Llegada hermano menor

La familia constituye el principal y más importante núcleo de socialización en la infancia, convirtiendo a los padres en las figuras fundamentales de referencia para los niños, tanto a nivel emocional como de imitación de su comportamiento.

La forma en que los padres (y otros cuidadores principales) se relacionan e interactúan con sus hijos es crucial para su posterior desarrollo cognitivo y de gestión emocional.


De este modo, se genera un vínculo entre los estilos de crianza de los padres y los estilos de apego que establecen sus hijos: los padres más autoritarios (mayor nivel de control y menor nivel de afecto) o más negligentes (menor nivel de control y menor nivel de afecto) en el cuidado suelen llevar a estilos de apego más evitativos o más ansiosos en sus hijos, mientras que los padres autoritativos (mayor nivel de control y mayor nivel de afecto) son los que más se relacionan con un estilo de apego seguro en sus hijos.

Cuando los niños son pequeños, van estableciendo sus esquemas sobre cómo funciona el mundo y cómo lo hace su familia, quiénes son los miembros que están presentes siempre y cuáles son sus roles con respecto a sí mismo.

Por tanto, cabe esperar que cualquier cambio destacable suponga una alteración de los mapas que el menor tiene sobre “su” mundo, y un requerimiento de adaptación progresiva a la nueva situación.

Mi hijo/a va a tener un hermano/a, ¿Cómo manejamos la situación?

Desde luego, la llegada de un nuevo miembro a la familia puede suponer un reto para muchos padres: “¿Cómo se lo explicamos a nuestro hijo/a? ¿Tendrá celos de su nuevo/a hermano/a?”

Es probable que, en un inicio, la reacción de nuestro hijo/a no sea la más favorable: “Yo no quiero un hermano”, “Estoy muy bien solo”, “No quiero compartir mis cosas”, lo que lógicamente, nos puede causar cierta frustración como padres.

En este contexto, debemos tener en consideración que, muy probablemente, nuestro hijo no comprende bien en qué va a consistir esta nueva etapa (¡Todavía no le hemos informado sobre ello!) y esta situación le puede hacer sentirse muy inseguro: “Mis padres ya no me van a querer”, “Sólo van a querer hacer cosas con mi hermano/a”, etc.

Los celos y la inseguridad son dos elementos que van muy de la mano en cualquier etapa evolutiva, especialmente cuando nos falta confianza en nosotros mismos y en nuestro entorno.

Por esa razón, clarificamos dos recursos que pueden ser de extremada utilidad cuando planteamos la llegada de un nuevo miembro a la familia.

El inspector de policía en la estación de tren

Vuestro hijo hará muchas preguntas sobre vosotros como padres, sobre vosotros como equipo padres-hijos y sobre su futuro hermano. Tratad de responder con la mayor sinceridad posible y sed honestos hasta para contestar un: “no lo sé, pero lo averiguaremos”.

Necesita conocer y comprender qué ocurre a su alrededor para seguir adaptando sus esquemas y adaptándose él mismo a la nueva situación.

Por ello, es importante que, de necesitar introducir nuevas rutinas en la familia (con respecto al sueño, horarios de baños o comidas…), aprovechéis los meses de embarazo para ir estableciendo pequeños cambios a los que os podáis ir adaptando todos como un verdadero equipo.

Tened en cuenta que esta determinación no es únicamente constructiva para vuestro hijo/a, sino que también os facilita la adaptación progresiva a vosotros como adultos.

Pensad que los trenes salen siempre a la misma hora y, cuando va a ocurrir algún cambio, se avisa con suficiente antelación.

El asesor de campaña

A menudo, los padres toman decisiones con respecto al próximo hijo sin tener en consideración la opinión de los hijos mayores (sin ningún tipo de mala intención), por lo que estos pueden sentirse ligeramente aislados del proceso relativo a la llegada de un hermano y, por ende, aumentar su sensación de inseguridad.

Teniendo en cuenta la importancia que supone para un menor tener la sensación de “pertenecer” a su grupo fundamental de referencia, tenemos una forma muy sencilla de hacer que nuestro hijo se sienta más cómodo con el cambio: involucrarlo directamente en la llegada de su hermano/a.

Por ejemplo, podemos consultar sobre qué color le parece más adecuado para las paredes de la habitación, qué juguetes cree que podrían gustarle más, qué carrito le parece más bonito, etc.

Empleando estos recursos, conseguimos que el menor forme parte de un proceso complejo como es la llegada de un hermano y no se sienta “amenazado” por el mismo.

Nota: Puesto que la decisión final sobre cualquier aspecto relativo al futuro bebé recae indiscutiblemente sobre los padres, la presentación de las cuestiones anteriores se puede dar ante el hermano mayor cuando la elección definitiva constituya básicamente una dicotomía.

Por ejemplo:¿Qué carrito te gusta más?” (Mostrándole uno verde y otro azul, teniendo en cuenta que los padres ya han descartado las demás opciones con anterioridad).

De esa forma, indudablemente el menor participa de la toma de decisiones, pero evitamos que el proceso llegue a una inversión de roles por tratar de sobrecompensar con el menor.

Pensad que, el asesor de campaña, tiene unos recursos que le vienen delimitados desde “arriba”, y aun así intenta adaptarse a las alternativas que tiene por el equipo.

Irene Micó
Graduada en Psicología por la Universidad de Valencia en 2014. Trabajando como psicóloga en Dopsi desde 2017. Máster en Psicología Clínica y Salud: Estrategias Actuales de Intervención. ADEIT/Universidad de Valencia. Formación en Terapia Gestalt por el Instituto Francés de Terapia Gestalt (IFGT). Formadora para la reeducación y sensibilización vial en infractores de tráfico. Diplomas acreditativos de conocimiento en las siguientes áreas: Marco conceptual de la psicología clínica y de la salud, Counselling y su aplicación sanitaria, Técnicas terapéuticas básicas, Dinámica pericial, Reestructuración cognitiva, Mindfulness, Tratamiento de la depresión y la ansiedad.

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