Los trastornos de alimentación son hoy en día una patología frecuente. En parte por la mayor conciencia de lo que este desorden implica, y también debido a la presión socio-cultural de los modelos de belleza, pero sobre todo al vacío que las instituciones han dejado en la sociedad.

Anorexia y bulimia: los principales trastornos alimenticios

La bulimia y la anorexia se encuentran a la orden de las noticias a causa de las jóvenes y adolescentes que son internadas en situaciones límite e incluso algunas que pierden la vida como consecuencia del deterioro orgánico.

El abordaje de estas patologías llegado este punto es urgente y requiere de un equipo de profesionales de diferentes áreas trabajando de manera integral.

Pero antes que la patología hay un ser humano, un sujeto que está impedido de desarrollar todos sus potenciales y que necesita ayuda.

Detrás del aparente desinterés por la vida, de la desvalorización del propio cuerpo, de la propia salud, del aislamiento, hay un individuo que paradójicamente lucha por lograr la estima propia y la del otro.

Es a este ser humano, a la persona que está padeciendo, a quien se le debe prestar un sostén, un andamio por donde avanzar hasta tierra más firme.

A su entorno también habrá que darle el apoyo necesario para asumirse como tal y así lograr una nueva perspectiva, desde la cual, la patología pasa a ser una circunstancia y no un modo de vínculo. La exigencia consciente o no de un entorno que no es posible de conformar y que no registra las necesidades y los sentimientos subjetivos.

El acompañamiento terapéutico cumple una función vital, tanto en la recuperación del paciente, como en la relación paciente-entorno (o familia).

Características de los desórdenes alimenticios

Se caracterizan por grandes irregularidades en la forma de comer, relacionada con la expresión de los sentimientos.

Las personas que los padecen suelen someterse a períodos prolongados de ayuno o alternar dietas rigurosas con comilonas sin control, y recurrir a purgas, vómitos y/o actividad física desmedida como mecanismo compensador. La preocupación por el cuerpo y la comida puede llegar a controlar la salud, el bienestar y la vida de las personas.

En su aparición intervienen factores de los ámbitos sociocultural, biológico, psicológico y familiar.

Síntomas diferenciales entre anorexia y bulimia

ANOREXIABULIMIA
Las anoréxicas usan frecuentemente ropas grandes para ocultar su extrema delgadez. Los síntomas son:

Depresión. Se las ve retraídas y su máxima preocupación gira en torno a la comida.

Extrema dependencia a pautas impuestas por otros.

Exceso de amor a su propio cuerpo haciéndolas olvidar el amor a la vida de relación llevándolas al aislamiento.

La autoestima pasa por la balanza.

Insomnio e hiperactividad.

Cese de la menstruación o postergación de su iniciación.

Piel seca y fría, con vello en brazos, cara y espalda.

Distorsión de la imagen corporal: se ven gordas frente al espejo y se sienten gordas.

Extremada rigidez en su rutina de ejercicios.

Estrictas reglas de alimentación como no tomar líquidos o no comer sin haber hecho ejercicios antes.

Lento desarrollo físico y social.

Los bulímicos se atracan y vomitan desde una vez por semana a cinco veces por día. Hay otros síntomas observables:

Constante preocupación por la comida.

Miedo extremo a aumentar de peso.

Distorsión de la imagen corporal; se ven gordas frente al espejo y se sienten gordas.

Piel seca y pelo quebradizo.

Glándulas inflamadas debajo de la mandíbula como consecuencia de los vómitos, que hace aparecer la cara como más gorda.

Depresión y cambios de ánimo.

Fatiga y sudoración fría debido al rápido cambio de nivel de azúcar en la sangre.

Acuden al baño enseguida después de ingerir alimentos.

Vómitos autoprovocados, uso de laxantes y diuréticos.

Rupturas vasculares en la cara o bajo los ojos, pierda de piezas dentales, irritación general del aparato digestivo

¿Cómo aparecen estas enfermedades?

Existen varios factores. El genético: familias con antecedentes de enfermedades obsesivas, de la ansiedad, depresiones y adicciones. Por otra parte, una alimentación irregular y la tendencia a hacer dietas. Bajar demasiado peso o demasiado rápido lleva al llamado “efecto rebote”, la comilona, y a su posterior compensación: ayunos, laxantes, diuréticos, actividad física exagerada.

