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Paciente hipocondríaco

Parece que estoy bien, pero siempre dudo de que tengo algún mal. (Paciente hipocondriaco)

El cuerpo es la memoria de absolutamente todo lo que se ha vivido alguna vez. Miller Alice

La excesiva preocupación por la salud

  • Roberto, lleva en su maletín de viaje tantos medicamentos que pareciera ser qué es un visitador médico o una farmacia ambulante. Conoce todos ellos a la perfección, lo interesante es que los lleva por si alguno de sus compañeros o conocidos los llegara a necesitar.
  • Lupita, lleva meses con un dolor de estómago que no se le quita. Ha visitado al menos tres especialistas diferentes, le han realizado todos los estudios de gabinete y todos los especialistas le dicen que no tiene nada, que se vaya a casa tranquila y eso le preocupa más.
  • Víctor, tiene en su casa todos los aparatos médicos básicos para tomarse sus signos vitales. Cuando tiene una emoción fuerte, siente que le va a dar un paro cardiaco, incluso varias veces ha terminado en urgencias en el hospital y le dicen que tiene un corazón sano, así como su presión arterial normal. No sabe ¿qué pasa? y piensa que los médicos son unos ineptos.
  • Alejandra, es una doctora de Google, cada vez que siente algún síntoma de algo, lo busca en la red y su última búsqueda le llevo a la conclusión que tiene una enfermedad rara, apenas diagnosticada en una isla a muchos miles de kilómetros de su casa.

¿Qué comparten, todas estas personas? Tienen un trastorno en donde presentan una actitud negativa hacia su propio estado de salud siendo su origen mental y se llama: hipocondría. Sin embargo, ¿la mente puede enfermar al cuerpo? y en caso de ser así, ¿puede considerarse esto como una enfermedad o se trata de alguien con una imaginación muy creativa?

Una actitud está compuesta por afectos, comportamientos y cogniciones (Fazio, citado en Morales, 1994), puede ser positiva o negativa, se presenta hacia alguien o hacia algo y en este caso, las personas hipocondriacas, la presentan hacia sí mismas, en particular hacia su propio estado de salud.

Sin embargo, ¿tener una actitud negativa hacia nosotros mismos puede traernos alguna enfermedad? O incluso, ¿es tomada en su sano juicio una persona que constantemente piensa que está enferma? Como veremos más adelante, los propios pensamientos negativos si pueden enfermar al cuerpo, sobre todo cuando constantemente rondan en nuestra cabeza y ese es el caso de las personas que son hipocondriacas, pues para el cerebro es lo mismo la realidad imaginada, que la realidad experimentada.

Todo el mundo nos hemos llegado a sentir un poco preocupados por nuestro estado de salud, pero ¿qué pasa cuando esto, se vuelve permanente? El interés por la salud es algo natural pero no cuando se convierte en una obsesión, en la paradoja las persona las personas obsesionadas con la salud, rara vez tienen un cuerpo sano, y esto nos puede pasar a cualquiera.

Hipocondriacos famosos

  • Adolf Hitler (1889-1945), se quejaba de dolores estomacales (estreñimiento y gases), algunos trastornos cardiacos, insomnio y paranoia por la comida, hacía que al menos 15 mujeres probaran sus alimentos para no ser envenenado.
  • Andy Wharhol (Andrew Warhola; 1928-1987), pasó toda su vida pensando que estaba enfermo, decía que se le caía el cabello, que tenía un mal que le causaba cáncer de piel, tumores cerebrales y SIDA. Temía a la muerte (Herre, 2016; Ramírez, 2015).
  • Woody Allen (1935 – ), dice que es alarmista y no hipocondriaco, pero por un labio agrietado cree que puede tener un tumor cerebral o incluso “el mal de la vaca loca”.
  • Charles Darwin (1809-1882), tenía males gástricos, dolores de cabeza y manos, y preocupación constante por el tamaño de su nariz.
  • Hans Christian Andersen (1805-1875), Hipocondríaco y afligido siempre por pesadillas, cada vez que se hospedaba en un hotel llevaba consigo unos metros de soga para escapar por la ventana en caso de incendio. Sentía un dolor eterno de muelas y suponía que se vería en medio de una espantosa catástrofe (Ramírez, 2015; Herre, 2016; Norogaca, 2011).

