Salir de la Zona de Confort

¿Qué es la Zona de Confort?

Para hablar de zona de confort, es necesario hablar de niveles de ansiedad. Nuestra zona de confort es un estado psicológico que nos permite mantenernos en un nivel bajo de ansiedad de forma constante. Se basa en un tipo de comportamiento en el que la persona opera dentro de una posición de poca o nula ansiedad. Es donde nuestra incertidumbre y vulnerabilidad se reducen al mínimo, donde creemos que lo tenemos todo (o casi todo) bajo control.

Las actividades cotidianas como cocinar, ver la tele, leer, etc. a las que estamos acostumbrados, no harán que nos sintamos ansiosos o inquietos, así que son parte de nuestra zona de confort.

Los beneficios de la ansiedad moderada

A pesar de que  la ansiedad no es algo que nos guste ir a buscar, un poco puede ser beneficiosa. Una pizca de ansiedad nos empuja cada día a hacer nuestro trabajo y a mejorar nuestro rendimiento.

Un  estudio con ratones realizado en 1908 mostró que cuando una tarea era fácil de llevar acabo, el rendimiento mostrado por los ratones aumentaba a medida que se incrementaban sus niveles de ansiedad. En cambio, cuando una tarea era difícil, el aumento de la ansiedad sólo ayudaba si no se sobrepasaba cierto umbral, al parecer la combinación de una tarea difícil y la alta ansiedad ejerce un efecto negativo en el estrés y el rendimiento posterior.

La zona de confort a menudo se ilustra cómo podemos ver en la siguiente imagen, donde la zona de confort se extiende hacia una zona de aprendizaje, pero con el tiempo conduce a una zona de pánico, donde la ansiedad es demasiado alta.

Así pues, cuando la tarea era fácil, los ratones estaban en su zona de confort y la completaban sin sentir ningún tipo de ansiedad. A medida que aumentaron los niveles de ansiedad de los ratones, éstos entraron en su zona de aprendizaje y a la vez a un mejor desempeño. Pero cuando la tarea se presentó difícil, se necesitó un nivel menor de ansiedad para que llegaran a su zona de aprendizaje, y pronto cayeron en su zona de pánico, donde se redujo drásticamente el rendimiento.

Cómo salir de tu zona de confort en 6 pasos

Aunque no siempre lo parezca, fuera de nuestra zona de confort puede ser un buen lugar para estar, siempre y cuando no inclinemos la balanza demasiado lejos. Es importante recordar que hay una diferencia entre el tipo de ansiedad controlada de la que estamos hablando y la ansiedad real con la que muchas personas luchan con todos los días. Por otro lado, la zona de confort de cada persona es diferente, y lo que para alguien significa ampliar sus horizontes, para otro puede significar el pánico total. Recuerde, la ansiedad óptima puede llevarnos a mejorar a muchos niveles, pero el exceso nos llevará al desastre.

Aquí os presentamos algunas maneras de salir (y por poder expandir) nuestra zona de confort sin ir demasiado lejos:

1. Haz las cosas de todos los días de forma diferente

Esto es algo que todos podemos empezar a hacer de forma simple. Por ejemplo, haz una ruta diferente para ir al trabajo, prueba un nuevo restaurante o una nueva comida, cambia tu forma de vestir o de peinar, habla con un desconocido… Recalibra tu realidad, no importa si el cambio es grande o pequeño, lo importante es hacer un cambio en la forma de hacer las cosas del día a día. Busca la nueva perspectiva que tienes tras el cambio, incluso si es negativo. No te desanimes si las cosas no salen como lo habías planeado.

2. Frena tu ritmo

A veces una desaceleración es todo lo que necesitamos para hacernos sentir incómodos, sobre todo teniendo en cuenta que la velocidad y la agilidad mental son muy apreciadas en el trabajo y vida personal de la actualidad. Reducir la velocidad, observar lo que está pasando, tomarnos un tiempo para interpretar lo que vemos, y luego intervenir. A veces, el mero hecho de defender nuestro derecho a tomar una decisión más profunda sobre un tema, puede empujarnos fuera de tu zona de confort. Piensa, no te limites a reaccionar.

