hombre bajo la lluvia paraguas
Psicoinmunología

El sistema inmunitario tiene como función la protección del cuerpo hacia las infecciones causadas por patógenos y, al mismo tiempo, debe mantener la tolerancia hacia los componentes del propio organismo. Por este motivo, este sistema ha desarrollado todo un conjunto de respuestas muy variadas apropiadas para combatir los diferentes agentes agresores sin dañar las propias células.

Fisiología del sistema inmunitario

Con el fin de defender el cuerpo de las infecciones, primero se debe reconocer el patógeno y poder establecer la respuesta más adecuada para destruirlo. El sistema inmunitario dispone de dos tipos de mecanismos de defensa:

  • Inmunidad innata, mecanismo basado en una respuesta inespecífica a la lesión del tejido por parte de un organismo invasor, por la que se incrementa la circulación sanguínea, se produce una respuesta inflamatoria y se intenta destruir el patógeno.
  • Inmunidad adaptativa, donde se producen dos tipos de reacciones específicas: una generada por células y la otra dirigida químicamente.

El sistema inmunitario tiene dos mecanismos de reacción ante la agresión: una respuesta rápida e inespecífica y una respuesta más tardía, pero con un alto grado de especificidad.

Psicoinmunología

La psicoinmunología es la disciplina que estudia las interacciones entre el sistema nervioso, el sistema inmunitario y el sistema endocrino, analizando como los factores psicológicos pueden influir sobre el estado general de salud de una persona.

Ante todo el cúmulo de datos que estaban surgiendo sobre la relación entre el sistema neuroendocrino y el sistema inmunitario, decidí poner un cartel sobre la puerta del laboratorio que decía: Laboratorio de Psicoinmunología.” GF Solomon (1963)

Esta disciplina se gestó gracias a tres factores desencadenantes:

  1. Riley y colaboradores demostraron que el estrés psicológico en animales aumentaba la morbilidad y mortalidad producidas debido a tumores inducidos experimentalmente.
  2. Diferentes estudios demostraron que el estrés y la ansiedad eran capaces de disminuir la respuesta del sistema inmunitario y de aumentar la probabilidad de sufrir enfermedades infecciosas.
  3. En los años ochenta, Robert Ader y Nicholas Cohen demostraron que la inmunodepresión puede convertirse en una respuesta condicionada.

Ader (1981) estaba investigando la aversión al sabor, aplicando una droga que producía dolor de estómago a ratas que ingerían agua con sacarina. Las ratas generaron aversión al sabor del agua edulcorada. Ader extinguió este acondicionamiento exponiendo las ratas al agua con sacarina sin la droga, durante varios ensayos. Aproximadamente un mes después, algunos animales murieron, dado que la droga, además de producir dolor de estómago, generaba inmunosupresión. Por lo tanto, Ader consiguió de condicionar la respuesta inmunitaria, ya que la presencia sola de agua edulcorada era capaz de suprimir la respuesta inmune.

El tejido inmunitario es sensible a muchas hormonas que son secretadas por la hipófisis bajo control neural. Probablemente, uno de los ejemplos más claros de la influencia del sistema nervioso sobre el sistema inmunitario sea el paradigma de inmunosupresión condicionada.

En 1982, Ader y Cohen estudiaron una especie de ratones que desarrollaban enfermedades espontáneas por hiperactividad inmune. Estos investigadores demostraron que mediante técnicas de condicionamiento clásico podían sustituir una droga inmunosupresora (para controlar este exceso de actividad inmunitaria) por un estímulo condicionado y modificar, de este modo, el sistema inmunitario de los animales.

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Inhibición del sistema inmunitario ante el estrés

Se ha podido comprobar que el estrés altera la formación de nuevos linfocitos, y también su secreción al torrente sanguíneo. Diversos estudios han puesto también de manifiesto que la respuesta de estrés disminuye la creación de anticuerpos como respuesta a un agente infeccioso. Asimismo, la comunicación entre los linfocitos mediante la liberación de mensajeros resto muy mermada ante estímulos estresantes.

Por lo visto, la respuesta de estrés aumenta el nivel de secreción de glucocorticoides, hormonas que deprimen la actividad del sistema inmunitario.

Los glucocorticoides provocan una reducción de la glándula del timo, detienen la formación de nuevos linfocitos T e inhiben la secreción de interleucinas y interferones. Asimismo, reducen la sensibilidad de los linfocitos a la alarma de infección. Estas hormonas tienen la capacidad de introducirse en los linfocitos para que secreten una proteína que rompa el ADN de estos mismos.

A pesar de que muchos aspectos de la inmunosupresión ante la respuesta de estrés se pueden explicar por la acción de los glucocorticoides, no todos los efectos dependen de estas hormonas.

Control neural del efecto del estrés sobre el sistema inmune

Las neuronas del núcleo central de la amígdala proyectan hacia las neuronas que secretan CRF del núcleo paraventricular del hipotálamo; por este motivo, es lógico pensar que la respuesta emocional negativa esté muy relacionada con la respuesta de estrés y la inmunosupresión.

Varios estudios hipotetizan que la inmunosupresión que no se debe a la secreción de glucocorticoides podría estar bajo control neural directo, ya que tanto la glándula del timo como la médula ósea y el nódulos linfáticos reciben inputs neurales.

El sistema inmune es sensible a muchas sustancias secretadas por el sistema nervioso.

Shavit y colaboradores observaron que una descarga eléctrica intermitente que fuera inevitable producía una reducción de la sensibilidad al dolor y una supresión de la producción de células NK (natural killers) del sistema inmunitario a los animales experimentales, mediante la liberación de opiáceos endógenos.

El sistema nervioso puede regular directamente el efecto del estrés sobre el sistema inmunitario.

Estrés y patología del sistema inmunitario

Varios trabajos han demostrado que una amplia variedad de estímulos estresantes pueden aumentar la susceptibilidad a padecer ciertos procesos patológicos, como las enfermedades infecciosas y / o autoinmunes.

Feigenbaum, Masi y Kaplan en 1979 observaron, por ejemplo, que las enfermedades autoinmunológicas empeoran cuando el sujeto se encuentra sometido a estrés.

Se ha podido comprobar que el estrés afecta el curso de algunos tipos de cáncer:

El estrés puede inducir a que los tumores tengan un crecimiento más rápido.

El sistema inmunitario dispone de un tipo de células (las células agresoras naturales o NK) que evitan que los tumores se extingan, pero el estrés impide que estas células circulen por la sangre.

Los procesos tumorales requieren mucha energía para su desarrollo. La respuesta de estrés facilita la disponibilidad de glucosa en sangre, con lo cual influye en el ritmo de crecimiento de un posible tumor.

Referencias

Trujillo, H. M., Oviedo-joekes, E. & Vargas, C. (2001). Avances en psiconeuroinmunología. Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud/International Journal of Clinical and Health Psychology, 1, 413-474

Cómo afecta el estrés a nuestro sistema inmunitario: la psicoinmunología
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