Una experiencia negativa pasada, crea una percepción negativa en el presente y una actitud negativa en el presente y en el futuro. De ahí, nadie se escapa, ni personas como tú o como yo, ni los famosos de la historia. Porque antes de ser famosos son y han sido seres humanos.

Estudios sobre la actitud y la salud

En la actualidad muchos estudios demuestran que nuestra actitud nos afecta en la salud, incluyendo la esperanza de vida. Un estudio longitudinal (30 años), con 447 sujetos, de la Clínica Mayo (2002), concluyó: que las personas optimistas estaban más sanas física y mentalmente. Dichas personas experimentaban menos dolor, tenían más energía, gozaban más de las actividades sociales, y se sentían más contentas, tranquilas y serenas, la mayor parte del tiempo. Y los sujetos optimistas vivían más años que los pesimistas. En otro estudio longitudinal en la universidad de Yale, hicieron un seguimiento de 660 personas de 50 años y más de edad, y descubrieron que las personas que tenían una actitud positiva sobre el envejecimiento vivían siete años más que las que lo afrontaban con una actitud negativa. La actitud influía más en la longevidad que la tensión arterial, los niveles de colesterol, el tabaquismo, el sobrepeso o la cantidad de ejercicio físico. Finalmente, otro estudio llevado a cabo en la universidad de Duke con 866 pacientes con problemas cardiovasculares desveló que los que sentían a diario emociones positivas tenían un 20 por ciento más de probabilidades de seguir vivos al cabo de once años que los que habitualmente experimentaban emociones negativas (Dispenza, 2014).

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La paradoja de la salud

A todos nos preocupa nuestro estado de salud, como parte de la propia supervivencia. Y, las percepciones que tenemos de ella, podrían ir; desde vivir en la despreocupación total, pasando por escalas intermedias, hasta llegar a vivir mucho muy preocupados.

Una paradoja es un dicho o hecho contrario a la lógica. Luego entonces, para las personas hipocondriacas, mientras más se preocupan por su estado de salud, más se enferman. Y, mientras más estudios se practican y no revela ninguna enfermedad, más creen tener esa u otra por ahí enmascarada. Una característica para llegar a considerar a una persona, con este trastorno, es que se han practicado estudios médicos de lo que creen padecer y en todos ellos la constante es “que no tienen nada”, medicamente hablando.

La complejidad de la hipocondría

Desde la era prehistórica, ¡no hemos entendido las enfermedades mentales!

En el principio de los tratamientos no existía la esperanza de una curación, y era sinónimo de ser estigmatizado y torturado.

Los enfermos mentales se consideraban lunáticos por tener un comportamiento diferente, y se debía a la influencia de la luna. También se consideraba que otro tipo de fuerzas no visibles controlaban su vida, tal como los demonios, o incluso la influencia de los planetas como marte, el planeta asociado a la guerra.

Al menos el concepto de estigmatizar a una persona con comportamiento diferente sigue vigente hasta nuestros días y se les asocia con etiquetas negativas. Así muchas veces, las personas deciden aislarse de la interacción social, o tener el menor contacto si es posible con los otros como sucede con los hipocondriacos.

El diagnóstico es el proceso de identificar una enfermedad por sus signos y síntomas. En general hay dos modelos diferentes que permiten hacer el diagnóstico de cualquier enfermedad, a saber:

  • Sintomático: se diagnostica la enfermedad en base a los síntomas.
  • Etiológico: se hace el diagnóstico basado en la causa de la enfermedad.

