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Hace unos años, una contraportada de uno de los medios de prensa más importantes de nuestro país,  saltaba a los titulares de la psicología con una entrevista a François Ansermet (Psiquiatra del Hospital de Ginebra) en la que el gran titular era: “No podemos pensar dos veces con el mismo cerebro”.

Tengo que decir que no solo como psicóloga sino como persona me faltó el tiempo para descifrar ese titular.

En resumen lo que expresaba este psiquiatra era que cualquier experiencia que nos suceda modifica la manera que tenemos de procesar la información.

Realmente este hecho es más que curioso, ya que si nos paramos a reflexionar en ello, se extrapola que todo aquello que vivimos en nuestro día a día va “modelando” nuestro cerebro.

¿Es cambiante nuestro cerebro?

Todos hemos oído alguna vez la frase de Pablo Neruda: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

Realmente, es increíble como Pablo Neruda en una sola frase rebela uno de los grandes pilares de la Psicología: Las experiencias, siempre impactan en nosotros: a veces de manera positiva emergiendo un nosotros un aprendizaje, otras en forma de dolor y quizás algunas ni tan siquiera seamos conscientes.

La realidad es que se ha demostrado que el cerebro cambia constantemente. El cerebro no sólo con la edad, con las relaciones que establecemos sino con la experiencia.

Diferentes estudios han rebelado que la experiencia modifica las conexiones cerebrales, es decir: se conoce que toda la información que procesamos se hace a través de circuitos neuronales.

El resultado de diferentes estudios, nos demuestra que cada experiencia significativa provoca en nuestro cerebro en cambio en estas conexiones sinápticas, por tanto las vías de la información que procesa nuestro cerebro no paran de modificarse.

¿Cómo nos podemos beneficiar de un cerebro cambiante?

Vivimos en una sociedad que por diferentes motivos tiende a la sobremedicación. La falta de tiempo, la necesidad de resultados inmediatos nos lleva a usar pastillas en ciertos casos para paliar los síntomas en lugar de trabajar desde la base de la problemática y por tanto, inhibir el síntoma desde la base, desde la psicoterapia y el cambio en nuestros circuitos de aprendizaje.

El hecho de que nuestro cerebro sea cambiante, nos abre multitud de puertas. Si entendemos que las palabras son un tipo de experiencia cuando estas impactan en la persona, podemos extrapolar el hecho que las palabras como experiencia pueden modificar nuestro cerebro y por tanto cambiar nuestra manera de procesar la información en el caso que esta no sea positiva para nuestro bienestar.

Las palabras como pastillas para nuestro bienestar

Como psicóloga me encuentro muchas veces que los pacientes que acuden a mi consulta, no presentan una problemática compleja en extremis. En ocasiones, han ido adquiriendo una forma errónea de procesar la información, y por tanto un aprendizaje que provoca malestar.

Por ejemplo: Si yo de pequeña tuve un accidente en coche, sino he sido capaz de trabajar esa experiencia y refutar ese aprendizaje subiendo otra vez en automóvil y viendo que las probabilidades de sufrir un accidente son pocas, directamente puede ser que desarrolle una fobia adquirida por un mal aprendizaje a subir en coche.

Lo que nos permite este artículo, es una vez más describir el trabajo que muchas veces como psicólogos realizamos: evocar la experiencia vivida negativa y reinterpretarla, pudiendo volverla a inscribir en la memoria de manera diferente, realizando un ejercicio de “reinterpretación” de esa verdad.

Es importante ser conscientes de los aprendizajes erróneos que cometemos, ya que ser consciente de ellos nos permitirá detectarlos y por lo tanto trabajar en ellos.

Las palabras son herramientas claves para poder trabajar nuestra mente y que emerja una perspectiva más adaptable y equilibrada para el nuestro bienestar.

¿Son las palabras suficientes para cambiar nuestro cerebro?

Una vez más os animo a poder entender la mente humana desde su complejidad.

Las palabras  son necesarias y muchas veces reconfortan el malestar, pero creer que cambiando nuestro aprendizaje será suficiente para nuestro bienestar, sería pecar de simplista.

La manera en la que procesamos la información es clave para nuestro bienestar físico y emocional, pero debemos recordar que las personas muchas veces no somos resultado de un ejercicio de causa-efecto, sino que entre la causa y el efecto hay muchos otros factores que están influyendo.

Reconocer que el cerebro nunca es el mismo dos veces, me parece una ventana de esperanza a la posibilidad de que todos podamos ser cada día más cercanos a aquello que genere en nosotros recursos y herramientas para sentirnos equilibrados, satisfechos y autorealizados.

Como decía William Golding: “Hay que revindicar el valor de la palabra, poderosa herramienta que puede cambiar nuestro mundo”.

¿Cómo puedo beneficiarme de mi cerebro cambiante?
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