Existen muchos tipos de pérdidas y duelos, y no siempre se relacionan con la muerte, he aquí algunos ejemplos:

Duelos evolutivos

infancia, pubertad, adolescencia, emancipación.

Duelos sociales

cambios de status, desempleo, jubilación.

Una persona también puede hacer duelo tras la ruptura de una relación íntima o en casos de separación de los padres, cambio de país, pérdida de una casa que ha sido importante, y en general, ante pertenencias, personas y relaciones significativas. Asimismo, duelos por pérdidas de sueños, proyectos, ideales, y  duelos por enfermedades largas, o guerras.

Un duelo es siempre una pérdida.
La pérdida y el sentido de la pérdida, es único.

Es importante detectar las creencias asociadas a la pérdida y ver cómo éstas condicionan al duelo. Por ejemplo, del tipo siguiente:

“No voy a poder soportarlo”. “El mundo es injusto”. “Todo es para siempre”. “El mundo no vale la pena”.

Interiorizando estas creencias limitantes que se resumen en “No puedo confiar en la vida”, el duelo será mucho más costoso en su proceso, pudiendo llegar a hacerse patológico. Con ellas, nos instalaremos en el sufrimiento en lugar del dolor, y lucharemos contra lo que ha sucedido, culpando al mundo, a Dios, o a quien podamos.

No aceptar desde niños el cambio, la falta de aceptación que la vida es más grande que nosotros, del ciclo natural de la vida,  que todo cambia y nada es eterno, me complicará transitar por ese duelo y aceptar realmente las pérdidas.

Una misma pérdida tiene un significado diferente para las personas, porque cada uno la percibe de manera distinta. Y el impacto emocional, dependerá del tipo de vínculo que la persona tenía con el ser que pierde.

Objetivos que persigue el duelo

  • Aceptar la realidad de la pérdida. Se consigue después de pasar por todo el proceso de duelo.
  • Dar explicación a los sentimientos, identificarlos y comprenderlos, para poderlos aceptar, y encontrar los cauces apropiados de integración.
  • Adaptarse a la nueva existencia sin el ser querido, con la búsqueda de nuevos roles y ocupaciones.
  • Invertir la energía emotiva en nuevas relaciones

Verdades sobre el duelo

  • Las creencias autodesvalorizantes indudablemente condicionan la manera en la cual cada uno se enfrenta a las dificultades.
  • Los duelos duelen. Y no se puede evitar que duelan.
  • Las cosas que dejamos, siempre tienen que elaborarse. Es necesario dejar atrás las cosas que quedaron en el ayer.
  • No vivimos en la realidad, sino en nuestra imagen de ella.
  • Perdemos no sólo a través de la muerte, sino también siendo abandonados, cambiando, siguiendo adelante.
  • Somos quienes somos gracias a todo lo perdido, y a cómo nos hemos conducido frente a esas pérdidas.
  • Nadie puede crecer si no ha experimentado antes en sí mismo, gran parte de las emociones y sensaciones que definen las palabras de esta lista: impotencia, irreversibilidad, desolación, enojo, dolor, vacío, ausencia, desamparo, angustia, desconcierto, nostalgia, desesperación, autorreproche, llanto, sufrimiento, soledad, miedo, tristeza, desasosiego,  extrañeza, muerte.
  • No sólo las grandes pérdidas generan duelos sino que cada pérdida lo implica.
  • Me guste o no, voy a ser abandonado por cada persona, por cada cosa, por cada situación, por cada etapa, por cada idea, tarde o temprano, pero inevitablemente.

Anticipatorio: En caso de muertes anunciadas. Como por ejemplo, enfermedades, o separaciones en las que ya se tomó la decisión.

Retardado: En aquellas personas que “se controlan”, o “no tienen tiempo de ocuparse de sí mismas” o escapan al dolor y a la realidad de la muerte del ser querido mediante una hiperactividad. Durante meses o incluso años, cualquier recuerdo o imagen, desencadena el duelo no resuelto.

Crónico: Que arrastra el doliente durante años, absorbido por los recuerdos, incapaz de reincorporarse a la vida normal. Es el duelo eterno.

