobre, y al contrario, ser alguien con un CI bajo pero tener una fuerza y valor para enfrentarse a los altibajos de la vida que muchos desearían.

La Inteligencia Emocional

Se ha podido comprobar que un elevado CI puede predecir quién tendrá éxito a nivel académico, pero no dice nada del camino que tomará la persona cuando termine su educación. Por otro lado, estudios recientes muestran que la Inteligencia Emocional es la principal responsable del éxito o fracaso de las personas en todos sus ámbitos: profesional, personal y social. Además se ha visto que el éxito profesional, independientemente de que se trate de un ingeniero, un profesor, un abogado o un vendedor, está definido en un 80% por la Inteligencia Emocional y en un 20% por su CI.

Como dice Daniel Goleman: Resulta paradójico que el CI sea tan mal predictor del éxito entre el colectivo de personas lo bastante inteligentes como para desenvolverse bien en los campos cognitivamente más exigentes.

Hoy en día la teoría que más se ha impuesto últimamente es la de la Inteligencias Múltiples de Howard Gardner. Ésta nos dice que no tenemos una sola capacidad mental, sino varias, concretamente siete:

Inteligencia Lingüística

Es la inteligencia relacionada con nuestra capacidad verbal, con el lenguaje y con las palabras en general. Esta inteligencia nos capacita para escribir poemas, historias, etc.

Inteligencia Lógica

Tiene que ver con el desarrollo de pensamiento abstracto, con la precisión y la organización a través de pautas o secuencias. Comprende las capacidades que necesitamos para manejar operaciones matemáticas y razonar correctamente.

Inteligencia Musical

Se relaciona directamente con las habilidades musicales, como el ritmo y la melodía. Nos sirve para crear sonidos nuevos para expresar emociones y sentimientos a través de la música.

Inteligencia Visual – Espacial

Es la capacidad para integrar elementos, percibirlos y ordenarlos en el espacio y poder establecer relaciones de tipo metafórico entre ellos. Esta inteligencia nos capacita para crear diseños, cuadros, diagramas y construir cosas. Está ligada a la imaginación.

Inteligencia Kinestésica o Corporal-cinética

Abarca todo lo relacionado con el movimiento tanto corporal como el de los objetos y los reflejos. Se usa para efectuar actividades como deportes, que requieren coordinación y ritmo controlado.

Inteligencia Interpersonal

Implica la capacidad de establecer relaciones con otras personas. Incluye las habilidades para mostrar expresiones faciales, controlar la voz y expresar gestos en determinadas ocasiones. También abarca las capacidades para percibir la afectividad de las personas o empatía.

Inteligencia Intrapersonal

Se refiere al conocimiento de uno mismo y todos los procesos relacionados, como autoconfianza y automotivación. Es como nuestra conciencia. Nos sirve para entender lo que hacemos y valorar nuestras propias acciones.

Esta teoría introdujo dos tipos de inteligencias muy relacionadas con la competencia social, y hasta cierto punto emocional: la Inteligencia Interpersonal y la Inteligencia Intrapersonal, que Gardner definió de la siguiente manera:

“La Inteligencia Interpersonal se construye a partir de una capacidad nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular, contrastes en sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones e intenciones. En formas más avanzadas, esta inteligencia permite a un adulto hábil leer las intenciones y deseos de los demás, aunque se hayan ocultado…”

“La Inteligencia Intrapersonal es el conocimiento de los aspectos internos de una persona: el acceso a la propia vida emocional, a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones entre las emociones y finalmente ponerles un nombre y recurrir a ellas como un medio de interpretar y orientar la propia conducta…”

En 1990, dos psicólogos norteamericanos, el Dr. Peter Salovey y el Dr. John Mayer, acuñaron un término cuya fama futura era difícil de imaginar. Ese término es “Inteligencia Emocional”.

La inteligencia como un punto de discrepancia científica

Todavía hoy la inteligencia es un tema que se encuentra en el punto de mira de muchas discusiones por parte de distintas disciplinas, como la psicología, la medicina, la filosofía, etc. Lo que sí sabemos es que no es algo innato e inamovible, y aunque sí es cierto cada uno de nosotros nace con unas determinadas habilidades y predisposiciones (igual que ocurre con nuestras cualidades físicas; altura, color de piel, de ojos, etc.), la educación y el entorno en el que nacemos, vivimos y crecemos es crucial para modelar nuestro carácter.

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