A pesar de lo expuesto en el artículo en el que se exponían las 8 diferencias entre la psicología y el derecho, la realidad es que desde el principio se han intentado hacer aproximaciones mutuas entre ambas disciplinas.

Pese a sus muchos puntos de vista divergentes, son dos disciplinas condenadas a entenderse por el bien de la ciencia y la Justicia. Prueba de esto es que cada vez es más estrecha la colaboración entre juristas y psicólogos en todo el mundo.


Aproximaciones entre la psicología y el derecho

La cuestión que nos planteamos es: ¿de verdad dos ciencias tan distintas albergan puntos de vista tan cercanos?

Divergencias entre la psicología y el derecho que, en el fondo, no lo son tanto

Carson (1988), analiza las siguientes divergencias formuladas por Aubert (1963):

Los científicos, como los psicólogos, buscan predecir la conducta futura. Sin embargo, los abogados están interesados en la conducta pasada. La objeción que se plantea es que, aunque parece una distinción clara, en algunos casos no lo es tanto.

Así, los abogados también tienen que intentar predecir la conducta judicial y la habilidad para aportar hechos, entre otras cuestiones.

Otro de los aspectos divergentes es que los científicos buscan generalizar, cubrir a tantas personas como sea posible a partir de una afirmación.

Por el contrario, los abogados se centran de forma exclusiva en sus clientes y en su individualidad más bien que en las características comunes.

De nuevo, aunque cierto en lo que se refiere a la práctica profesional de los juristas en las salas de justicia, en determinados aspectos los abogados realizan generalizaciones a partir de su práctica profesional. Por lo tanto, no están tan lejos de los psicólogos.

Divergencias en lo superficial, convergencias en lo profundo

Otra de las diferencias planteadas por Aubert (1963) es que los científicos perciben y trabajan con cuestiones de grado, tales como la probabilidad, el desorden mental, el riesgo, etc., mientras que los abogados, en cambio, dicotomizan (Sí vs. no, culpable vs. inocente, etc.).

En este sentido, Carson (1988) señala que los abogados, en los juzgados, deben intentar etiquetar a sus clientes como poseedores o no de una determinada categoría legal para obtener una conclusión particular y comparan los hechos de sus clientes con categorías y conceptos preexistentes.

No obstante, fuera de la sala de justicia, los abogados pueden reconocer la gran difusión y variedad de categorías, así como de conceptos solapados existentes. Precisamente, igual que los psicólogos.

Por otro lado, los científicos comprueban hipótesis a partir de criterios detallados y examinados para establecer una relación de causalidad entre dos fenómenos.

Sin embargo, los abogados tienen sus propias reglas de causación y no necesitan probar sus conclusiones. Los científicos intentan hacer informes descriptivos pero de nuevo, fuera de la sala de justicia, el abogado también puede estar interesado en dichos informes descriptivos de cara a evitar acontecimientos como el incumplimiento de un contrato o la valoración de riesgos.

Acercamientos evidentes entre la psicología y el derecho

Por otro lado, la psicología y el derecho comparten su compromiso con lo empírico y la cuantificación.

De hecho, la decisión sobre un caso judicial debe estar basada en pruebas y en hechos. De manera que lo observable puede llevar a esclarecer lo no observable y, a partir de ello, personas que no presenciaron los hechos realizarán inferencias y consecuentemente tomarán decisiones.

Esto mismo es que lo hace la psicología, ambas disciplinas se basan en lo empírico para construir sus hipótesis. Sin duda, este punto de convergencia es fundamental.

Por su parte, Garrido (1994) considera que no es cierto que la única relación existente entre psicología y derecho sea su objeto material común, la conducta. Su contacto es más íntimo:

  • Las dos disciplinas tienen la misma concepción de la naturaleza humana y de su comportamiento
  • Aunque cada disciplina tenga su cometido, las dos comparten una concepción unívoca de los procesos que gobiernan la conducta humana, siendo la diferencia que la ley los supone o intuye y la psicología los coloca en su punto de análisis
  • La ley positiva parte de una concepción de la naturaleza humana y de una previsión del comportamiento humano y legisla en consecuencia.
  • El verdadero fundamento de las relaciones entre la psicología y el derecho reside en que muchas de las leyes positivas tienen su razón de ser, su justificación teórica en los supuestos de cómo funciona la naturaleza humana.

Conclusiones

Análisis como los realizados anteriormente, ponen de manifiesto que las diferencias establecidas entre la psicología y la ley no son tan rotundas como pudieran ser entendidas con base en una primera lectura, siendo posible que un examen más detenido ponga en evidencia que las líneas que marcan las diferencias entre ambos campos no son tan definidas como se pudiera pensar.

Todo lo anterior, parece apuntar hacia una posible superación de las barreras que separan a ambas disciplinas, a favor de acentuar los actuales y potenciales elementos en común que existen entre psicología y derecho.

Referencias

Coleman, J.C., Butcher, J.N. y Carson, R.C. (1988). Psicología de la anormalidad y vida moderna. México: Trillas.

García, E., Lacalle, J. & Pérez-Marqués, A. (2006). La psicología jurídica-forense y los juicios orales en materia penal: perspectivas, riesgos y desafíos en el caso del México actual, planteamientos generales. Jus Semper Loquitur, 50, 23-32.

Garrido, E. (1994). Relaciones entre la psicología y la ley. En Sobral, J., Arce, R. & Prieto, A. Manual de Psicología Jurídica. México: Paidós.

Quintero, L. A. M., & López, E. G. (2010). Psicología Jurídica: quehacer y desarrollo. Diversitas: Perspectivas en psicología6(2), 237-256.

Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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