Ser un buen líder es una de las demandas más recurrentes en la sociedad, cada vez más agitada y sacudida por problemas de toda índole. Hay muchas personas que se proponen ser líderes en distintos ámbitos y ostentar una pequeña parcela de poder.

Sin embargo, es muy importante saber diferenciar al falso líder del buen líder. Este último es una figura ejemplar, dejando que sean los hechos los que hablen por él, en lugar de adornarse con palabras ostentosas. Además, el auténtico líder es noble, ético, ecuánime, asertivo y, en cierta medida, un héroe hecho a si mismo. En definitiva, un auténtico conductor de personas.



Una cosa es cada vez más evidente para esta sociedad: las pretensiones cara al liderazgo suelen ser inversamente proporcionales a las dotes de dirección y a las virtudes que cualifican para el mando.

Es decir, cuanto menos cualificado se está para dirigir, mayor será la vehemencia con la que se trate de ejercer el liderazgo. Cuanto más indigno se es de ocupar un puesto concreto, más se empeña ese sujeto en conseguirlo o, si ya lo tiene, en aferrarse al mismo. La clase política es un claro ejemplo de ello.

A pesar de todo, las personas con un mínimo de criterio y sentido de la justicia siguen valorando al buen líder. Pero, ¿qué se necesita para ser un buen líder? ¿Estas virtudes se pueden aprender? ¿Puedo ser un líder a mi edad?

A continuación daremos una serie de claves para que cualquier persona se convierta en un auténtico líder. Sin embargo, hemos de advertirte que hay que hacer un trabajo personal previo para ejercer el mando como es debido. Por tanto, conócete a ti mismo.

Claves para ser un buen líder

Hay 6 claves fundamentales para ser un buen líder:

  • Nobleza
  • Generosidad
  • Ecuanimidad
  • Responsabilidad
  • Humildad
  • Valentía

A continuación las veremos una a una.

1. Nobleza

La nobleza del buen líder tiene su fiel reflejo en dos dimensiones del Ser:

Tanto la inteligencia como la voluntad del líder son nobles. Por lo tanto, el liderazgo se apoya en la diada sabiduría-amor, lucidez-bondad, perspicacia-simpatía, sagacidad-cordialidad.

De lo anterior se desprende que el líder es una persona inteligente y de nobles sentimientos, a la par que sagaz y de una voluntad inquebrantable. Piensa y quiere noblemente, y esto último es extremadamente importante.

Ya que, no solo es capaz de afrontar los problemas y de encontrar una solución, también tiene una buena capacidad afectiva: quiere sin límites. Quiere a los suyos, quiere su misión, ama su deber, al igual que a todo lo bueno, bello y noble. Por lo tanto, el buen líder es capaz de despertar el amor en su entorno.

Por todas estas cualidades, el buen líder ayuda a ver la vida de forma clara y con ilusión, se hace querer y los demás le siguen con gusto, cuando no con entusiasmo.

2. Generosidad

Al hablar de generosidad, no solo nos referimos al hecho de darse a los demás, sino al espíritu de servicio y sacrificio personal. El buen líder es desprendido, dispuesto a sacrificarse por los demás.

De igual modo, piensa en los demás antes que en sí mismo, siempre es accesible para su gente, se entrega por los suyos y se preocupa por ellos. Su misión, y también su felicidad, es hacer felices a las personas que le rodean.

El líder, precisamente por estar a la cabeza, debe estar al servicio de todos los que de él dependen jerárquicamente. Por tanto:

  • Su esfuerzo irá dirigido a reforzar la personalidad de aquéllos que con él trabajan. Les ayudará a desarrollar sus más altas cualidades y posibilidades
  • Fomentará el liderazgo de las demás personas. No teme a la competencia ni al progreso ajenos. Es más, lo fomentará. Atenderá a sus iniciativas, les pedirá su opinión, fomentará su autonomía y capacidad de decisión. Todos serán partes vitales del equipo

3. Ecuanimidad

En respeto a la verdad y a la realidad, el buen líder ve las cosas como son, no como le gustaría que fueran. Lo que se pretende es actuar sobre la realidad, transformarla y mejorarla.

Hay que desterrar todas aquellas posturas sentimentalistas o voluntaristas que impiden ver la realidad y, por tanto, actuar acertadamente. A la realidad no le importan los sentimientos.

Un líder bueno y noble se distingue por su honradez intelectual, por su análisis inmaculado y sereno de la realidad, por ver el fondo de las cosas. Irá con la verdad por delante, evitando el error y las medias verdades. Huirá de la demagogia.

