Anestesia emocional

Verificado Redactado por Xevi Molas. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 7 enero 2021.

Ricardo es un chico de 35 años cuyas amistades lo tildan de arisco y distante. Parece no sentir demasiada empatía por aquellos que lo rodean. Cuando llega a la oficina, saluda cordialmente a sus compañeros pero no se involucra demasiado en sus vidas. En su familia lo ven como alguien un tanto apático y desganado. Parece que Ricardo permanece en un estado de aletargamiento a nivel emocional. ¿Qué le ocurre a Ricardo? Es muy posible que haya desarrollado lo que se conoce como anestesia emocional.

Anestesia emocional

La anestesia emocional es un concepto que hace referencia a una especie de escudo protector que creamos para no sufrir. Cuando hablamos de anestesia emocional no nos referimos a ningún tipo de trastorno ni de patología, sino a un proceso tanto consciente como inconsciente, a través del cual nos construimos una armadura a nuestro al rededor para que nada nos afecte. ¿Quién no conoce a alguien que a primera vista parece insensible pero una vez que lo conocemos somos conscientes de su fragilidad?

¿Cómo nos anestesiamos?

Cuando nos operan, el anestesista nos inyecta poco a poco la anestesia. A nivel emocional es algo parecido, es decir, nos anestesiamos poco a poco. Aunque algunas personas pueden hacerlo de forma más brusca si viven una experiencia muy traumática. Por lo general, se trata de una acumulación de experiencias negativas más la falta de recursos emocionales para afrontarlos e integrarlos. De esta forma, gradualmente nos vamos distanciando de las situaciones emocionalmente dañinas para que no nos afecten. Sin embargo, desconocemos que esta distancia también tiene otro efecto, y es que nos pueden llevar a ser distante con respecto a aquellos que nos rodean.

Normalmente, detrás de la anestesia general se esconde el miedo a sufrir y el miedo a afrontar emociones negativas. De esta forma, se rehuye de los problemas y permanecemos indiferentes. Aún así, es posible que algo perturbe nuestra aparente tranquiliza, quizá algún tema que no hemos sabido digerir y que ha contribuido a fomentar nuestra anestesia emocional. De algún modo, el pensamiento que prevalece es que si nos mantenemos como un ser insensible, no sufriremos. Este pensamiento, que de primeras puede resultar coherente, esconde un lado oscuro grande, muy grande.

El lado oscuro de la anestesia emocional

A priori, puede parecer que a través de la anestesia emocional estamos protegidos de los contratiempos externos, pero en realidad se trata de un escudo ante una nula gestión de nuestras emociones. Así pues, a causa de ello, podemos desarrollar falta de empatía hacia los demás y hacia nosotros mismos. También podemos sufrir apatía y desgana en el día a día. Por supuesto, otra característica es el distanciamiento social y la falta de una vida plena y feliz. Una amargura interna se apodera de nosotros y no nos deja experimentar ni paz ni tranquilidad. La anestesia emocional no nos permite ser nosotros mismos ni vivir los momentos en toda su plenitud.

Pero, ¿qué ocurre si no sabemos manejar nuestras emociones? A parte de lo mencionado anteriormente, también podemos ser víctimas de la ira y de síntomas depresivos. Si las emociones se estancan, se enquistan y poco a poco nos generan malestar. Y con el tiempo, aunque no seamos conscientes de que están ahí, seguirán generando incomodidad ya que es un nudo que nunca llegamos a deshacer.

Despertar de la anestesia emocional

Despertar de la anestesia emocional no es un proceso fácil, pero sí fundamental. Para ello, es importante estar dispuesto a trabajar con uno mismo y a coger las riendas de nuestras vidas. La aceptación será un paso imprescindible. Huir de nuestros problemas y de las situaciones difíciles una y otra vez sólo conllevará conflictos internos y con los demás. Así pues, comenzar a resolver los problemas es el primer caso. ¿Qué estoy evitando? ¿Qué situación me da miedo y paso de largo? En lugar de ello, nos pararemos y la observaremos. Analizaremos la situación y veremos cómo nos afecta. ¿Por qué nos duele? ¿Por qué huimos?

Algunas personas huyen, por ejemplo, de los afrontamientos del duelo. Se niegan de tal forma a integrar y aceptar la pérdida de un ser querido que comienzan un bucle de autodestrucción. En muchos casos se recurre al alcohol. Por ello, es clave observar lo que ha ocurrido y si vemos que nos sobrepasa, lo mejor que podemos hacer es recurrir a un profesional de la psicología. Si una situación es tan negativa que nuestros recursos son insuficientes, lo mejor será recurrir a un profesional. Si, por otro lado, nos vemos capacitados, entonces nos cargaremos de fuerza y comenzamos a afrontar la situación.

Un ejemplo muy común son los conflictos familiares. En muchas familias, hermanos o padres e hijos no se hablan. A pesar de que pueda parecer que el distanciamiento favorece, ese conflicto afecta a los miembros implicados y les genera sufrimiento. En este caso, más que acudir a un profesional, lo ideal sería por comenzar levantando el teléfono y llamando al familiar. Por tanto, enfrentarse a la situación y resolver los nudos emocionales, a la larga, nos convertirá en personas más alegres y libres de nuestro propio sufrimiento.

Licenciado en Psicología por la Universidad de Granada. Psicólogo Sanitario. Máster en Inteligencias Múltiples por la Universidad de Valencia. Instructor en Meditación Budista por el Centro Internacional de Estudios Budistas.

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