Bases neuroquímicas depresión

¿Qué es la depresión?

La depresión se caracteriza por un conjunto de síntomas como tristeza, falta de iniciativa, pérdida de la capacidad para disfrutar, problemas de concentración, inquietud o alteraciones del apetito, el sueño y la libido. Es el trastorno del estado de ánimo más frecuente, pero no el único. En el trastorno bipolar, por ejemplo, los individuos alternan estados de depresión con episodios maníacos (hiperactividad, euforia, irritabilidad, sentimientos de grandeza…).

Bases neuroquímicas de la depresión

Al igual que en el caso de la esquizofrenia, el estudio del mecanismo de acción de los fármacos antidepresivos permitió plantearse hipótesis sobre las bases neuroquímicas de la depresión. En general, estas han destacado una alteración en la neurotransmisión monoaminérgica (básicamente, noradrenalina, dopamina y serotonina).

Hay diferentes tipos de fármacos antidepresivos, pero todos actúan potenciando la neurotransmisión monoaminérgica.

La depresión puede conducir al suicidio. Se ha podido comprobar cómo los pacientes depresivos que han intentado suicidarse muestran niveles más bajos de 5-HIAA (ácido 5-hidroxiindolacético, un metabolito de la serotonina). Niveles más bajos de 5-HIAA indican que se ha producido y liberado menos serotonina. Estos resultados apoyan la relación entre niveles bajos de serotonina y, como mínimo, un subgrupo de pacientes depresivos.

Los fármacos antidepresivos más antiguos son los inhibidores de la monoaminoxidasa (MAO), que es la enzima que degrada las monoaminas. Posteriormente surgieron los antidepresivos tricíclicos, que inhiben la recaptación de noradrenalina y serotonina, potenciando igualmente, pues, la neurotransmisión monoaminérgica. Actualmente, el tratamiento más usado para la depresión es la administración de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y, por este motivo, la investigación sobre las bases neuroquímicas de la depresión se ha centrado en esta sustancia neurotransmisora.

Cambios en la sensibilidad de los receptores

Si bien los efectos de los fármacos antidepresivos sobre la transmisión monoaminérgica son inmediatos, los efectos clínicos, es decir, la mejora de la sintomatología depresiva, no se observan hasta después de dos y tres semanas de tratamiento continuado. Esto cuestiona la validez la hipótesis monoaminérgica de la depresión, al menos en su formulación más clásica.

Este período de dos-tres semanas parece que es lo necesario para que se produzca un tipo de respuesta fisiológica que podría ser clave para observar mejora en la clínica depresiva.

Al parecer, la causa de la depresión no estaría tanto en un déficit de neurotransmisión monoaminérgica, sino en una mala regulación de estos sistemas de neurotransmisión. El tratamiento antidepresivo, mediante la estimulación continuada de los receptores postsinápticos, regularía el funcionamiento de estos sistemas mediante la disminución en la sensibilidad de los receptores postsinápticos.

Concretamente, parece que es imprescindible la hiposensibilización del receptor de la noradrenalina, independientemente del fármaco antidepresivo administrado. Esto pone de manifiesto las importantes relaciones que existen entre los sistemas de neurotransmisión noradrenérgico y serotoninérgico en el control del estado de ánimo.

Eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y depresión

Los pacientes deprimidos suelen presentar disfunciones del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal

Eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. La liberación de CRH (hormona liberadora de la corticotropa) por parte del hipotálamo estimula la liberación de ACTH (hormona corticptropa) por la hipófisis anterior, lo que, a su vez, estimulará la liberación de cortisol por la glándula suprarrenal. Los niveles de cortisol en sangre establecen un sistema de retroalimentación negativo, de modo que cuando hay altos niveles de cortisol se inhibe la liberación de CRH y de ACTH, y viceversa. La administración de dexametasona, un corticoide sintético, engaña el hipotálamo, ya que confunde los altos niveles de dexametasona con altos niveles de cortisol, con lo cual se reducirá la liberación de esta última hormona. Un subgrupo de pacientes deprimidos, sin embargo, no muestra esta supresión, lo que demuestra que hay algún tipo de disfunción en su eje hipotálamo-hipófisis-adrenal.

Estas disfunciones se traducen en un alto nivel de cortisol en sangre, al igual que ocurre durante las situaciones de estrés. Una prueba con la que se puede observar claramente esta disfunción hormonal es el test de supresión con dexametasona. En esta prueba, se administra a los pacientes dexametasona, un corticoide sintético. Esto, en condiciones normales, hace que disminuya la liberación de cortisol, ya que la dexametasona engaña el hipotálamo y este estimula menos liberación de ACTH por parte de la hipófisis. Los pacientes deprimidos, sin embargo, no muestran esta supresión, lo que demuestra que los sistemas de regulación negativa de este eje hormonal están alterados.

Estos datos ponen de manifiesto las relaciones existentes entre la depresión y las situaciones de estrés. De hecho, uno de los modelos más usado para inducir depresión en animales es el de la indefensión aprendida. Este modelo consiste en exponer al animal a un estímulo estresante (como un choque eléctrico) de manera continuada e incontrolable. Otros modelos animales de depresión incluyen también la exposición a situaciones estresantes, como el test de natación forzada de Porsolt, donde el animal es situado en una piscina de la que no puede escapar. Estos modelos son necesarios para poder probar la efectividad de los fármacos antidepresivos antes de administrarlos a sujetos humanos.

Neuroimagen funcional y depresión

Los estudios con tomografía de emisión de positrones (TEP) muestran algunas diferencias entre sujetos deprimidos y sujetos control.

Los pacientes deprimidos muestran hiperactividad en la amígdala y en la parte medial de la corteza orbitofrontal.

Además, parece que regiones posteriores, como las cortezas temporales y parietales, se muestran hipoactivas, lo que se ha relacionado con alteraciones de las funciones atencionales y lingüísticas.

El aumento del flujo sanguíneo a la amígdala persiste tiempo después de la remisión de los síntomas. Los fármacos antidepresivos, pero, normalizan el flujo sanguíneo en esta estructura.

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