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Uno de los costes de la homogeneidad es que favorece las presiones a favor de la conformidad que los grupos suelen ejercer sobre sus integrantes. Puede parecer lo mismo que el capillismo, pero se trata de un problema diferente. El conformismo provoca un cambio en la conducta u opiniones de una persona como resultado de la presión real o imaginada de personas o grupos de personas. El individuo cambia de opinión no porque piense ahora de forma diferente, sino porque es más sencillo cambiar de opinión que plantar cara al grupo.

¿Aceptamos o nos conformamos?

El conformismo es un comportamiento difícil de analizar y menos aún de asumir: porque somos conscientes de que otros se conforman, pero infravaloramos nuestro propio grado de conformidad con respecto al grupo. Por ello, y pese al medio siglo transcurrido, continúa sorprendiendo el experimento con el que Solomon Asch demostró que era un comportamiento muy extendido:

El estudio sobre la conformidad de grupo de Solomon Ash

El psicólogo utilizó dos tarjetas: en una había dibujadas tres líneas de bien distintas longitudes; en la otra, una línea idéntica a una de las tres anteriores. Se trataba de que los participantes dijeran a cuál de las tres líneas era igual la que se les presentaba en la segunda tarjeta. Era increíblemente sencillo; de hecho, preguntados individualmente, no se producía prácticamente ningún error. Sin embargo, Asch introdujo a cada participante en un grupo junto a otras cuatro personas que actuaban por cuenta del experimentador, y que se encargaban de defender una respuesta claramente incorrecta. El resultado: al verse enfrentados con los cuatro compañeros que daban la misma contestación errónea, dentro de una serie de doce juicios, tres cuartas partes de los sujetos se plegó al incorrecto criterio general por lo menos una vez. Y cuando se comprobó el conjunto de las opiniones emitidas, se descubrió que un 37% de todas las respuestas asumían los juicios manifiestamente errados de los cómplices de Asch.

Conviene destacar que el experimento, que ha sido confirmado una vez tras otra, se realizó en unas condiciones en las que no existía ninguna otra presión que no fuera la opinión mayoritaria. En otras condiciones, el porcentaje de respuestas conformistas hubiera sido aún más elevado. Como sostiene Elliot Aronson, “un grupo será más efectivo para inducir al conformismo: 1) si está constituido por expertos; 2) si los miembros (tanto individual como colectivamente) son importantes para el individuo; 3) si los miembros (tanto individual como colectivamente) son, de algún modo, comparables al individuo”.

Cómo utilizamos el conformismo en la vida real

Los comités que dirigen los partidos están constituidos por expertos; los compañeros son vitales para las aspiraciones políticas de cualquiera de sus miembros; y todos los integrantes del grupo son absolutamente comparables. Por lo que estos grupos se encuentran claramente inmersos en la situación que plantea James Surowieki: “cuanto mayor sea la influencia que los miembros de un grupo ejerzan los unos sobre los otros, y mayor el contacto personal que tengan entre sí, menos probable será que alcancen decisiones inteligentes como grupo. A mayor influencia mutua, mayor probabilidad de que todos crean las mismas cosas y cometan los mismos errores”. No hay más que añadir la fuerte cohesión de estos colectivos en torno a su líder o líderes, y la permanente urgencia de lograr el consenso sobre las decisiones a tomar, para que pueda decirse que los grupos que dirigen los partidos políticos se comportan como una auténtica máquina de producir conformismo, lo que obviamente da muestra de su escasa capacidad para tomar las mejores decisiones.

Pero además de lo dicho, el trabajo de Asch reveló que bastaba con la presencia de un solo discrepante en el grupo, de alguien que elegía la línea correcta, para que el porcentaje de respuestas conformistas disminuyera radicalmente. Un solo discrepante puede hacer más inteligente al grupo. Retornamos, pues, a la importancia de la diversidad, no sólo porque aporte perspectivas distintas al colectivo, sino también porque facilita que las personas expresen lo que realmente piensan. La existencia de opiniones independientes y discrepantes se revela de nuevo como un ingrediente crucial para la toma colectiva de decisiones inteligentes. Así que los disidentes deberían pasar de ser especie perseguida en los partidos políticos a especie protegida.

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Conformismo social y el experimento de Solomon Ash
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