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Nos levantamos tranquilamente. Nos vestimos. Desayunamos. Salimos a la calle y respiramos profundamente. ¡Qué día tan agradable!, exclamamos. Nos montamos en el coche. Encendemos la radio o ponemos música y nos dirigimos al trabajo. Un día soleado y perfecto para pasear después de trabajar. Escuchamos nuestra canción favorita. Entramos en una rotonda con el coche y otro vehículo nos pita porque cree que hemos hecho una mala maniobra. En ese momento, como nacido de la nada, un ataque de rabia nos recorre de arriba abajo y la tranquilidad se convierte en ira. ¿Por qué nos surge tanta agresividad al volante?

¿Quién no se ha sorprendido más de una vez perdiendo los papeles cuando va conduciendo? A pesar de que siempre tendemos a buscar una única razón por la que llevamos a cabo una conducta en este caso es complejo. Cuando nos volvemos agresivos al volante pueden influir multitud de variables que se irán abordando a lo largo del artículo. Es decir, no existe una única razón, pero sí ciertos factores generales que pueden influir de forma individual.



Agresividad al volante: factores estimulantes

Cuando conducimos nos exponemos a una serie de situaciones que podrían ser catalogadas como estresantes por algunos conductores. Por ejemplo:

  • Ambientes ruidosos.
  • Prisas.
  • Estrés.
  • Atascos.
  • Gran cantidad de coches en espacios reducidos.

Cada característica puede darse en conjunto o por separado. Por ejemplo, habrá conductores a los que los atascos no les cause estrés, pero a otros sí. Sin embargo, si aquellos conductores a los que les son indiferentes los atascos, tienen un mal día, o tienen prisa, es posible que el atasco también se convierta en un factor estresante. De esta forma, podría despertar la agresividad al volante de la persona más paciente.

“Nosotros también formamos parte del atasco”.

-Thich Nhat Hanh-

Cuando nos ponemos detrás del volante hemos de tener en cuenta una multitud de factores. El proceso de conducir se automatiza, cambio de marchas, intermitentes, etc. Sin embargo, se trata, en realidad, de una tarea múltiple. Aunque tengamos ciertos factores automatizados, también hemos de controlar los retrovisores, la velocidad, la distancia con otros coches, intentar prevenir movimientos ajenos para que no nos sorprendan… Es decir, conducir requiere un proceso atencional intenso que exige nuestra atención al 100% y en ocasiones al 200%.

Cualquier tarea que requiera de nuestra atención supone un desgaste, por lo que una multi-tarea exige un esfuerzo extra. Así pues, a ello hemos de añadirle cualquiera de los factores estimulantes que se han mencionado antes. De esta forma, es fácil que si estamos concentrados en que todo salga bien girando en una glorieta y alguien hace un movimiento extraño sintamos cierta ira. “Lo teníamos todo controlado y alguien nos ha puesto en peligro”, podemos pensar

Otras razones de la agresividad al volante

También existen factores que están relacionados con nuestros prejuicios. Aunque a algunos nos pueda parecer extraño, este tipo de prejuicios pueden influir, en ocasiones, en despertar nuestra rabia al volante. Comentarios como “mujer tenía que ser” o “los mayores ya no tendrían que conducir”, también suelen ser bastante escuchados.

  • Agresividad contra las mujeres que conducen.
  • Conductores noveles.
  • Conductores mayores.
  • Agresividad contra aquellos que son de otra raza.

El coche es mi coraza

Existe otro factor fundamental para desatar toda nuestra ira en el coche: nos sentimos protegidos. El presidente de la Asociación Española de Psicología del Tráfico y la Seguridad Vial, Iván Prieto, asegura que “esto ocurre porque el coche es uno de los lugares donde te encuentras más seguro. Al sentirte protegido, te ves invulnerable, y cuando alguien altera lo que consideras tu espacio vital, salta la chispa.

Prieto afirma que en el día a día la coraza somos nosotros y si tenemos algún problema, debemos enfrentarlo directamente cara a cara. Sin embargo, en el coche gozamos de cierta inmunidad ya que nadie sabe quienes somos. El anonimato, de esta forma, nos da sensación de seguridad y desde ahí nos vemos más capacitados para proferir algún insulto. Además, ¿qué probabilidad hay de que alguien escuche nuestro insulto? Por otro lado, si alguien por la calle se choca con nosotros o se cuela en el supermercado, ¿le insultaríamos? Con total seguridad, no.

Conductas grupales

La portavoz de Seguridad Vial del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, Pilar Bravo, segura que “cuando estamos en grupo las conductas son más arriesgadas, porque el grupo nos confiere cierto camuflaje y nuestra personalidad se diluye en él. Aquí pasa lo mismo. El vehículo nos da cierta cobertura. Bravo añade que esto lo vemos todos los días cuando dos coches que se están picando pero ninguno de sus conductores se baja porque perderían esa cobertura. El coche es fuerte, nos protege”.

“La cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aún lo que decimos”.