¿Cuántas empresas no se han arruinado por no saber analizar la realidad, por dejarse llevar por el sentimentalismo o porque sus líderes han intentado imponer su visión sin ser objetivos?

4. Responsabilidad

El buen dirigente se toma en serio su trabajo, así como el trabajo de los demás. Sopesa bien sus acciones, iniciativas y proyectos. Actuará en todo momento como se debe, responsabilizándose de sus acciones y de las de sus subordinados.

No hay lugar para la frivolidad, la desidia, la trivialidad o las suposiciones: Suponer es ignorar. Por tanto, antes de suponer, el líder pregunta. Hará en todo instante lo que tiene que hacer, sin dilaciones, y de la mejor manera posible, sin obrar a la ligera.

El buen líder es cuidadoso con lo que piensa, con lo que dice y hace. En todo momento se controla a sí mismo y no se deja llevar por emociones problemáticas. Por otro lado toma en consideración el trabajo y esfuerzo de los demás. Reconoce y se enorgullece del esfuerzo y de los logros ajenos.

En palabras de Antonio Medrano:

Al buen líder no debería preocuparle tanto el éxito como el acierto. Es decir, acertar en lo que se refiere a la justicia y rectitud de su acción. Buscará siempre cumplir con deber. Antepondrá sus deberes a sus derechos, y exige sobre todo deberes, tareas a realizar con las que contribuir al bien común, dejando sus derechos en segundo plano: Ama el compromiso, cumple lo prometido y se atiene a la palabra dada.

5. Humildad

La humildad prepara para ser jefe. El buen líder es, por tanto, humilde, sencillo y modesto. Por consiguiente, no se considera un genio ni un ser excepcional. Sabe que es un ser humano como otro cualquiera.

De hecho, es consciente de sus puntos débiles, de sus defectos. También es consciente de lo mucho que debe a los demás, a los que con él trabajan, a los que le han ayudado y le siguen. Siempre lo tiene presente.

También sabe que su peor enemigo es él mismo, que el límite está en su ego. Sin embargo, es capaz de recoger el guante y enfrentar el desafío de vencerse a sí mismo, a sus impulsos y pasiones internas, a sus traumas y miedos.

De esta forma, nace un líder modesto que puede desempeñar mucho mejor su función. Además, es capaz de hacer autocrítica, reconocer sus errores y solventarlos.

6. Valentía

No nos hacemos vacuas ilusiones: liderar es combatir. Por ello, se requiere valentía, arrojo y decisión. Ejercer el mando tal y como lo hace el buen líder no es profesión para cobardes ni pusilánimes.

De hecho, en el día a día, el líder debe enfrentarse a muchas dificultades, problemas, obstáculos, plazos imposibles, incomodidades y frustraciones. Por lo tanto, se necesitan agallas para guiar y conducir a un grupo humano hasta la consecución de la meta, asumiendo la responsabilidad que ello entraña. Además, hacerlo con el coraje suficiente para implementar las virtudes que se describen en este artículo.

El liderazgo representa una inmensa empresa heroica que supone una auténtica conquista interior, una victoria sobre el ego. Tómese en consideración que es necesaria mucha valentía para ser generoso, justo, entregarse a los demás, ver la realidad tal cual es, reconocer errores y estar dispuesto a mejorar, todo, bajo una inmensa presión.

Conclusiones acerca del buen líder

Es muy importante recalcar que las virtudes del buen líder se pueden aprender. De hecho, el líder está sujeto a un proceso de formación, transformación y mejora contínua. Su labor formativa y educativa no tienen fin mientras viven.

Aquellos que deseen ser un buen líder deben interiorizar y cultivar estas virtudes todos los días, con tesón y perseverancia, hasta que las vaya integrando en su persona junto con sus otras virtudes y valores.

Recuerda, una vida dura es una buena vida. En palabras de Gómez Dávila, “la disciplina, el orden y la jerarquía son valores estéticos”. Además, la nobleza de carácter, las virtudes y los valores trascendentes, hacen a la vida más rica y digna de ser vivida.

Depende solo de ti.

Referencias

  • Gómez Dávila, N. (2001). Escolios a un texto implícito. Bogotá: Villegas Editores.
  • Medrano, A. (1996). Magia y misterio del liderazgo: el arte de vivir en un mundo en crisis. Yatay.
  • Rist, J. M. (2017). La filosofía estoica. Editorial Ariel.
Claves para ser un buen líder
4.8 (95%) 4 voto[s].





Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

2 Comentarios

  1. Excelente artículo estimado Bernardo! Estamos muy sintonizados con respecto a aquellos atributos que configuran un líder según las exigencias del entorno actual. Felicidades.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here