Llegar a un diagnóstico etiológico sólo es posible en aquellas condiciones en que se establece de manera inequívoca la relación entre una causa y un efecto, como ocurre con las enfermedades infecciosas o las cromosómicas, por citar dos ejemplos. En el caso de los trastornos mentales, sólo en algunos casos es posible establecer esa relación. De modo que la mayor parte del diagnóstico de los trastornos mentales se realiza con base a los síntomas que el paciente presenta, ya que se acepta que la etiología de los trastornos mentales es “biopsicosocial”, por lo que están involucrados factores biológicos, psicológicos y sociales: genes y ambiente (Lara, citado en De la fuente y Heinze, 2015).

La hipocondriasis, es un trastorno o enfermedad en donde los síntomas tienen varias constantes: el miedo a enfermar de una o unas enfermedades, los pensamientos constantes relacionados con ellas, dolor emocional provocado por sus propios pensamientos y por la incomprensión de quienes les rodean, se vuelven  especialistas (teórico, prácticos) en diversas enfermedades, experimentar síntomas que suceden aparentemente solo en sus cabezas, interpretan de manera exacerbada sus propios síntomas sean graves o no, muchas veces no tienen credibilidad de padecer alguna enfermedad ante los médicos y los familiares o amigos que les rodean, no cuentan con estrategias terapéuticas de apoyo y tampoco tienen una explicación clara de lo que les ocurre.

La hipocondriasis o hipocondría y los hipocondriacos

Las fuentes especializadas definen la “Hipocondriasis” como el trastorno somatomorfo que se caracteriza por la preocupación, por el temor o la creencia de que se padece una enfermedad física grave, lo cual se basa en la interpretación incorrecta y poco realista de los síntomas corporales. Este miedo o creencia persiste al menos durante seis meses e interfiere con el funcionamiento social u ocupacional a pesar de las palabras tranquilizadoras de los médicos de que no existe trastorno físico (APA, 2010).

Una anotación muy importante que contradice la definición de la APA, es que aunque se dice que es una interpretación incorrecta y poco realista, eso no le importa al cerebro de quien, la padece. Para la persona, si su interpretación es realista o no, para su cerebro es su realidad.

La hipocondría forma parte de los llamados trastornos somatomorfos, incluyen diversas condiciones en las que un conflicto psicológico se traduce en problemas o síntomas físicos que causan perturbación o deterioro en la vida de la persona. Además de presentar somatizaciones, las personas viven constantemente con pensamientos, sentimientos, comportamientos y actitudes desadaptativas.

Otras fuentes, define la hipocondría como un miedo y preocupación excesiva e irracional a sufrir alguna enfermedad, y la consiguiente obsesión y seguridad de que es así, al más mínimo síntoma o cambio en nuestro cuerpo. Aquel que padece este trastorno vive permanentemente alerta ante cualquier señal de su cuerpo que pueda hacer sospechar de una enfermedad y por tanto, esto le lleva a un estado de angustia e inquietud realmente agotador (Ortega, 2017). De acuerdo, al diccionario de la APA (2010), la hipocondría es una preocupación mórbida de la persona por su estado de salud, incluye creencias infundadas de mala salud.

Se le llama hipocondríaco a la persona que padece hipocondría o hipocondriasis. Las personas llamadas hipocondriacos, creen o temen que padecen una enfermedad grave, cuando en realidad solo están experimentando reacciones corporales normales (Halgin & Krauss, 2004).

Sin embargo, esta condición puede agravarse un poco más, pues este trastorno está asociado también a otros trastornos. Una persona puede enfermar de diferentes padecimientos a esto se le llama comorbilidad.

La comorbilidad complica el entendimiento de la hipocondriasis

Entre los pacientes mentales, el concepto de comorbilidad se ha aplicado a varias nociones,

  1. la primera: se refiere a otras enfermedades, síntomas psiquiátricos que se asocian al padecimiento inicial,
  2. la segunda acepción: -por cierto, menos utilizada alude a los problemas sistémicos, que se asocian o agregan al problema psiquiátrico original,
  3. Quizá cabe mencionar una tercera posibilidad: la que se refiere a los síntomas o síndromes mentales con los cuales se manifiesta un padecimiento sistémico, lo que en algunas ocasiones sucede incluso como primera manifestación de la enfermedad (Ramiro; citado en De la fuente y Heinze, 2015).