-Arthur Schopenhauer-

Pilar Bravo también apunta un dato muy importante: el coche es nuestro lugar para expulsar todo el estrés, la ansiedad, la ira y la rabia que tenemos acumulada. Como afirma Bravo,“es una especie decatarsis colectiva: no soy capaz de chillar en mi casa o en el trabajo y en mi vehículo me desfogo. En ese contexto – del tráfico- soy una masa, no soy individuo, y voy a desfogarme”. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿es el mejor lugar para sacar fuera toda nuestra basura emocional? La respuesta es no. La agresividad al volante, sin duda, puede producir y produce un gran número de accidentes.

¿Qué dicen los estudios sobre la agresividad al volante?

En 2011, la “Fox School of Busines” de la Universidad de Temple, llevó a cabo una investigación sobre la agresividad al volante. La investigación se llamó “Conducción agresiva, una experiencia de consumo”. ¿Qué conclusiones obtuvieron?

  • Las personas que perciben su coche como un reflejo de su propia identidad, tienen posibilidades de comportarse de forma agresiva en la carretera y violar la ley.
  • Los individuos con tendencias compulsivas, tienen más probabilidad de conducir agresivamente sin tener en cuenta las posibles consecuencias.
  • El aumento del materialismo, esto es, la importancia de las posesiones propias, está vinculado al aumento de las tendencias de conducción agresiva.
  • La población joven que se encuentran en las etapas iniciales de formación de su propia identidad pueden sentir la necesidad de mostrar su vehículo y sus habilidades de conducción más que los demás. También pueden ser demasiado confiados y subestimar los riesgos involucrados en la conducción imprudente.
  • Aquellos que admiten que conducen de forma más agresiva también aseguran haber violado más veces la ley.
  • La sensación de prisa y presión lleva a una conducción más agresiva.

El paradigma de transferencia de excitación

En en la década de los ochenta, el psicólogo Dolf Zillmann propuso el paradigma de transferencia de excitación. Este paradigma también explicaría parte de nuestra agresividad al volante. Cuando sentimos una emoción nos activamos fisiológicamente, lo que se conoce como arousalSegún Zillmann, esta activación fisiológica no termina de forma radical cuando cesa la situación estresante, sino que tarda en desaparecer. El autor afirma que se produce por los lentos procesos hormonales que sustentan esta activación.

En otras palabras, aunque haya pasado la situación que nos ha desencadenado la ira, el enfado no se nos pasa al momento, sino que sigue durante un rato. Dicho esto, el paradigma de excitación consiste en que si experimentamos ira en dos situaciones muy próximas entre sí – situación A y B – el nivel de excitación en B será más elevado que si previamente no estuviéramos activados.

¿Cómo explicaría esta teoría la agresividad al volante? Imaginemos que hemos discutido con el jefe en el trabajo y estamos furiosos. Cogemos el coche y vamos al supermercado a comprar y hay cola. Pagamos, nos dirigimos a casa y hay atasco. Llegamos a casa y no encontramos aparcamiento. Mientras damos vueltas un coche nos pita porque vamos muy despacio. ¿Qué puede ocurrir? Que reaccionemos de forma desproporcionada. ¿Por qué? Porque la excitación se ha ido transfiriendo y sumando de una situación a otra.

¿Qué ha ocurrido? Se ha sumado la discusión, la espera, el atasco, no encontrar aparcamiento y el pitido. Si todo lo anterior no hubiera tenido lugar – o lo hubiéramos sabido gestionar – quizá el pitido no hubiera despertado rabia en nosotros.

Estrategias para una conducción tranquila

Si reconocemos que en ocasiones – o con demasiada frecuencia – perdemos los papeles al volante, podemos poner en práctica ciertos consejos. Quizá su efecto no sea inmediato ni garantice que en algún momento no sintamos algo de rabia, pero si hacemos de la constancia nuestra amiga, veremos resultados.

  • Practicar paciencia. Muchas situaciones de nuestro día a día puede servirnos para practicar paciencia. Por ejemplo, en la cola del supermercado. En lugar de ponernos nerviosos, aprovechamos y respiramos profundamente. Comprendemos que hay más gente como nosotros que quiere comprar. Llevar a cabo prácticas como mindfulness también nos brindará una excelente oportunidad para aprender a no dejarnos dominar por la ira de forma automática.
  • Sal de casa un poco antes. Si eres de los que se desesperan con los atascos, sal un poco antes de casa y, de esta forma, podrás evitarlos.
  • Música y/o radio. En este punto puede existir cierto debate. Si te relaja escuchar música o poner la radio, adelante. Pero si eres de los que se pone la música a tope y se cree el dueño de la carretera, quizá sea mejor empezar a conducir con más calma. Por otro lado, en ocasiones, escuchar debates políticos en la radio también puede llegar a ofuscarnos cuando escuchamos algunos argumentos con los que no estamos de acuerdo. En ese caso, mejor cambiar de emisora, poner música o quitar el volumen directamente.

Bibliografía

  • Acosta, A. (2007) Psicología de la Emoción. Universidad de Granada: Ed. Sider.
  • Ruvio, H. (2011). Aggressive driving: a consumption experience. Psychology and Marketing, 28 (11), 1089-1114.




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