En el siguiente artículo se distinguirá entre el trastorno afectivo estacional o depresión de invierno y la depresión endógena.

La depresión es un trastorno heterogéneo en el que se han establecido distintos tipos de alteraciones circadianas, mientras que en otros pacientes no se ha podido demostrar ninguna. Esta diversidad refleja que la depresión puede tener múltiples orígenes.



Así, algunos de los cuales puede estar asociada con disfunciones circadianas y en otros no, sin saber con certeza en el primer caso si el trastorno circadiano es un síntoma o está involucrado en la etiología o fisiopatología.

Todo ello muestra la necesidad de llevar a cabo los estudios en poblaciones homogéneas de depresivos para que los resultados sean extrapolables.

La depresión de invierno: curiosidades

La incidencia total de trastornos depresivos aumenta considerablemente en primavera y en menor proporción en otoño. Sin embargo, los pacientes con este tipo de trastorno presentan depresión en invierno y última parte del otoño.

Además, mejoran considerablemente con la llegada de la primavera, no pudiéndose explicar este patrón por factores estresantes psicosociales estacionales. Numerosos estudios muestran que una proporción significativa de la población se ve influenciada en su humor por los cambios estacionales.

La mayoría de los pacientes con depresión de invierno son mujeres (60-90%), ocurriendo el comienzo de la enfermedad típicamente sobre los 30 años. La edad es un potente predictor, las personas más jóvenes tienen un mayor riesgo de episodios depresivos invernales.

La duración de los episodios depresivos suele estar en una media de 5 meses, comenzando generalmente en los meses de octubre o noviembre y terminando en marzo o abril.

En los primeros estudios se informaba que la mayoría de los pacientes presentaban síntomas de hipomanía en los meses de primavera y verano, presentando diagnósticos de depresión mayor con hipomanía (bipolar II).

Algunos síntomas en el trastorno afectivo estacional

Actualmente no está claro si el patrón estacional predomina en los unipolares o bipolares, aunque sí está claro que entre estos últimos predomina el bipolar tipo II. En cuanto a síntomas vegetativos, se produce:

  • Hiperfagia con aumento en el hambre específica por carbohidratos
  • Aumento de peso
  • Fatiga
  • Cambios premestruales
  • Incremento sustancial de la duración total del sueño e incremento en la latencia de éste
  • Decremento del apetito sexual
  • Dificultades en el trabajo
  • Retirada de las situaciones sociales

Diferencias con respecto a la depresión endógena

A diferencia de los depresivos endógenos:

  • La latencia del sueño REM no se ve alterada
  • La respuesta al test de supresión de cortisol por administración de dexametasona es similar a la obtenida en la población normal
  • Numerosas secreciones hormonales alteradas en depresivos endógenos permanecen en niveles normales en estos pacientes

La característica definitoria de este tipo de depresión es su reactividad a los cambios luminosos y climáticos ambientales. Los pacientes que han viajado o vivido en diferentes latitudes muestran un alivio en sus síntomas al acercarse al ecuador.

Por el contrario, muestran un aumento en la duración e intensidad de sus episodios depresivos cuanto más al norte estaban. La reducción en la luz ambiental por cualquier razón, por ejemplo, una racha de tiempo nuboso en verano o un cambio en el lugar de trabajo asociado a cambios de iluminación, suelen conducir a un deterioro en los estados afectivos.

Por otra parte, la presencia de días soleados en verano puede predisponer a la emergencia de los síntomas hipomaníacos. Por ello se ha sugerido que la prevalencia del trastorno podría variar en función de la latitud, encontrándose una mayor incidencia en las latitudes más al norte.

Modelos teóricos explicativos de la depresión de invierno o trastorno afectivo estacional

Uno de los primeros modelos teóricos para explicar la depresión de invierno ha sido el control que ejerce el período luminoso sobre el comportamiento reproductor en roedores y otras especies.

Estos animales tienen un intervalo fotosensible crítico de 12 horas centrado alrededor del mediodía. Cuando los días se acortan en invierno, los extremos de dicho período no son estimulados, produciéndose regresión gonadal.

Mientras que el alargamiento de los días en verano induce el comportamiento reproductor al estimular dichos extremos. Estos efectos están mediados por la melatonina pineal.