3. Confía en ti mismo y toma decisiones rápidas

Parece que estamos en contradicción con el punto anterior, pero es por una buena razón. Al igual que hay personas que toman decisiones rápidas, otras se sienten más cómodas sopesando todas las opciones posibles varias veces, una y otra vez. Para este tipo de personas es bueno dejarse llevar más a menudo por los impulsos. Si lo hacen, puede por fin logren poner en marcha sus proyectos personales y aprendan a confiar más en su intuición.

4. Acepta la incertidumbre

El no saber qué va a pasar y la inseguridad que esta sensación nos crea, nos impulsa hacia un intento desesperado de controlar el futuro y anticiparnos como sea hacia un sinfín de probabilidades. El no saber es sinónimo de desamparo, y por tanto, de miedo ante lo desconocido. Esto es lo que nos impulsa a quedarnos siempre que podemos en nuestra querida zona de confort. Pero debemos aceptar de una vez por todas que la incertidumbre es parte de la vida, igual que el cambio, así que no intentes controlarlo todo, déjate llevar y suelta de vez en cuando las riendas.

5. Busca apoyo en los demás

A menudo salir de nuestra zona de confort por cuenta propia puede ser complicado, pero si hay alguien cercano en quien confíes (un familiar, un amigo…) le puedes explicar lo que estás tratando de hacer. Seguro que te puede ayudar y te echará un cable cuando lo necesites. No desprecies la ayuda de los demás, recuerda que las personas estamos hechas para interactuar unas con otras y para apoyarnos!

6. Hazlo en pequeños pasos

Se necesita mucho coraje para salir de nuestra zona de confort. Y aunque no lo creas, se obtienen los mismos beneficios si vamos rápido como si no lo hacemos poco a poco, así que no tengas miedo de empezar lentamente, lo importante es dar el primer paso y no echarse atrás. Si, por ejemplo, eres socialmente ansioso, no asumas que tiene que reunir el valor suficiente para pedir una cita a alguien a la primera de cambio, simplemente saluda y empieza una pequeña conversación. Identifica tus miedos, y luego se enfréntalos paso a paso.

Hay muchas cosas que puedes hacer para poner a prueba sus límites personales. Podrías aprender un nuevo idioma por ejemplo. El aprendizaje de un idioma tiene múltiples beneficios, sobre todo si te has limitado a observar el mundo desde lejos, pues tal vez ésta sea la manera de empezar a viajar a lugares más lejanos y desconocidos. Visitar lugares nuevos y diferentes es una de las mejores maneras de ampliar nuestra perspectiva de la realidad, y no tiene por qué ser caro, hay muchas formas y lugares donde viajar. Las experiencias que tengamos pueden ser alucinantes o lamentables, pero eso no importa. La cuestión es que lo estaremos haciendo, y que estamos empujándonos a nosotros mismos más allá de los bloqueos mentales que le indican a no hacer nada.

Probar cosas nuevas es difícil. Si no lo fuera, salir de tu zona de confort sería fácil y lo haríamos todo el tiempo. Es tan importante entender cómo se forman los hábitos y cómo podemos romper ellos, como aprender a forzarnos a ir fuera de nuestra zona de confort haciendo cosas específicas.

Lo que se obtiene al salir de la zona de confort y probar cosas nuevas

La ansiedad óptima es ese lugar donde la productividad mental y el rendimiento alcanzan su pico más alto. Aun así, “mayor rendimiento” y “mayor productividad” simplemente suenan a “hacer más cosas”. Pero ¿Qué es lo que realmente se obtiene cuando estamos dispuestos a salir de la zona de confort?

