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La personalidad es algo que va cambiando a lo largo de nuestra vida y que se ve influenciado por numerosos factores. Sin embargo, hay una etapa concreta en la que esta acaba por definirse y se fortalece, de modo que cada vez es más complicado que se produzcan cambios en ella. Vamos a profundizar en esta cuestión.

Etapas de la personalidad

Los seres humanos atravesamos a lo largo de nuestra vida hasta nueve etapas vitales. La primera de ellas es la etapa prenatal, que incluye el momento en el que aún estamos en el útero.

La segunda es la primera infancia, desde que se nace hasta los 3 o 4 años y en la que el niño comienza a tener un poco más de autonomía. En esta fase, el niño absorbe mucha información rápidamente y su entorno familiar es su único vínculo con la realidad.

Después viene lo que se conoce como niñez temprana, que va desde los 3 a los 6 años. Le sigue la niñez intermedia, hasta los 11, muy influenciada por la experiencia escolar.  Posteriormente, llega la adolescencia, desde los 12 a los 17 años. Tras terminar esta fase, entramos en la juventud, que se considera entre los 18 y los 35 años.

Finalmente, llegamos a la etapa de la madurez, que va más o menos desde los 36 a los 50 años; la etapa de la adultez madura, de los 50 a los 65 años; y la etapa de la tercera edad, que se inicia a partir de los 65 años.

En cada una de estas fases se considera que se producen cambios profundos en la personalidad, ya que cada una de ellas implica una serie de transformaciones en la persona debido a las experiencias, que hacen que vivamos y procesemos las cosas de manera distinta.

La personalidad, algo mutable y flexible

Aunque todas las personas tienen una serie de rasgos definitorios, la personalidad es algo que es completamente flexible. Esto quiere decir que puede moldearse y que cambia en función de nuestro alrededor y de las vivencias que experimentemos a lo largo de los años.

De este modo, todos aquellos cambios vitales que se producen en cualquiera de las distintas etapas por las que atravesamos a lo largo de nuestra vida provocarán un cambio en nosotros. Esto hará que, por lo tanto, se produzcan modificaciones en nuestra personalidad.

La pubertad, comenzar a trabajar, la maternidad y la paternidad, la jubilación o cambiar de país son solo algunos de los ejemplos de hechos que pueden marcar nuestra personalidad y hacer que esta sea diferente.

Otro de los hechos que puede provocar un importante cambio es atravesar una pérdida traumática o vivir un hecho especialmente doloroso. Esto puede traducirse en una transformación tan importante que deje una huella visible en nuestra personalidad.

La adolescencia, un momento clave

Más allá de estos factores externos, sí que es cierto que hay una edad en la que nuestra personalidad sufre un importante cambio. Esta es la adolescencia. Los cambios hormonales y de los propios roles de la persona respecto a su entorno producen una importante huella en su personalidad.

Durante la niñez ya se empiezan a mostrar aspectos de la personalidad propios y otros que están influenciados por su entorno, ya que el vínculo familiar sigue siendo muy fuerte y la educación y enseñanza de los padres condiciona mucho la personalidad.

Esto se debe a que el niño pasa de la etapa de la infancia, en la que los adultos son quienes dirigen y rigen su actividad, a la etapa de la adultez, en la que él es responsable de sus propias decisiones y asume el mando de su vida.

Esta etapa es muy complicada en muchos casos, ya que los niños dejan de tener como referencia a sus progenitores y los protagonistas pasan a ser, en la mayoría de los casos, el círculo de amistades.

Más allá de esta etapa, durante la juventud también se producen importantes cambios que afectan a nuestra personalidad. Es el momento en el que la persona se hace responsable por completo de su vida, comienza a trabajar, a tomar sus propias decisiones y a asumir las consecuencias de las mismas.

Es el período en el que además se profundiza en el autoconocimiento y se estabiliza nuestra personalidad. Esto es algo que continúa evolucionando a medida que vamos acumulando experiencias y vivencias a lo largo de nuestra vida.

En conclusión, hay varios momentos en la vida de toda persona en la que su personalidad cambia y se establecen unos rasgos que será difícil volver a moldear. Lo importante, sobre todo, es tener conciencia de ello para sacar el máximo partido a nuestros puntos fuertes y aprender a trabajar los débiles para así lograr superarlos.

Cuál es la edad en la que nuestra personalidad cambia para siempre
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