Resulta interesante observar estas aproximaciones con respecto a la comorbilidad de la hipocondriasis, pues en la base de este trastorno, se encuentran diferentes síntomas reportados por los pacientes: incluyen diferentes tipos de miedos que pueden llegar a las fobias, ansiedad, angustia e incluso depresión. Además de sentir dolor corporal y social mediante el rechazo en sus interacciones cotidianas.

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Y, los signos que puede captar el personal médico son casi siempre muy pocos pues generalmente los estudios que se le practican al paciente, no corresponden con su gravedad. Amén de que pueda tener otras enfermedades: cardiacas, gastrointestinales y respiratorias, por ejemplo.

Esta condición nos vuelve a llevar a otra paradoja: el paciente reporta síntomas de alteraciones graves y el especialista no las puede corroborar con sus estudios en ese mismo nivel de gravedad. ¿Entonces, a quién debemos creer?.

Y, surgen más interrogantes: ¿El paciente miente y tiene un beneficio social o personal con ello?, ¿Los instrumentos con los que actualmente cuenta la ciencia no alcanzan el nivel de precisión para detectar lo que el paciente reporta como grave? ¿Estamos buscando en sitios equivocados, como especialistas?. ¿O seguimos sin entender las enfermedades mentales, no obstante los avances en tecnología, neurociencias y las aproximaciones teóricas que tenemos hasta, hoy día?

Generalmente alguien que padece hipocondriasis presenta también otras condiciones psicosociales:

  • Somos seres emocionales, hormonales y contextuales, más que racionales. El miedo es una de las emociones más primitivas que nos alerta del peligro y nos permite sobrevivir. Una persona con miedos tiene trabajando todo el tiempo la amígdala cerebral y toda su realidad contextual la interpreta de manera exagerada. Cuando una persona sufre un secuestro emocional, pierde totalmente el control de sus actos racionales, es inútil como estrategia que te den consejos en ese momento o te pidan que te calmes.

Si los miedos son reales o imaginarios, el cerebro los vive como una misma realidad y en el caso de los hipocondriacos se presentan en ese contexto (real y/o imaginario). Aunque de forma genérica todos enfrentamos diferentes tipos de miedos, en la comorbilidad de los hipocondriacos son una mezcla de ellos:

  • Miedo a la muerte tanatofobia: posiblemente uno de los miedos más grandes que tenemos como seres humanos.
  • Miedo a enfermar o nosofobia: es normal sentir incomodidad por tener algunos síntomas al estar enfermo, pero esto se convierte en una preocupación constante, centralista y catastrófica en este caso,
  • Miedo al dolor algofobia: el dolor es parte de las señales que el cuerpo nos envía para informarnos que algo no va bien, pero cuando se convierte en una preocupación constante, pierde su capacidad de alertarnos de una enfermedad,
  • Miedo a la dependencia o soteriofobia: como personas somos seres sociales, vivir aislado sería contra natura, pero vivir completamente apegado a alguien no nos permite vivir una vida sana, sino está alguien para acompañarnos, aquí se trata de una condición en donde la persona puede valerse por sí misma, pero no lo puede lograr,
  • Trastornos de Ansiedad: Fobias específicas (a la sangre o a las heridas, usar baños públicos, agujas o inyecciones, dentistas u hospitales y a ciertas enfermedades) y también el trastorno obsesivo compulsivo,
  • Trastornos del Estado de Ánimo: depresión, acompañada de baja autoestima.

En resumen, presentan un pensamiento obsesivo relacionado con su salud física y mental, en donde se encuentran mezclados en su comorbilidad diferentes tipos de miedos que activan la amígdala cerebral y la imposibilidad de que la corteza prefrontal tome el control y tranquilice la situación. Además de desconfiar de los médicos, los medicamentos, sus instrumentos de medición y las medicinas.

La percepción del estado de salud del paciente puede agravarse aún más cuando también entra al cuadro clínico alguna otra enfermedad médica.

