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Los estudios indican que prácticamente el 90% de la población general sufrimos con frecuencia variable ideas intrusivas.

Las ideas intrusivas son pensamientos que aparecen en nuestra mente sin que lo deseemos y que además en términos de contenido no se diferencian en nada de las obsesiones patológicas ya que ambas aumentan si la persona está triste o deprimida. Las obsesiones son más intensamente vividas y se perciben como reales.

Cuando aparecen las obsesiones

Se llega a desarrollar el trastorno porque la persona interpreta este tipo de ideas en términos catastróficos dándole credibilidad al contenido, sintiéndose responsable o culpable de la obsesión. Entonces esos pensamientos provocan un fuerte malestar y la persona empezará a desarrollar estrategias de neutralización para eliminar las ideas y sentirse segura, con lo que el problema empezará a asentarse.

El primer elemento es la situación disparadora

Es decir, aquellas situaciones de la realidad que hacen que aparezca el malestar. La persona asocia esas situaciones con sus temores y de manera automática, cuando en entra en contacto con esas situaciones, en su mente aparece la obsesión.

El segundo elemento es la propia obsesión

La situación disparadora provoca la aparición de la obsesión. Este es un proceso automático e involuntario. Aunque todo resulta muy confuso normalmente el sufridor reconoce que esos pensamientos provienen de la propia mente, pero no del razonamiento voluntario, del yo real.

La mayor parte de lo obsesivos ven con claridad que sus obsesiones son irracionales y absurdas, con baja probabilidad de que se convierta en un hecho real cuando no están en pleno proceso obsesivo.

El tercer elemento es el malestar

La reacción emocional que lidera el trastorno obsesivo compulsivo es la ansiedad.

El cuarto elemento son las compulsiones o rituales

Cuando la persona está teniendo la obsesión en su mente y sufriendo ese dolor emocional, tiene que hacer algo para sentirse mejor.

Los obsesivos desarrollan estrategias para neutralizar o bloquear los malos momentos por los que atraviesa. Lo más característico del trastorno es la compulsión, conductas que se hacen en el orden preciso cuyo objetivo es ponerse a salvo del temor inducido por la obsesión.

Las compulsiones provocan una rápida y potente sensación de alivio. Cuando una persona ritualiza sus fantasmas y su dolor emocional se reduce y, en ese sentido, su sensación es que aquello funciona. A esto se le llama “trampa de la ansiedad”.

Variables de vulnerabilidad y precipitantes más destacados

Vulnerabilidad biológica

El Sistema Nervioso Autónomo da el sustrato hormonal y bioquímico, a la ansiedad. Siguiendo esta idea las personas predispuestas activarían en Sistema Nervioso Autónomo ante la más mínima situación de peligro. Sería algo así como una alarma sensible. La más leve variación ambiental haría que el organismo se preparara para la acción, la lucha o la huida. En este sentido podríamos decir que sería gente más innatamente nerviosa. Sin embargo, este factor no es suficiente por si solo para producir un trastorno de ansiedad.

Otra lectura de la vulnerabilidad biológica, es explicar el TOC en función de problemas en el metabolismo de ciertos neurotransmisores cerebrales, en particular de la serotonina.

Vulnerabilidad psicológica

Hay una serie de variables educativas que favorecen el desarrollo de un estilo personal, que a su vez favorece la aparición del trastorno obsesivo compulsivo.

Parece claro que muchas personas que padecen TOC han observado modelos en su infancia o adolescencia que ofrecían conductas, si no clínicamente obsesivo-compulsivas, que se acercaban muchísimo. Este efecto de aprendizaje se ve especialmente claro en obsesivos con rituales de lavado.

También sabemos que otra variable de vulnerabilidad es la dificultad para tomar decisiones y resolver problemas. Esta dificultad probablemente también tienen su origen muchos años atrás y los teóricos también coinciden en explicarlo como resultado de ciertas pautas de crianza. En particular, de padres sobreprotectores o padres excesivamente exigentes. Ambos estilos, aunque de forma diferente, podrían dar lugar a personas que nunca aprendieron un método eficaz para decidir, para resolver los problemas inherentes a la vida. Como resultado de esto, su grado de duda y vacilación siempre ha sido muy alto.

A lo largo de nuestra educación, aprendemos una serie de grandes ideas filosóficas que luego sirven para guiar nuestra vida. Ideas sobre nosotros mismos, los demás y el mundo. Sabemos que algunas de estas creencias podrían facilitar la aparición del TOC como por ejemplo la creencia de que las personas deberían tener un control perfecto sobre sus pensamientos; es decir que sólo tendríamos que pensar exactamente lo que deseamos pensar. O lo que los estudios de área denominan concepto fusión pensamiento-acción: una especie de idea mágica o supersticiosa en la que se sostiene que entre pensar y hacer no hay diferencias.

También un sistema moral, rígido, con una marcada línea entre lo que está bien y lo que está mal entraría en este grupo de ideas. A menudo la gente que desarrolla TOC es gente muy honrada, con un estricto sentido moral. La llamada “responsabilidad excesiva”, o facilidad para sentirse responsables de hechos en los que uno tiene poco que ver. No es raro encontrar acontecimientos a veces en la infancia y la adolescencia que hicieron que estas personas se responsabilizan prematuramente de circunstancias que por su edad no les correspondían: trabajar en un negocio familiar, cuidar de niños pequeños, o tener la obligación de sacar buenas notas porque de ello dependía conseguir una beca y la posibilidad de seguir estudiando. Los altos estándares y el perfeccionismo también son habituales.

Variables precipitantes de las obsesiones

Que una persona posea una o varias variables de vulnerabilidad no significa que necesariamente vaya a sufrir un TOC, sino que tiene más posibilidades. Para que esto ocurra es necesaria la conjunción de otras variables que se denominan precipitantes. Es decir debe suceder algo mucho más concreto y que actué como iniciador del trastorno. En ocasiones ese acontecimiento puede haber sido traumático en mayor o menor grado. Sin embargo, más habitual que un acontecimiento traumático es que un buen día, sin más, se le cuele a la persona un pensamiento intrusivo que le resulte perturbador. Si no somos vulnerables, probablemente no le daremos importancia y éste entrará y saldrá de nuestra mente. Pero si nos asustamos, nos sentimos culpables, nos lo creeremos o lo interpretamos como un anomalía personal, e intentamos eliminar el pensamiento, el efecto será el inverso al deseado y el pensamiento se hará más frecuente y más difícil de reducir hasta convertirse en una auténtica obsesión.

Características generales de las obsesiones
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