Patológico: Caracterizado por un agotamiento nervioso, síntomas hipocondríacos, identificación con el fallecido o dependencia de los fármacos o el alcohol. Depresión clínica. Aislamiento. Negación crónica. Requiere una ayuda profesional.

El duelo patológico es el de las heridas que nunca cicatrizan… Pasan años y años y por no entregarse a ese dolor terrible, se eterniza el duelo, se deja de vivir, se vive sin ilusión, se huye para no enfrentarse a ese dolor tan fuerte.

Como dice Jorge Bucay en el libro “El Camino de las Lágrimas”, Pág. 145: “Pasan quince, veinte años, y cada vez que uno llega hasta acá, porque le teme tanto a la desolación,  huye hacia la bronca, se esconde en la negación, se vuelve un niño, se queda en la culpa, corre hacia atrás, hacia cualquier lugar, con tal de no enfrentarse al alma en ruinas. Y si no hacemos algo para romper el círculo vicioso, volvemos una y otra vez para atrás, cambiando dolor por sufrimiento e instalándonos en él”.

¿Cómo resolver bien un Duelo?

William Worden propone cuatro tareas para restablecer el equilibrio que supone el proceso del duelo:

  • Aceptar la realidad de la pérdida: implica asumir que el otro no estará. Los rituales sirven de ayuda en estos casos (no nos referimos en ningún caso a momificar, minimizar, negar, tener olvidos selectivos o recurrir a prácticas como el espiritismo).
  • Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida: no sirve de nada bloquear los sentimientos, negar el dolor, detener el pensamiento o viajar como cura geográfica.
  • Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente: servirá de ayuda asumir nuevas habilidades y roles para elaborar la sensación de una pérdida de sí mismo y el cuestionamiento de valores fundamentales que puedan darse.
  • Recolocar emocionalmente al fallecido: no sirve de ayuda mantener el apego en el pasado, y sí ayuda tener otras personas a las que amar.

Los diez “Sí” (según Jorge Bucay), frente al Duelo: 

  • Darse el permiso para estar mal, vulnerable.
  • Confía en ti
  • Nuevas puertas: ¿qué de bueno podrá venir de esta pérdida?
  • Aceptación
  • Conexión con la vida
  • Trátate con cariño, no te autoexijas demasiado
  • Gratitud
  • Descanso, cuida de ti
  • Aprendizaje
  • Compartir lo aprendido

Lo que NUNCA se debe hacer si tratas de ayudar a alguien a superar su duelo:

  • Pensar que el que está de duelo, necesita de nuestros consejos sabios. Si no se te ocurre qué hacer, lo mejor será intentar colaborar en algunas tareas cotidianas. El simple papeleo, gestiones, orden en la casa, puede ser para alguien que está de duelo, un desafío imposible de afrontar.
  • Decirle que comprendes lo que siente si no has pasado por una situación similar.
  • Intentar buscar una justificación a lo que ha ocurrido.
  • Quitar importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que le queda, ni intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida.
  • Interrumpir la expresión del DOLOR del que sufre. En numerosas ocasiones, la gente que corta las emociones del otro, no lo hace por la declarada supuesta intención de protegerlo de su sufrimiento, sino, con la verdadera y oculta intención de protegerse de sus propias emociones dolorosas.

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Cuando sufrimos una pérdida: tipos de duelo y cómo resolverlos
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  • tengo 15 anos y ayer perdí a mi papá, el era alcohólico y por esa razón desde muy chica me alejé de el y nunca lo visite. tuvo una infección en la sangre y todos sus órganos fallaron gracias a la bebida. No me despedí ni en su velorio cuando toda la familia hablaba sobre la repartición de bienes y tampoco en su entierro, no llore ni le di flores. Nadie respeta mi duelo ni respeta su muerte. por esa razón me aisló e ignoro mis sentimientos… cuando me dan sus condolencia y dicen que entienden mi dolor me da mucha bronca.Me culpo por no haberlo visitado porque el siempre me decía que se sentía muy sólo y estoy segura de que si ubiese estado con el antes no estaría intentando superar su muerte ahora