Síntomas clínicos observados en otras fuentes:

  • Tener esta condición al menos durante 6 meses.
  • Eventos traumáticos en la infancia Abuso sexual o exposición a eventos relacionados con la muerte.
  • Alta sensibilidad en los estímulos corporales (Halguin & Krauss, 2004).

Síntomas clínicos observados en las personas que son hipocondriacos y que NO aparecen en DSM-IV:

  • Hacerse análisis contantemente.
  • Traer medicamentos para uso personal o por si se requiere en alguna supuesta emergencia.
  • Creer que tiene los síntomas de una enfermedad cuando la oye, lo ve y le llega la información por algún estímulo sensorial (visto, oído, tacto, gusto, u olfato).
  • Tener miedo o preocupación de padecer una enfermedad grave o mortal.
  • Interpretar un síntoma o signo propio con una actitud negativa, como si fuera un doctor especialista.
  • Ser experto en el diagnóstico de diversas enfermedades, más que un médico, basado en sus propias investigaciones o experiencia.
  • Es una persona que se informa o documenta constantemente de las enfermedades y visita regularmente a los doctores para decirles el diagnóstico que tiene.
  • Presenta pensamientos, sentimientos y creencias negativas sobre su estado de salud, esta actitud es centralista (el tema su enfermedad o alguna enfermedad) y catastrófica (siempre con desenlace fatal).
  • Se molestan si los médicos les contradicen en sus diagnósticos o apreciaciones sobre su salud.
  • Puede enfermar realmente, pero en general sus padecimientos son imaginarios o psicosomáticos. Sin embargo, el pensamiento le crea realidad, es decir, si su cerebro cree que están enfermos, en realidad están enfermos.
  • Su condición de enfermedad, esta mediada por un pensamiento “nocevo”, y ese pensamiento consistente y constante, les causa la enfermedad, aunque no tenga nada.
  • La presencia de un solo síntoma autopercibido, puede desencadenar todo un cuadro clínico en su propia interpretación.
  • Se checan constantemente sus signos vitales.
  • Se sienten rechazados e incomprendidos por los demás.
  • Hay quienes evitan acudir con algún profesional por el miedo a que les descubra realmente alguna enfermedad.
  • Son personas que creen saber más que los médicos.

La solución del DSM-V ante la hipocondriasis

Una solución muy elegante y por demás absurda, la podemos encontrar en la última edición del DSM-V, simplemente eliminaron el trastorno y en mi punto de vista sin entenderlo como se puede leer enseguida.

La hipocondriasis se ha eliminado como trastorno, en la nueva versión del DSM-V publicada en mayo del 2013, en parte debido a que el nombre es percibido como peyorativo y además no es propicio para una relación terapéutica eficaz (Lara; citado en De la fuente y Heinze, 2015).

El origen neurofisiológico de los miedos

Sin embargo, esta medida radical no elimina la condición de un paciente al experimentar una mezcla de miedos y una sobre excitación de la amígdala cerebral. Creo que les hace falta a los expertos que tomaron esta decisión indagar más sobre el contexto de los pacientes y muchas otras cosas más como las expectativas de una conducta (lo bueno o lo malo que pienso: cerebro lo vuelve una realidad). Por ejemplo, la expectativa de la felicidad genera felicidad y la expectativa del miedo genera miedo y diversas reacciones (fisiológicas, psicológicas, conductuales y sociales) entre dichos malestares se encuentra la ansiedad anticipada. Luego entonces, si tenemos una ansiedad anticipada producto del miedo a algo o a alguien, podríamos perder el control, como sucede con las fobias, que son miedos irracionales y experimentadas por personas con hipocondriasis. No se trata de etiquetar a un paciente, sino de conocer la forma como opera un trastorno.

