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La gente suele identificar bulimia con un el problema de darse atracones y, en consecuencia, muchas veces el foco de interés de desplaza exclusivamente a una lucha contra ellos. Sin embargo, ni los atracones son siempre síntoma de bulimia, ni el centro de atención ha de ser siempre la eliminación de los atracones. Existen otro tipo de trastornos de la alimentación y la nutrición que cursan con atracones. Y la solución no suele encontrarse en una lucha encarnizada contra los atracones. A continuación os explicamos por qué.

En primer lugar, identifiquemos lo que es un atracón

Si piensas en un atracón, probablemente imagines el acto de comer una cantidad de comida desorbitada en un espacio corto de tiempo. Sin embargo, para que podamos considerarlo un atracón propiamente dicho, esta comida ha de ser ingerida con una sensación de descontrol, de forma compulsiva y con problemas para cortar el atracón. Por lo tanto, simplemente comer de más, sin sensación de descontrol, no sería un atracón.

En segundo lugar, observar qué ocurre después del atracón

Si realmente se están produciendo atracones, para observar ante qué tipo de problema estamos, hemos de prestar atención a lo que ocurre después del atracón. Pueden darse dos situaciones: que después del atracón se lleven a cabo ciertas medidas compensatorias para atenuar el impacto del atracón sobre el peso o que no se lleven a cabo.

A qué nos referimos con medidas compensatorias

Si después del atracón, la ansiedad por engordar o los sentimientos de culpa nos hacen sentir la necesidad de vomitar parte de lo ingerido, o nos llevan a tomar laxantes, enemas o diuréticos para sentirnos algo más ligeros, o incluso nos llevan a saltarnos comidas, ayunar o realizar ejercicio de forma brusca, estamos ante una conducta compensatoria.

¿Cuándo podemos diagnosticar bulimia?

Si estamos teniendo atracones y conductas compensatorias al menos una vez a la semana durante los últimos tres meses y lo que opinamos de nosotros mismos depende mucho de nuestro peso y nuestra imagen corporal, podemos decir que tenemos bulimia. Es decir, en la bulimia han de darse tanto los atracones como las conductas compensatorias. El nivel de gravedad de la bulimia va a depender, como es lógico, de la frecuencia e intensidad tanto de los atracones como de las medidas compensatorias. Se crea un círculo vicioso del que es difícil salir sin ayuda, dado que tras el atracón entran ganas de compensar para eliminar o reducir lo comido… pero la compensación supone una agresión ante la que el cuerpo se defiende con otro atracón. Por ese motivo, los esfuerzos de una persona con bulimia muchas veces se centran únicamente en eliminar el atracón, lo que cuesta mucho si primero no hemos reducido las medidas compensatorias.

Cuando la bulimia avanza, los problemas de salud empiezan a aparecer. Son frecuentes las erosiones en el esófago y los problemas de gingivitis debidos a los vómitos, así como la distensión abdominal provocada por los atracones. Pueden producirse desequilibrios de electrolitos cuando se abusa de laxantes, enemas y diuréticos.

¿Y si tengo atracones pero no medidas compensatorias?

En ocasiones, tenemos atracones con todos sus componentes: sobreingesta con sensación de pérdida de control, dificultades para parar de comer aunque queramos pero, pese a sentirnos mal con nosotros mismos, avergonzados o culpables, no llevamos a cabo después ninguna conducta compensatoria. Al sentirnos desagradablemente hinchados o haber comido sin hambre, lo que impera después es la depresión y un gran sentimiento de malestar sin recurrir a vómitos, laxantes, etc… Es entonces cuando el diagnóstico cambia y podemos decir que tenemos un Trastorno por Atracón (o Trastorno por Atracones) y no bulimia, siempre que esta dinámica ocurra al menos una vez a la semana durante los últimos tres meses.

En este caso también existe un círculo vicioso: los atracones suelen estar precedidos por alguna emoción que nos resulta incómoda y desagradable (aburrimiento, soledad, abatimiento, desesperanza, enfado, desagrado con nosotros mismos…). No encontrando una manera de manejar estas emociones, algunas personas recurren a la comida para olvidarse de ellas durante un rato, para gratificarse. En un primerísimo momento, la estrategia funciona, pero es como un espejismo: al poco rato, o tras el atracón, los sentimientos de abatimiento, vergüenza, culpa… atacan de nuevo con fuerza y predisponen a un nuevo atracón para huir momentáneamente de ellos. En el trastorno por atracón, el trabajo con las emociones es muy importante.

Una variante especial: la sobreingesta nocturna

No ha recibido todavía la suficiente investigación un trastorno en el que, tras la cena, o de madrugada, se producen atracones que alteran gravemente tanto el ritmo de sueño/vigilia como el patrón de alimentación, generando gran interferencia en el funcionamiento vital de la persona que lo padece. En esos momentos se considera Síndrome De Ingesta Nocturna, pero todavía no está claro si es un trastorno por atracones que se produce por la noche o en las próximas revisiones de las clasificaciones internacionales se consolidará como un trastorno con entidad propia.

Aprende a distinguir la bulimia de lo que no lo es
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