mujer espejo roto
Baja autoestima

Se ha hablado mucho a lo largo de los años sobre la autoestima y qué hacer para mejorarla. Hoy te planteamos en este post hacer un examen de autoconsciencia para averiguar hasta qué punto posees una autoestima saludable. ¿Te animas?

Cómo saber si alguien tiene una baja autoestima

Siente gran necesidad de aprobación

En primer lugar, podemos analizar si sentimos la necesidad excesiva de aprobación y/o afecto de parte de los demás. Esa ansia suele ser particularmente notoria, aunque se intente disimular de cara a los demás.

El adulto con baja autoestima que quiere recibir afecto puede mostrarse en exceso amable y afanarse por ayudar a todo el mundo, pero entre líneas se puede distinguir que actúa bajo el deseo extremo de agradar, y no por un desinteresado calor afectivo.

Muestra una alta inseguridad

Otra característica es la inseguridad que siente sobre sus propias capacidades, que lo lleva a sentirse menos o incluso a actuar de manera inadecuada. Tiene fuertes sentimientos de inferioridad, ideas de incompetencia y de fealdad que pueden no estar realmente fundadas o en lo cierto. Estas impresiones y sentimientos pueden aparecer bajo la fachada de preocupaciones y lamentaciones, o bien como compensaciones de elogios y alardes acerca de sí mismos. Estas personalidades tienen también grandes dificultades para expresar con seguridad lo que sienten o piensan, así como para expresar críticas justificadas, tomar decisiones, oponerse en forma explícita o dar instrucciones.

Tienden a encubrir todas estas necesidades con eufemismos u otros modos rebuscados. No obstante, el defecto en la autoafirmación puede darse en el sentido contrario, presentándose el individuo en forma avasalladora, intrusa y hostil. Se sienten engañados u ofendidos con facilidad, frente a lo cual responde con demandas ofensivas y presuntuosas.

Siente miedo y angustia

Con una autoestima muy baja el miedo y la angustia son piezas claves que mueven al individuo a desarrollar mecanismos defensivos contra sus temores y alternativas de solución que conllevan un enorme desgaste energético para ellos.

En un sujeto con baja autoestima el miedo que sufre puede ser tanto a ganar como a perder, pues lo que obtenga de sus intentos no va a demostrarle “cualidad real”, sino  que lo percibirá como una sustitución de lo que dicte la propia percepción negativa de sí mismo.

Presenta conductas que generan problemas de relación

Instaurada esta complejidad de pensamiento, el individuo con baja autoestima idea modalidades especiales con el fin de lograr el cariño que tanto anhela. Lo hace a través del soborno, la caridad, la invocación a la justicia o por medio de las amenazas. En cada uno de ellos va creciendo la cuota de hostilidad. El que soborna pareciera decir “te amo, por lo tanto, debes amarme y dejarlo todo por mi“; el llamado a la caridad parece expresar “tienes que amarme, porque sufro y estoy indefenso“; en la invocación de justicia el mensaje es “he hecho todo esto por ti y tú ¿qué has hecho tú por mí?“; en cambio, el que amenaza plantea directamente “si no me amas, entonces, ya verás“. Finalmente, cuando ya los recursos anteriores no dan resultado, su llamada de atención puede ser “de todos modos ya nadie me quiere, así es que mejor me quedo en este rincón, para que nadie me desprecie“.

Es desconfiado

Es muy factible que el afecto dedicado a tales personas suscite en ellas desconfianza y ansiedad. Reaccionan como si ceder a esa libre y sincera expresión de sentimientos los capturara en una telaraña de sufrimiento, pudiendo experimentar hasta pánico ante la sospecha de que alguien que les ofrece cariño sea verdaderamente sincero.

Otros indicadores de baja autoestima

En el adulto con autoestima baja, es posible reconocer algunos de los siguientes comportamientos, propuestos por García, D´Anna et al. (1999).