Un ejemplo más de un cerebro no hipocondriaco, pero con decretos negativos en su cabeza, lo encontramos en personas que han recibido quimioterapias. Según el Instituto Nacional del Cáncer, cerca del 29 por ciento de los pacientes que se someten a quimioterapia al ser expuestos a los olores y las imágenes que les recuerdan los tratamientos de la quimio sufren un trastorno llamado náusea anticipatoria (Dispenza, 2016).  Y, esto nos lleva a otro terreno más intrincado e interesante, pero también puede significar una luz al final del camino para trastornos como la hipocondriasis. Para el cerebro, en la impronta sensorial puede activar las reacciones del miedo con tan solo imaginar la situación estresante, que produjo ansiedad y miedo hasta llegar al grado de la fobia.

Si neutralizamos esa impronta, necesariamente la amígdala cerebral tendrá que estar menos activa y la actitud negativa hacia la salud del paciente podría cambiar.

Cualquier actividad, pensamiento, sentimiento, acción o imaginación está mediada por el cerebro. Necesita el 20% de todo lo que consumimos.

Existen pruebas de que el córtex prefrontal puede regular el comportamiento de la amígdala y todas nuestras conductas (planificación, razón, cognición, la toma de decisiones, la memoria) están mediadas por emociones (Redes, 2014).

Los científicos han descubierto que a medida que los humanos evolucionaban, otra parte del cerebro llamada corteza cerebral pasó a participar en el proceso del miedo. La parte del cerebro que más humanos nos hace es la corteza. Si la amígdala es el primer piso, la corteza es el segundo piso del cerebro, es la capa exterior delgada y rugosa que se divide en cuatro grupos de lóbulos. Los lóbulos frontales corresponden a la zona que está justo encima de nuestros ojos y son las habitaciones más nuevas del cerebro, a medida que los humanos evolucionaban los lóbulos frontales se convirtieron en el lugar en donde se procesan los pensamientos racionales conscientes, es donde resolvemos nuestros problemas.  Los lóbulos frontales son muy interesantes porque son el conductor del cerebro, sincronizan toda la actividad. Los científicos dieron un gran paso en la investigación del miedo, cuando descubrieron que la información de nuestros sentidos circula hasta la amígdala, casi al doble de velocidad qué hacia los lóbulos frontales, la diferencia de velocidad entre las señales cerebrales supone que a menos que sepamos reaccionar por instinto a una amenaza potencial, nos quedaremos paralizados por el miedo, mientras esperamos a que los lóbulos frontales den con la respuesta adecuada.  Cuando el miedo y el pánico aparecen ¡no sabemos! ¿qué hacer?. El cerebro se queda petrificado, como un ciervo con los faros de un coche. La amígdala recibe muy rápido las señales del miedo, pero a veces se equivoca. La situación te puede indicar enseguida, no es una situación de miedo, no hay peligro, estas señales rápidas de la amígdala se pueden controlar de forma gradual (Discovery, 2017).

Aprendamos tres características sobre el cerebro, considerando que cuando se usa al máximo puede sentirse cansado:

  • 1) Tu cerebro siente el dolor de los demás como si fuera el propio. Siente el mismo dolor ante algo que te sucede a ti o a un ser querido. Las mismas neuronas se activan cuando sientes desesperanza, y lo mismo pasa cuando alguien que te importa se siente mal.
  • 2) Para tu cerebro las cosas que imaginas son reales, las mismas terminaciones nerviosas se activan en tu cerebro independientemente de que sí lo que estás experimentando; es real o imaginario. Si sueñas que tienes una araña en tu pierna, sentirás el mismo miedo que si pasara de verdad.
  • 3) El cerebro no sabe distinguir entre dolor físico y emocional. El dolor de un corazón roto duele igual que una espina en tu dedo. No importa si te rompen el corazón o si te quiebras un hueso, ambos duelen igual. (Dr. Sood, 2016).

Consecuencias de ser hipocondriaco

La familia siendo un sistema resulta afectada al contar con un miembro o varios con esta condición.

El hipocondriaco puede recibir malos tratos por parte del médico y de las personas alrededor de él, incluyendo evidentemente a la familia.

Tratamiento

En la paradoja, la exposición controlada al miedo va debilitando las redes neuronales de la amígdala, como sucede con la terapia de desensibilización sistemática.