En lo familiar: los conflictos, las separaciones, el hábito de hacer dietas sin instalar cambios efectivos, las costumbres enfermizas en el comer, las exigencias desmedidas respecto del cuerpo. En lo psicológico, se emparentan con un bajo nivel de autoestima y asertividad, y poca aceptación de sí mismas.

Las fuentes de estrés, como el maltrato pasado y presente, los cambios de la adolescencia, las pérdidas, violaciones o abusos sexuales, también se hallan íntimamente ligadas a estas enfermedades.

Sin embargo, más allá de todo lo anterior, estas enfermedades están relacionadas en forma estrecha con la cultura y sus mandatos. Se ha creado un verdadero clima confuso, de división, exigencia y, sobre todo, agotamiento respecto del ideal de belleza. Y esto se da cada vez más en mujeres más jóvenes.

Las sociedades que no tienen medios masivos de comunicación con modelos superflacos, casi no cuentan anorexia y bulimia. Todas las condiciones anteriormente enumeradas se colocan al servicio de la obsesión por la delgadez.

Adolescencia: la etapa de mayor riesgo para los trastornos alimentarios

En la actualidad, la falta de referentes y soportes del mundo adulto potencia la falta de rumbo claro y definido característico del adolescente. Quedan marginados en un espacio de exclusión, excesos y desmedidas, inmersos en un sentimiento de vacío, impotencia y sufrimiento.

Es necesario construir un borde para evitar las patologías autodestructivas. La adolescencia es un momento propicio para la fractura psíquica. Necesitan lazos confiables y al mismo tiempo se desata el conflicto con los representantes del mundo adulto.

Limitada entre los esencialmente negativos del ya no de la infancia, y del todavía no de la inserción adulta, la temporalidad adolescente – refiere Miguel Leivy – tiende a replegarse sobre la inmediatez, el presente.” (Capítulo VII- Vulnerabilidad adolescente- Territorios del AT.)

Conclusión

Al hablar de desordenes alimentarios nos referimos a patologías del orden de lo psicológico, de lo social, y de lo orgánico.

En casos muy graves lo principal es salvar la vida, donde el equipo de cardiólogos, nutricionistas, endocrinólogos, ginecólogos, etc. Intervendrán para este propósito.

Una vez fuera de riesgo inmediato es absolutamente necesario que los profesionales de las diferentes áreas, formen una red firme pero flexible que sostenga pero no “encorsete” al paciente. Delinear una estrategia que contemple la individualidad del paciente, y donde cada integrante del equipo funcione como una cuerda del entramado de esta única red sería la manera de optimizar la estrategia.

El acompañamiento terapéutico (AT), en esta patología específica cumple una función muy delicada. Es frecuente que en estos pacientes la sensación de persecución por parte de la familia, de docentes, amigos, en fin personas del entorno cercano que luego de por ejemplo una internación o algún episodio de descompensación quieran “ayudar” al paciente obligándolo a comer o controlando las ingestas. El AT puede ser vivido como un agente persecutorio, lo cual dificulta una transferencia positiva para la estrategia. La función del AT es justamente abrir el espacio de la pregunta, dar lugar a la reflexión, a la subjetividad.

Es fundamental que el AT conforme al equipo y su comunicación sea tan fluida como sea posible, y a su vez logre una comunicación con el paciente que abra paso a una transferencia terapéutica.

Dados los riesgos a las recaídas y lo peligrosas que éstas pueden ser sobre todo en el momento del traspaso de la internación a la externación, el AT es una herramienta de suma utilidad en la recuperación. Es una posibilidad de vínculo diferente donde el paciente pueda asumirse como sujeto. La exigencia ilimitada e imposible de satisfacer (estar flaco, ser aceptado, ser querido, pertenecer al estereotipo culturalmente determinado como modelo…) el tipo de vínculo primario que el paciente (madre-alimento-satisfacción) ha experimentado en las primeras etapas de vida, el vínculo con su propio cuerpo y la autoestima pusieron en riesgo su vida física, y psíquica.

 “Sobre el prójimo aprende el ser humano a discernir” (Sigmund Freud)

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Bulimia y anorexia, las enfermedades de la autoestima
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