  • Autocrítica dura y excesiva que mantiene al individuo en un estado de hipervigilancia e insatisfacción consigo mismo.
  • Hipersensibilidad a la crítica, por la que se siente exageradamente atacada/o, herida/o. Tiende a echar la culpa de los fracasos y las frustraciones a los demás (extrapunitivo) o a la situación (impunitivo). Cultiva resentimientos tercos contra sus críticos.
  • Indecisión crónica, no por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse.
  • Deseo innecesario por complacer, por lo cual no se atreve a decir un “no rotundo”. Puede más el miedo a desagradar y a perder la buena opinión del peticionario.
  • Perfeccionismo, como autoexigencia esclavizadora de hacer “perfectamente” todo lo que intenta. Esto le conduce a un desmoronamiento interior cuando las cosas no salen con la perfección exigida.
  • Culpabilidad excesiva, por la que se acusa y se condena respecto de conductas que no siempre son objetivamente malas; exagera la magnitud de sus errores y faltas y/o los lamenta indefinidamente, sin llegar nunca a perdonarse por completo.
  • Hostilidad flotante, esto es, irritabilidad a flor de piel, siempre a punto de estallar aún por cosas de poca importancia. Actitud propia del hipercrítico a quién todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface.
  • Tendencia defensiva, es un negativo generalizado (todo lo ve negro: su vida, su futuro y, sobre todo, a sí mismo) y una inapetencia generalizada del gozo de vivir y de la vida misma.

Consecuencias de la baja autoestima

Aunque una baja autoestima no significa ni es sinónimo de psicopatología, puede generar ciertas condiciones como la  fobia social, que suele acompañarse de una baja estimación de sí mismo por el miedo a las críticas.

En el adulto su autoestima condiciona gravemente su nivel de satisfacción personal. Al constituirse el autoconcepto en base a percepciones y afectos relativamente permanentes acerca de uno mismo, una parte importante de la autoestima personal se desplaza sin casi alteraciones a lo largo de la vida, mientras que otro tanto sufre leves modificaciones. Las disminuciones de consideración en la autovalía están en estrecha relación con la intensidad, la duración, el significado y la amplitud del estímulo desencadenante; del mismo modo que el estrés adopta distintos índices de gravedad, dependiendo de la espectacularidad del trauma y su recurrencia.

Sea o no de manera consciente, el juzgarse y rechazarse a sí mismo provoca un tremendo dolor. Un adulto normal, en tales condiciones, se inhibe de asumir riesgos sociales, académicos o profesionales. Junto a su vida afectiva, la sexualidad sufre importantes trastornos. Como se señaló anteriormente, el adulto levanta barreras defensivas. Puede enrabiarse consigo mismo y con el mundo o sumergirse en un empeño perfeccionista. O recurre al alcohol o a las drogas.

Baja Autoestima Situacional

Se manifiesta o abarca sólo áreas concretas dentro de la vida del sujeto. Por ejemplo, una persona puede confiar en sí misma como padre, pero puede presentar serias aprehensiones o nulas expectativas de alcanzar logros dentro de su profesión.

Baja Autoestima Caracterológica

Esta disminución tuvo habitualmente su origen en experiencias tempranas de abandono, descalificación, abuso o maltrato. La sensación de “maldad”, “culpa”, “inmerecimiento” o “incompetencia” es más global, tendiendo a cubrir varios aspectos o ámbitos de la vida de la persona.

En estos casos, la persona con baja autoestima aparece inhibida en forma permanente y generalizada. Un ejemplo de esto sería un sujeto hosco, que agrede verbalmente a quienes trabajan con él, se impone una exigencia desmesurada, trata de influir en la vida pública, no se compromete en forma estable con una pareja sexual, etc.

No te olvides suscribirte a nuestro canal YouTube de Psicología y Educación

Claves para detectar la baja autoestima
1.5 (30%) 2 votos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.