Empezando con el tratamiento de aproximaciones sucesivas. El objetivo es hacer que la amígdala cerebral, deje el control automático de las situaciones potenciales de peligro y lo tome la corteza prefrontal, sitio de donde vienen los pensamientos más brillantes y desde donde se ejerce la negociación interna de bajar la intensidad de las emociones.

Cuando te acostumbras a enfrentar el miedo en esta terapia controlada, se tiene un mejor entrenamiento de la corteza prefrontal, para que sepa reaccionar en el mundo cotidiano cuando aparezcan y se encuentre solo el paciente.

La armada de USA, para entrenar a sus fuerzas especiales y vencer el miedo extremo, lleva a cabo una autoterapia basada en cuatro puntos:

  1. Fijar tus objetivos,
  2. Ensayo mental,
  3. Autodiscurso o automotivación y
  4. Control de la excitación (Discovery, 2017).

Una propuesta más, no medicamentosa, es el uso de la psicoterapia tecnológica, mediante el uso de la tecnología denominada: campo electromagnético pulsante de baja frecuencia.  Se utiliza la cama del campo electromagnético, como si fuera el antiguo diván de la terapia.  El campo electromagnético mediante pulsaciones electromagnéticas, va equilibrando las cargas eléctricas de la amígdala cerebral sobre activada, logrando con ello un estado de relajación del paciente que ayuda a lograr los cambios a nivel cognitivo. Así, se establece una mejor negociación con la corteza prefrontal para lograr un autocontrol de la actitud del paciente.

El objetivo es que el paciente logre una actitud positiva hacia su estado de salud, hacia el ambiente que le rodea y hacia la vida misma.

Referencias

APA (2010) APA Diccionario conciso de Psicología, Editorial el Manual Moderno, México.

De la Fuente J. R. & Heinze G. (2015) Salud mental y medicina psicológica, Mc Graw Hil y Universidad Nacional Autónoma de México, México.

Discovery (2017) El cerebro humano, consultado el 8 de septiembre del 2017, en red: https://www.youtube.com/watch?v=pLyEZD7nrms&t=293s

Dispenza J. (2016) El placebo eres tú, Ediciones Urano, México.

Dr Sood (2016) Cómo cultivar un cerebro feliz, consultado el 8 de septiembre del 2017, en red: https://www.youtube.com/watch?v=x_wU8A0FIq8

Halguin R. & Krauss S. (2004) Psicología de la anormalidad (Perspectivas Clínicas sobre desórdenes psicológicos), Mc Graw Hill, México.

Herre J. (2016) Biografía de Andy Warhol. Un icono artístico del siglo XX, consultado el 1 de agosto del 2017, en red: https://www.youtube.com/watch?v=8YEAYWLbdgY

Morales, J.F. (1994). Actitudes. En J.F. Morales, Psicología Social (pags. 495-621). Madrid: Mcgraw-Hill.

Norogaca (2011) Una vida de cuento: Hans Christian Andersen, consultado el 9 de septiembre del 2017, en red: http://norogaca.blogspot.mx/2011/08/una-vida-de-cuento-hans-christian.html

Ortega I. (2017) Psicología-on line, La Hipocondría: Definición, causas y consejos para superarla, consultado el 1 de agosto del 2017, en red: http://www.psicologia-online.com/autoayuda/articulos/2012/hipocondria.html

Ramírez M. (2015) Top 10 hipocondriacos, consultado el 9 de septiembre del 2017, en red: http://algarabia.com/top-10/top-10-hipocondriacos/

Redes (2014) Para qué sirven los celos, entrevista de Eduardo Punset a Ralph Adolphs, consultado el 5 de Agosto del 2017, en red: https://www.youtube.com/watch?v=oj0XbpexsQ4

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Juan Antonio Barrera Méndez

Psicólogo egresado por la Universidad Autónoma Metropolitana con una trayectoria de 20 años en terapia e investigación. Especialista certificado en terapias de aplicación de Campo Electromagnético que favorecen el equilibrio entre el cuerpo y la mente. Director y Fundador de Atención y Tratamiento Psicológico

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