La polarización grupal

La Polarización Grupal es un fenómeno que nos suele acompañar en muchos procesos grupales a lo largo de nuestra vida, aunque no seamos plenamente conscientes de ello.

¿Por qué cuando finalizamos una discusión con personas que tienen una opinión ideológicamente próxima a la nuestra, solemos obtener como resultado una actitud más extrema?.

El discurso grupal y su influencia en nuestras ideas

Imaginemos que acudimos a un grupo de discusión en el que conocemos, de antemano, que se va a tratar el tema del maltrato animal. Escogemos participar voluntariamente en él, ya que nos sentimos identificados con los valores que se van a exponer en ese espacio. Nunca nos hemos movilizado por ello y sentimos que este puede ser un buen momento y una gran oportunidad.

Al llegar al encuentro observamos un bullicio en la puerta del local, hecho que refuerza al instante nuestra postura inicial sobre el tema, e incluso nos puede hacer sentir orgullosos de ser defensor de los derechos de los animales y de implicarnos con la causa. Al tiempo que sucede esto, sentimos que ya somos miembros activos y parte integrante del grupo. Inconscientemente nos identificaremos y buscaremos aspectos en común con cada una de las personas que están a nuestro alrededor. Todo este proceso, simple y cuasi automático, potencia la validación de nuestras creencias y nos permite entrar al espacio de encuentro predispuestos a participar del coloquio con gran convencimiento de nuestros ideales. Lo mejor de todo, es que aún ni nos hemos sentado a discutir.

Una vez dentro, todo acontece según lo esperado. La gente expone distintas opiniones relacionadas con el tema. Si analizamos las intervenciones de los participantes, podemos ver que hay muchos argumentos e ideas comunes en cada una de las exposiciones.

Al finalizar el encuentro, salimos felices de haber participado y con la sensación de estar volcados con la causa. Nos sentimos tan comprometidos que tenemos ganas de abrir una página de Facebook sobre la protección del derecho de los animales. También tenemos la intención de montar una asociación sin ánimo de lucro con diez personas más, que hace menos de tres horas que conocemos y si forzamos un poco, hasta nos proponemos abrir un puesto de camisetas con frases que conciencien sobre el tema, y destinar la recaudación de fondos, a la financiación de entidades locales dedicadas a este asunto.

Salimos de casa con unas ideas y volvemos con las mismas pero mucho más extremas e intensas. Tanto nuestro discurso como nuestros actos se han radicalizado aunque no seamos conscientes. ¿Qué ha pasado?

¿Es una cuestión de argumentos? o quizás ¿es el individuo el que sufre una presión social por el hecho de querer formar parte del grupo?.

El peso de la influencia grupal

Existen, clásicamente, dos posibles vías explicativas de este fenómeno:

1) Influencia Informativa

Cuando discutimos en grupo salen a relucir muchas ideas. Las que se mencionan más veces, lógicamente, son las que todo el grupo tiene en común, lo que genera un importante refuerzo de las mismas. Sólo en contadas ocasiones aparecerán ideas contrarias a la opinión grupal. Cuando esto suceda, cualquier miembro expondrá una contraargumentación a la posible amenaza expuesta. Este contraargumento, además, será aplaudido por sus compañeros y les servirá como ejemplo para usarlo en ocasiones futuras semejantes.

Resumiendo: aprendemos más ideas favorables al tema que nos une y buenos argumentos para defendernos ante cualquier crítica.

2) Influencia Normativa

Este proceso consiste en que la persona adopta la respuesta de la mayoría del grupo para ajustarse a él, con el objetivo de ganar la aprobación o evitar el rechazo del mismo. Como consecuencia de este fenómeno, se produce un conformismo con las normas y con las expectativas aprobadas por el contexto social. El motivo que subyace es la necesidad de ser aceptado por el grupo.

El pensamiento grupal

El poder de la influencia del grupo no acaba aquí. Existe un concepto conocido como pensamiento grupal (groupthink) que, según Janis, autor que propone y define este término, consiste en «un modo de pensamiento que las personas adoptan cuando están profundamente involucradas en un grupo cohesivo, cuando los esfuerzos de los miembros por unanimidad hacen caso omiso de su motivación para valorar realísticamente cursos de acción alternativos».

Janis se refiere a que si existe un grupo muy cohesionado, el deseo de los miembros de permanecer juntos, en el espacio y en el tiempo, puede llegar a nublar la realidad y llevarnos a tomar decisiones arriesgadas o defectuosas.

Enumeramos los síntomas que señala el autor como identificativos de este fenómeno:

  1. Ilusión de invulnerabilidad: creer que nada malo va a pasar si se mantienen unidos.
  2. Credibilidad incuestionable en la moralidad inherente al grupo.
  3. Racionalización colectiva de las decisiones del grupo: invertimos más tiempo en justificar aquello que defendemos que en buscar información que la cuestione.
  4. Estereotipo compartido del exogrupo: visión homogénea del oponente.
  5. Autocensura: se evita la crítica y los posibles desacuerdos para conservar la armonía.
  6. Ilusión de unanimidad: el acuerdo entre los miembros se percibe de forma total y uniforme.
  7. Presión directa a quienes se opongan a conformarse.
  8. Miembros que protegen al grupo de información negativa.

Cómo hacer frente al pensamiento grupal

Para finalizar, comentamos algunas de las alternativas de las que disponemos para hacer frente al pensamiento grupal de una forma eficiente:

  • Estimular abiertamente la crítica por parte de los miembros del grupo.
  • Subdividir el grupo ocasionalmente para ganar objetividad y recomponerlo posteriormente.
  • Reforzar e incentivar la propuesta de ideas alternativas.
  • Promover críticas y consejos de expertos ajenos al grupo.
  • Fomentar una actitud imparcial e ideológicamente independiente de otros miembros.
¿En qué consiste la polarización grupal?
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Jose Salido Botas
Licenciado en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela y Máster en Psicología Clínica, Legal y Forense por la Universidad Complutense de Madrid. Experto en Mediación Familiar por la Universidad Camilo José Cela. Acreditado como Psicólogo General Sanitario por la Consejería de Sanidad de la Xunta de Galicia.