Chica joven estudiando

El aprendizaje escolar y académico se ve afectado en gran medida por los niveles de ansiedad, sobre todo de ansiedad de evaluación, que se experimentan en las situaciones de enseñanza-aprendizaje.

El estrés suscitado por los exámenes es un hecho demasiado generalizado como para que pueda desatenderse. Lo mismo sucede con los «bloqueos», las «amnesias» y otros muchos obstáculos y manifestaciones que entorpecen el rendimiento académico. La ansiedad en el contexto escolar no sólo tiene consecuencias en el rendimiento académico.


Patologías extremas como la ansiedad por separación y la fobia escolar son manifestaciones ansiosas que se relacionan específicamente con el contexto educativo. Estos tipos de ansiedad extrema incluyen conductas de rechazo y de evitación de la mayoría de las actividades relacionadas con el contexto escolar.

Ansiedad de evaluación: ¿cómo afecta a nuestro desempeño académico?

La ansiedad de evaluación es aquella que se suscita ante situaciones de evaluación como los exámenes o las exposiciones orales en las que la persona está implicada en el resultado o calificación que de ella se deriva.

La ansiedad de evaluación estaría vinculada a cierto comportamiento atencional que favorecería el que la persona estuviera en estado de alerta a la espera de cualquier evaluación positiva o negativa. Estos estados de alerta supondrían por sí mismos una cierta predisposición al comportamiento desajustado y ansioso.

Si al estado de alerta producido por la sospecha de la evaluación negativa añadimos el conjunto de cogniciones representado por la constante preocupación y la anticipación de lo peor, tenemos lo siguiente:

La aparición de un peculiar estilo cognitivo que incrementaría los sentimientos de ineficacia y que podría prolongarse a través de ese peculiar estilo de atribución en un ineficaz estilo de aprendizaje

Tratamiento de la ansiedad evaluativa

Uno de los puntos esenciales en el tratamiento de la ansiedad de evaluación debe ser, precisamente, la modificación de estas cogniciones negativas. Así, se suele utilizar la reestructuración cognitiva como parte del programa de intervención, con el objetivo de modificar las atribuciones desadaptativas y los sesgos evaluativos.

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Además del control de las variables cognitivas, también debemos tener en cuenta los componentes fisiológicos asociados a la ansiedad

Otro de los componentes del programa de intervención será el entrenamiento en técnicas de relajación y/o de respiración.

Esto nos permitirá controlar, por un lado, el estado general de activación y, por otro, los momentos puntuales de ansiedad extrema (situaciones de examen, exposición de trabajos, etc.).

En los casos de exposición a la situación temida, como ante el examen o a la hora de hablar en público, el entrenamiento en respiración suele ser bastante eficaz.

La exposición a la situación temida

Ahora bien, como en cualquier otro caso de ansiedad excesiva, el componente básico del programa será la exposición a la situación temida. En la medida en la que sea posible, ésta se hará por aproximaciones sucesivas a la situación fóbica, de forma que pueda producirse habituación a los diferentes aspectos implicados (preparación previa, entrada en el aula, entrega de documentación, entrega de examen, inicio exposición, etc.).

Esta exposición graduada puede reforzarse con autoinstrucciones de afrontamiento y de control de pensamientos negativos.

Además, dependiendo de la fobia concreta de la que se trate, pueden incluirse otras técnicas que aumenten las habilidades específicas y que permitan una mejora en la eficacia percibida para afrontar la situación temida.

Por ejemplo, la instrucción en técnicas de estudio en el caso de la ansiedad ante los exámenes o en técnicas oratorias en el caso de la ansiedad a hablar en público suele mejorar la autoeficacia percibida y ayuda al control de la ansiedad.

Fases del tratamiento de la ansiedad de evaluación

La organización de las diferentes técnicas terapéuticas dependerá de la evaluación previa de las necesidades, siendo recomendable incluir:

  1. Fase de evaluación pre-tratamiento: antes de iniciar nuestro programa debemos evaluar el estado actual de la persona, los niveles generales de activación y los síntomas específicos asociados a los episodios de ansiedad.
  2. Fase educativa. En las sesiones iniciales es importante dedicar un tiempo para informar acerca de la naturaleza del problema, los procedimientos terapéuticos que se van a seguir y su fundamento teórico. Una función importante de esta fase es conseguir un nivel adecuado de motivación de la persona que va a tratarse.
  3. Fase de aplicación. Se irán desarrollando las distintas tareas: sesiones de exposición, discusión de pensamientos, entrenamiento en relajación / respiración y entrenamiento autoinstruccional. Es importante organizar y revisar las tareas para casa que deberían incluir: autorregistros de situaciones ansiógenas (especificando: situación, pensamientos, grado de activación), lecturas recomendadas, prácticas de las técnicas, etc.
  4. Fase de evaluación post-tratamiento. Una vez concluidas las sesiones de intervención, se realizará una nueva evaluación utilizando los instrumentos de medida utilizados en la fase previa, con el objetivo de constatar si se ha producido el cambio esperado y en qué síntomas.

Referencias

  • Aguayo, L. V. (1999). Evaluación de ansiedad ante exámenes: Datos de aplicación y fiabilidad de un cuestionario CAEX. Anales de Psicología/Annals of Psychology15(2), 223-231.
  • Bausela Herreras, E. (2005). Ansiedad ante los exámenes: evaluación e intervención psicopedagógica. Educere9(31), 553-557.
  • Caballo, V. E. (2010). Manual para la evaluación clínica de los trastornos psicológicos: estrategias de evaluación, problemas infantiles y trastornos de ansiedad (No. 616.89). Pirámide.
Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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