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Signos de adicción al móvil

Agresividad, mal humor, aislamiento, abandono de los estudios y del entorno social. Estos son algunos de los síntomas que han detectado ya expertos en este tipo de afecciones en algunos usuarios de telefonía móvil. Son los adictos al móvil, una dependencia que incluso lleva a algunos de los pacientes a robar para poderse costear las llamadas.

La adicción  al móvil puede desarrollarse en muy pocos meses dado que el placer es inmediato y los cambios bioquímicos en el cerebro son base de los psicológicos.

Los jóvenes los más propensos

A diferencia de otras adicciones, como el alcoholismo o la ludopatía, la edad de inicio es muy baja, desde los doce años, debido entre otras causas al fácil acceso que los menores tienen a este sistema de comunicación y también al no existir efecto rechazo, sino todo lo contrario, por parte de la sociedad a su uso.

“En este caso no se trata de una sustancia sino que el vínculo es conductual”. Es una conducta irreprimible, incontrolable y exagerada que desplaza a otras actividades y en la adicción al móvil subyace lo que en cualquier otra dependencia de este tipo: Un carácter inmaduro, inseguridad en uno mismo, inestabilidad y dificultades de comunicación. El objeto, el celular en este caso, es un sustituto de las parcelas de la personalidad que están en déficit. Recurren al hurto, a la mentira porque la adicción anula las facultades de gobierno de la persona. “El principio del placer gana al de la realidad”, destaca.

Sin grandes diferencias entre los dos sexos, son más habituales en familias desestructuradas lo que lleva a una privación de afecto, también está ligada al fracaso escolar o amoroso. En definitiva, subyacen sentimientos negativos hacia uno mismo, frustración, desagrado sobre la propia forma de ser; lo que lleva al adicto a tener dificultades para relacionarse y se oculta en el móvil, el ‘chatear’ proporciona anonimato, suple inhibiciones.

Así, explica Bombín, desconectan progresivamente del mundo real. “El adicto a la comunicación llega a la incomunicación”, perfila este experto quien destaca que, desde un punto de vista clínico, esta situación crea un carácter especial aderezado de ansiedad por llamar o recibir mensajes. La dependencia del móvil “es brutal” y carecer de cobertura o sufrir un apagón, crea un auténtico caos entre los adictos.

Como no saben vivir sin el móvil, compran varios, tienen los últimos modelos y novedades y contratos con las tres compañías. Comienza el absentismo escolar, el aislamiento de los amigos, la falta de rendimiento en el trabajo y el robo para costearlo.

El Psiquiatra insiste que en nada ayudan las campañas que realizan las operadoras móviles. “Es terrible porque no se concibe una vida sin móvil”, explica, sin dejar de reconocer las enormes ventajas que aporta a la sociedad y a los individuos, “es muy útil”.

¿Es usted adicto?

En el caso de los teléfonos móviles no hay una prueba bien definida para comprobar si es o no adicto, como la hay para Internet, el juego o las drogas. Pero, con la ayuda de Luis Bononato, de Proyecto Hombre, y un poco de sentido común, aquí tiene una serie de pistas.

1. La factura es el primer aviso. Por muy saneada que esté la economía familiar, los 600 euros de Iván son a todas luces excesivos. Aunque la cifra dependerá de cada familia y del uso que haga del teléfono, superar el gasto mensual de 30 euros es preocupante.

2. Si el teléfono es un medio para comunicarse con sus amigos, ¿para qué lo sigue usando cuando los tiene al lado? Cada vez es más frecuente ver a un grupo de chavales cada uno con el móvil en la mano y sin hablar entre sí.

3. Otro síntoma es que nunca se separan del teléfono. Lo llevan al baño, durante la comida, ante el televisor, en las reuniones familiares…

4. ¿Habla por los codos cuando se trata de una conversación telefónica y, sin embargo, se vuelve parco en palabras cara a cara?

5. Se pasa de una sensación de malestar a otra de bienestar en función de tener o no tener el teléfono móvil cerca. En muchos casos, se ponen nerviosos si no aparece. Nerviosismo que cesa al encontrar el terminal.

6. Modificación de hábitos del sueño. ¿Sorprende a su hijo llamando a altas horas de la madrugada desde la cama? ¿Percibe que duermen poco y mal?

7. Otro efecto del abuso del móvil es su estado de lejanía, la disminución de la cantidad y calidad de la comunicación con hermanos y padres. Aunque este fenómeno es típico de la adolescencia y es difícil de medir.

8. No hay un número de horas a partir del cual se puede afirmar que se está ante un uso patológico del teléfono, pero los expertos dan una pista. ¿Qué cosas esta dejando de hacer por estar llamando? Ver la televisión, jugar, estudiar o el abandono de otras obligaciones. Es conveniente comparar con lo que hacen los chicos de su edad.

9. Hay que contrastar lo que se observa en casa con el colegio. Ver si allí hace lo mismo, si se le sorprende a menudo enviando SMS durante clase o si lo primero que hace, al salir al recreo, es encender el aparato.

10. Si se identifica con estas actitudes o las observa en sus familiares, pida cita para poder hacer evaluación temprana.

Las otras ciberadicciones

El teléfono móvil no es la única tecnología de la que se puede abusar hasta convertirse en un problema. Internet y sus contenidos, así como los videojuegos, también tienen sus riesgos.

“Internet per se no es adictivo, aunque sí lo pueden ser algunos de sus contenidos”, dice Lourdes Ventura, psiquiatra y una de las impulsoras del proyecto Adictos a Internet. También quiere aclarar que, como en el caso de las drogas, “el problema está dentro de la persona, no fuera”.

Al hacer un perfil del adicto a Internet, diferencia entre jóvenes y adultos. En los primeros, entre los 14 y los 25 años, la adicción se puede considerar como leve. “Aunque es donde hay que incidir más”, advierte. Y hay que hacerlo para no llegar a los usos patológicos que ha visto en los adultos.

En cuanto a los videojuegos, no hay estudios concluyentes que afirmen su peligrosidad. Pero se recuerda que “mientras Internet y el móvil no están diseñados para reforzar conductas compulsivas, los videojuegos sí”. Por eso, se recomienda a los adultos supervisar los juegos de los jóvenes, en especial los más problemáticos.

Jose Jimenez Morales

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