Tanto manipulaciones lumínicas como de la duración del aumento nocturno de melatonina pueden inducir regresión o desarrollo gonadal independientemente de la estación del año en que se realicen.

De esta forma, la depresión de invierno podría ser una reminiscencia de los ritmos estacionales del comportamiento presentes en animales. Ritmos que son adaptativos, al hacer que los nacimientos ocurran cuando las condiciones exteriores son más favorables para la supervivencia.

En este sentido, los pacientes con depresión de invierno presentan un patrón de concepciones distinto al que predomina en la población general. Mientras que en esta última el mes más alto en concepciones es diciembre, entre los depresivos invernales el pico de concepciones aparece en los meses de verano.

Tratamiento de la depresión de invierno mediante fototerapia

Siguiendo el anterior modelo, el tratamiento con luz de estos pacientes consistiría en aumentar la longitud de su período luminoso. Rosenthal y col. (1985), cit. en Del Paso, G. (1998) aumentaron dicho período tres horas antes de amanecer y tres horas después de anochecer durante dos semanas. Para ello utilizaron luz intensa en el grupo experimental y luz de baja intensidad en el grupo control.

Los resultados fueron espectaculares, produciéndose efectos antidepresivos (medidos mediante la escala de depresión de Hamilton) desde los 2 a 4 días del comienzo del tratamiento.

Tras su retirada se produjo una recaída a partir de los 4 días siguientes, aunque se tarda unas dos semanas en regresar a los niveles de línea base. La condición control no produjo respuesta aparente.

Numerosos estudios han replicado estos efectos antidepresivos del tratamiento con luz intensa en depresivos invernales. No obstante, existe un desacuerdo sobre si el tiempo se exposición a la luz es importante o no (exposición por la mañana, por la tarde-noche o ambas conjuntamente).

Comentarios acerca del tratamiento

Los pacientes con depresión invernal presentan sus fases circadianas anormalmente retrasadas. De esta manera, el síntoma más notable es una hipersomnia asociada a un tiempo de despertar o alerta más tardío.

Si esto es así, el tratamiento debería consistir en la exposición a la luz durante la mañana. Parece ser que es durante este período cuando su exposición produce efectos de adelanto sobre los ritmos circadianos, con lo que podríamos corregir los anormales retrasos de fase de estos pacientes.

En resumen, la exposición en la mañana es la que reduce significativamente los niveles de depresión. Estudios de revisión sobre los efectos de la luz artificial en el tratamiento de la depresión de invierno concluyen que la luz intensa, con al menos dos horas diarias de exposición por la mañana en un período de una semana es el procedimiento que resulta en más remisiones clínicas.

Otra conclusión de esta revisión es que la exposición conjunta tarde-mañana no produce más beneficio que la exposición sólo por la mañana. La exposición a la luz de 6 a 8 a.m. resulta en un declinar de los niveles de melatonina que alcanza los niveles bajos del día en dos horas.

Referencias

Calil, H. M., Hachul, D. M., Juruena, M. F., Crespin, J. L., & Nogueira Pires, M. L. (2000). Evaluación de alteraciones estacionales en el humor y comportamiento en la ciudad de San Pablo. Acta Psiquiatr Psicol Am Lat46(2), 109-18.

Del Paso, G. (1998). Una revisión del papel de las alteraciones circadianas en la depresión. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología51(2), 247-268.

Gatón Moreno, M. A., González Torres, M. Á., & Gaviria, M. (2015). Trastornos afectivos estacionales,” winter blues”. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría35(126), 367-380.

Ivanovic-Zuvic, F., De La Vega, R., Ivanovic-Zuvic, N., & Renteria, P. (2005). Enfermedades afectivas y actividad solar. Actas Esp Psiquiatr33(1), 7-12.

Sciolla, A., & Lolas, F. (1993). Fototerapia y etiopatogenia del trastorno afectivo estacional. Tópicos en enfermedades afectivas. Santiago de Chile, Ed. Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirurgía, 217-26.

Valdez, P., Pérez, J. C., Galarza, J., & Ramírez, A. (1986). Ritmos Circadianos y Ultradianos en la depresión. revista Mexicana de Análisis de la conducta12(2), 137-145.





Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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