chica come

Llega la hora de comer y empezamos por una ensalada. Seguimos con dos filetes de carne y patatas fritas. Lo que hemos comido es suficiente como para llegar a la noche, pero seguimos teniendo hambre, todavía no estamos saciados. Nos levantamos y nos hacemos dos huevos fritos y más patatas. Como todavía seguimos teniendo hambre comemos una manzana, un plátano y un trozo de tarta. ¡Ahora sí, ya estamos saciados! Al día siguiente, a la misma hora, casi no podemos acabarnos una ensalada. La pregunta es clara: ¿qué factores influyen en cuánto comemos?

Si prestamos atención, solemos ingerir la misma cantidad de alimentos todos los días, sin embargo, hay ocasiones en los que tenemos menos hambre y días en los que nos comeríamos lo del resto de comensales. ¿Cuánto comemos? ¿Qué determina la cantidad de alimentos que ingerimos? ¿Por qué a veces nos basta con una ensalada y un filete y otros días necesitamos comer mucho más? A lo largo del artículo se expondrán algunas de las teorías más relevantes que se han desarrollado para explicar la cantidad de alimentos que ingerimos.


Cuánto comemos: Señales de saciedad

Cuando estamos llenos y no podemos más decimos que estamos saciados. Como define John Pinel (2006), “el estado de motivación que hace que dejemos de ingerir alimento cuando todavía queda comida es la saciedad“. Las señales de saciedad son producidas por la presencia de comida en el intestino y el comienzo de la entrada de glucosa en la sangre. De esta forma, a través de estas señales, se inhibe el consumo del resto de alimentos. Estas señales dependen de dos factores, por un lado del volumen y por otro de la densidad nutritiva del alimento, esto es, las calorías por unidad de volumen.

Falsa ingesta

La teoría de la falsa ingesta afirma que no son necesarias las señales de saciedad procedentes del intestino y de la sangre para dejar de comer. Diferentes investigaciones de laboratorio han comprobado esta hipótesis. La falsa ingesta consiste en que un sujeto mastique y trague la comida pero en lugar de ir desde el esófago al estómago, la comida es expulsada fuera del cuerpo a través de un tubo que ha sido previamente implantado.

En este experimento llevado a cabo por Weingarten y Kulikovsky en 1989, administraron a dos grupos de ratas dos tipos de comida diferente. A un grupo le suministraron alimentos que ya habían probado. Al comienzo, el consumo era igual que cuando la ingesta era real, pero a los pocos días empezaron a comer más. Al otro grupo se le dio comida desconocida y comieron más cantidad desde un comienzo.

Los autores llegaron a la conclusión de que, en gran medida, la cantidad de comida que ingerimos depende de la experiencia previa de los efectos específicos que tienen lugar después de la ingesta del alimento. Así pues, la ingesta no estaría relacionada con el efecto inmediato que produciría el alimento sobre el organismo.

El efecto aperitivo y la saciedad

Cuando tenemos la posibilidad de tomar algún aperitivo antes de comer, en algunas ocasiones, podemos llegar a no comerlo por miedo a estar saciados antes de la comida principal. Muchas veces hemos escuchado la famosa frase: “no voy a picar más que después no tendré hambre”. Sin embargo, según la teoría del efecto aperitivo, puede ocurrir todo lo contrario.

Esta teoría defiende que consumir cantidades pequeñas de comida antes de la comida principal puede aumentar el hambre en lugar de disminuirla. Según esta teoría, el aumento del hambre estaría producido porque la pequeña cantidad de comida consumida provocaría respuestas de la fase cefálica. Se trata de una fase preparatoria antes de comer. Suele iniciarse al oler, ver o solo con pensar en comida. La fase cefálica llega a su fin cuando la comida empieza a ser absorbida por el torrente circulatorio.

Influencias sociales en relación a cuánto comemos

En 1992, Redd y de Castro llegaron a la conclusión que la sensación de saciedad depende de si se come en compañía o en soledad. Los autores hallaron que la gente come un 60% más cuando comen con otras personas. Sin embargo, también puede reducirse la ingesta de comida cuando se está en presencia de más gente. Aunque en este caso las razones están relacionadas con no querer parecer demasiado glotones o con mantener el ideal de delgadez.

Saciedad sensitiva específica

En este punto se destaca la llamada dieta de cafetería. Se trata de una dieta variada en alimentos muy sabrosos. Rogers y Blundell (1980) realizaron un experimento con ratas con el que pusieron de manifiesto el efecto de este tipo de dieta. A un grupo de ratas le dieron pan con chocolate además de su dieta normal. ¿Qué ocurrió? La ingesta calórica se disparó un 84% más y el peso medio había aumentado un 49%.

Los efectos que produce la dieta de cafetería sobre la cantidad de comida que podemos llegar a ingerir revela que la saciedad puede estar producida en gran pedida por el sabor. Esto es, a medida que comemos un solo alimento o un solo plato, el valor de incentivo positivo de todos los alimentos desciende, pero el de ese alimento cae por completo. En muchas ocasiones, nos hemos cansado de comer lo mismo, sin embargo, cuando nos han traído algo nuevo, hemos vuelto a comer.

La saciedad sensitiva específica parece tener dos efectos adaptativos. Por una parte, fomenta una dieta variada y compuesta por diferentes alimentos. Si esto no fuera así, podríamos comer siempre nuestra comida favorita y podríamos llegar a carecer de las vitaminas y nutrientes necesarios. Por otro lado, esto anima a comer a los animales en gran cantidad cuando tienen la opción de elegir diferentes alimentos. De esta forma, aprovechan las épocas de abundancia.

Bibliografía

  • Blundell, J. y Rogers, P. (1980). Effects of anorexia drugs on food intake, food selection and preferences and hunger motivation and subjective experiences. Appetite, 1 (2), 151-165. 
  • Pinel, J. (2006). Biopsicología. Madrid: Addison-Wesley.
  • Redd, M. y de Castro, J. (1992). Social facilitation of eating: effects of social instruction on food intake. Physiology and Behavior, 52 (4), 749-754.
  • Weingarten, H. y Kulikovsky, O. (1989). Taste-to-postingestive consequence conditioning: is the rise in sham feeding with repeated experience a learning phenomenon? Physiology and Behavior, 45 (3), 471-476.


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