Vamos a ser más productivos

Mantenernos en la zona de confort mata la productividad, ya que sin la sensación de incomodidad de tener plazos y expectativas, tendemos a hacer que el mínimo necesario para salir adelante. Perdemos la visión y la ambición de hacer más y aprender cosas nuevas. Por otro lado, caer en la trampa de que “estamos demasiado ocupados” para el cambio es una manera más de mantenernos en nuestra zonas de comodidad y evitar hacer cosas nuevas. Empujar nuestros límites personales puede ayudarnos a crecer, a hacer más cosas y a encontrar la manera más inteligente de trabajar.

Nos va a ser más fácil afrontar los cambios nuevos e inesperados

En un artículo del The New York Times, Brene Brown, profesor de investigación en la Universidad de Houston, explica que una de las peores cosas que podemos hacer es creer que no existen el miedo y la incertidumbre. Al tomar riesgos de una manera controlada y hacer cosas que normalmente no haríamos, nos daremos cuenta de que la incertidumbre también puede ser manejable. Aprender a vivir fuera de nuestra zona de confort de forma voluntaria, nos prepara para afrontar con más coraje los cambios que vida nos depara.

Será más fácil superar nuestros límites en el futuro

Una vez que empecemos a salir de nuestra zona de confort, se va a hacer más fácil con el tiempo. A medida que pasamos más tiempo fuera de nuestra zona de confort, nos iremos acostumbrando a ese estado de ansiedad óptima. La “incomodidad productiva”, como la llaman, se vuelve más normal, y que estaremos dispuestos a ir más lejos que antes cada vez.

Será más fácil de intercambiar ideas y aprovechar nuestra creatividad

La búsqueda de nuevas experiencias, aprender habilidades desconocidas para nosotros y abrir la puerta a nuevas ideas nos inspiran y educan de una manera sorprendente. Probar cosas nuevas puede hacernos reflexionar sobre nuestras viejas ideas y ver donde “chocan” con estos nuevos conocimientos, nos inspiran para aprender más y desafiar prejuicios. Incluso en un corto plazo, una experiencia positiva incómoda nos puede ayudar a desarrollar una lluvia de ideas, ver viejos problemas desde una nueva perspectiva y hacer frente a los desafíos con nueva energía.

Por qué es importante volver a la zona de confort de vez en cuando

Pero no se puede vivir fuera de tu zona de confort todo el tiempo. Es necesario volver de vez en cuando para procesar nuestras experiencias. La última cosa que queremos es que lo nuevo e interesante se convierta rápidamente en un lugar común y aburrido.

Este fenómeno, denominado adaptación hedonista, es la tendencia natural a estar impresionados por las cosas nuevas sólo para que se conviertan ordinarias tras un corto período de tiempo (este fenómeno ocurre también con las compras; deseamos algo desesperadamente y cuando lo tenemos, empieza perder su valor). Es por eso que aunque hoy en día tenemos acceso al mayor depósito de conocimiento humano jamás creado (Internet) y está a nuestro alcance (en nuestros teléfonos inteligentes), nos aburrimos más que nunca porque todo lo logramos con extrema rapidez, casi sin esfuerzo. Esto nos impide apreciar suficientemente las cosas sutiles y cotidianas.

Tómatelo con calma, tómate el tiempo necesario para reflexionar sobre tus experiencias, de modo que puedas aprovechar los beneficios adquiridos y puedas aplicarlos en tu día a día. A continuación, vuelve a hacer algo más nuevo e interesante. Prueba algo nuevo cada semana o cada mes, no cada día.

Del mismo modo, no te limites a las grandes experiencias. Tal vez la meditación te empuja fuera de tu zona de confort tanto como el puenting. El objetivo no es convertirse en un adicto a la adrenalina, lo que se busca es aprender a reconocer lo que eres capaz de hacer. Esa es otra razón por la que es importante volver a veces a un estado de comodidad y relajación. Pero no te olvides de ir en busca de esos momentos de inspiración, creación y producción, que además son un poco incómodos, de vez en cuando.

Consejos para salir de tu Zona de Confort y no morir en el intento
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